Michel Houellebecq y la faz oscura de la liberación sexual

Michel Houellebecq y la faz oscura de la liberación sexual

Michel Houellebecq es probablemente, hoy en día, el escritor francés más influyente de su país – si se toma el término escritor con el sentido estrecho de “escritor de literatura”. Sus criticas formuladas contra del islam lo pusieron más de una vez en medio de polémicas sangrantes, el ultimo episodio ocurriendo tras la publicación de su libro Sumisión (2015), que describe una Francia futura llevando un partido islamista moderado al poder.

Sin embargo, la cuestión religiosa no tiene el papel central en su obra, que se puede definir como una tentativa de trascribir la situación generada por la liberalización general (económica, social, sexual, etc.) que conocieron las sociedades occidentales en la segunda mitad del siglo XX. Desde un punto de vista influenciado por el positivismo y luego que se quiere descriptivo y para nada moralizador, Houellebecq nos recuerda que en la vida real, no hay ni blanco, ni negro, ya que reinan los grises.

En efecto, la idea central de su obra se encuentra ya presente de su primera novela, Ampliación del campo de batalla (1994). Este libro relata la historia de dos informáticos: uno de los dos siendo muy feo y conociendo grandes dificultades en las relaciones personales, sigue virgen a los cuarenta años. Describiendo sus desventuras, Houellebecq hace un paralelo entre los muy estudiados efectos económicos del liberalismo y sus efectos sexuales, menos indagados:

Es lo que se llama la “ley del mercado”. En un sistema económico donde el despido está prohibido, cada uno logra más o menos a encontrar su lugar. En un sistema sexual donde el adulterio está prohibido, cada uno logra más o menos a encontrar compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan fortunas considerables; otros se estancan en el desempleo y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tendrán una vida sexual variada y excitante; otros quedarán reducidos a la masturbación y a la soledad.

La liberalización no trae la competencia sólo en lo económico: “el liberalismo sexual, es la ampliación del campo de batalla, su ampliación en todas las edades de la vida y en todas las clases de la sociedad.”

El escritor francés Michel Houellebecq (La Reunión, 1958), eje de una destacada exposición en París. ENNIO LEANZA.EFE

En los “antiguos tiempos”, el personaje feo y/o asocial hubiera encontrado, de todos modos, una “compañera de cama” – y viceversa. Esta violencia que trae la liberalización sexual es una idea que vuelve en la obra de Houellebecq, sin que esta liberalización sea descripta como esencialmente mala. Los personajes de Houellebecq no se niegan a explorar las posibilidades abiertas por la “revolución sexual”: los tríos así como el sexo swinger son frecuentes – y hasta redundantes, como el Plataforma (2001), libro sobre el turismo sexual. Pero también lo padecen, por los menos los que no son físicamente bien dotados.

Houellebecq nos hace ver la cara menos simpática de la revolución sexual: la crueldad con la cual el menos atractivo queda tratado por la liberalización del deseo – que hace acordar al trato recibido por el “no competitivo” en el ambiente laboral liberal. Así, Bruno, un de los dos personajes de Las particulas elementales (2001), conoce gracias a Christiane las orgías de los bares swingers, y disfruta la experiencia; pero le parecía también que la mayoría de las mujeres encontradas en estos boliches sentían una ligera decepción cuando sacaba su sexo. Nunca hubo ningún comentario, la cortesía de cada uno era ejemplar, la atmósfera amistosa y educada; pero había miradas reveladoras, y poco a poco se daba cuanta que tampoco en el plano sexual estaba a la altura.

Houellebecq nos muestra entonces un aspecto no sólo desagradable sino también incomodo de la libertad sexual, ya que nos sugiere que ésta no puede ir sin un cierto grado de violencia en contra de los “no deseables”, a quienes se les puede negar el acceso a la vida sexual, o “simplemente” hacerles sentir el peso de las desigualdades físicas -dada le creciente estandarización del deseo-, así como las necesidades físicas del acto sexual, pueden difícilmente ser negadas.

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Revista OZ

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