Árbol de Diana- Alejandra Pizarnik

Árbol de Diana- Alejandra Pizarnik

Te invitamos a leer ¨Árbol de Diana¨, poemario de Alejandra Pizarnik, publicado en el año 1962.

 

1

He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la
luz
y he cantado la tristeza de lo que
nace.

2
Éstas son las versiones que nos
propone:
un agujero, una pares que
tiembla…

3
sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el
desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

4
AHORA BIEN:
Quién dejará de hundir su mano
en busca del
tributo para la pequeña olvidada.
El frío pagará.
Pagará el viento. La lluvia
pagará. Pagará el
trueno.
a Aurora y Julio Cortázar

5
por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la
boca de un mudo

6
ella desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber
nombrar
lo que no existe

7
Salta con la camisa en llamas
de estrella en estrella,
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento.

8
Memoria iluminada, galería
donde
vaga la sombra de lo que espero.
No es
verdad que vendrá. No es verdad
que
no vendrá.

9
Estos huesos brillando en la
noche,
estas palabras como piedras
preciosas
en la garganta viva de un pájaro
petrificado,
este verde muy amado,
este lila caliente,
este corazón misterioso.

10
un viento débil
lleno de rostros doblados
que recorto en formas de objetos
que amar

11
ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada.

12
no más las dulces metamorfosis
de una niña de seda
sonámbula ahora en la cornisa
de niebla
su despertar de mano respirando
de flor que se abre al viento

13
explicar con palabras de este
mundo
que partió de mí un barco
llevándome

14
el poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.

15
Extraño desacostumbrarme
de la hora en que nací.
Extraño no ejercer más
oficio de recién llegada.

16
has construido tu casa
has emplumado tus pájaros
has golpeado el viento
con tus propios huesos
has terminado sola
lo que nadie comenzó

17
Días en que una palabra lejana
se apodera de mí.
Voy por esos días sonámbula y
transparente. La
hermosa autómata se canta, se
encanta, se cuenta
casos y cosas: nido de hilos
rígidos donde me danzo
y me lloro en mis numerosos
funerales. (Ella es su
espejo incendiado, su espera en
hogueras frías, su
elemento místico, su fornicación
de nombres creciendo
solos en la noche pálida.)

18
como un poema enterado
del silencio de las cosas
hablas para no verme

19
cuando vea los ojos
que tengo en los míos tatuados

20
dice que no sabe del miedo de la
muerte del amor
dice que tiene miedo de la
muerte del amor
dice que el amor es muerte es
miedo
dice que la muerte es miedo es
amor
dice que no sabe
a Laure Bataillon

21
he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y allá

22
en la noche
un espejo para la pequeña
muerta
un espejo de cenizas

23
una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una
rosa
hasta pulverizarse los ojos

24
(un dibujo de Wols)
estos hilos aprisionan a las
sombras
y las obligan a rendir cuentas del
silencio
estos hilos unen la mirada al
sollozo

25
(exposición Goya)
un agujero en la noche
súbitamente invadido por un
ángel

26
(un dibujo de Klee)
cuando el palacio de la noche
encienda su hermosura
pulsaremos los espejos
hasta que nuestros rostros
canten como ídolos

27
un golpe del alba en las flores
me abandona ebria de nada y de
luz lila
ebria de inmovilidad y de certeza

28
te alejas de los nombres
que hilan el silencio de las cosas

29
Aquí vivimos con una mano en la
garganta.
Que nada es posible ya lo sabían
los que inventaban
lluvias y tejían palabras
en el tormento
de la ausencia. Por eso en
sus plegarias
había un sonido de manos
enamoradas de la
niebla
a André Pierre de Mandiargues

30
en el invierno fabuloso
la endecha de las alas en la lluvia
en la memoria del agua dedos de
niebla

31
Es un cerrar los ojos y jurar no
abrirlos. En
tanto afuera se alimenten de
relojes y de flores
nacidas de la astucia. Pero con
los ojos
cerrados y un sufrimiento en
verdad demasiado
grande pulsamos los
espejos hasta que
las palabras olvidadas suenen
mágicamente.

32
Zona de plagas donde dormida
come lentamente
su corazón de medianoche

33
alguna vez
alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
me iré como quien se va
a Ester Singer

34
la pequeña viajera
moría explicando su muerte
sabios animales nostálgicos
visitaban su cuerpo caliente

35
Vida, mi vida, déjate caer, déjate
doler, mi
vida, déjate enlazar de fuego, de
silencio ingenuo,
de piedras verdes en la
casa de la
noche, déjate caer y doler, mi
vida.

36
en la jaula del tiempo
la dormida mira sus ojos solos
el viento le trae
la tenue respuesta de las hojas

37
más allá de cualquier zona
prohibida
hay un espejo para nuestra triste
transparencia

38
Este canto arrepentido, vigía
detrás de mis poemas:
este canto me desmiente, me
amordaza.

Prólogo de Octavio Paz:

Prólogo de Octavio Paz. Abril de 1962 Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik. (Quim): cristalización vebal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas. El producto no contiene una sola partícula de mentira. (Bot.): el árbol de Diana es transparente y no da sombra. Tiene luz propia, centelleante y breve. Nace en las tierras resecas de América. La hostilidad del clima, la inclemencia de los discursos y la gritería, la opacidad general de las especies pensantes, sus vecinas, por un fenómeno de compensación bien conocido, estimulan las propiedades luminosas de esta planta. No tiene raíces; el tallo es un cono de luz ligeramente obsesiva; las hojas son pequeñas, cubiertas por cuatro o cinco líneas de escritura fosforescente, pecíolo elegante y agresivo, márgenes dentadas; las flores son diáfanas, separadas las femeninas de las masculinas, las primeras axilares, casi sonámbulas y solitarias, las segundas en espigas, espoletas y, más raras veces, púas. (Mit y Etnogr.): los antiguos crían que el arco de la diosa era una rama desgajada del árbol de Diana. La cicatriz del tronco era considerada como sexo (femenino) del cosmos. Quizá se trata de una higuera mítica (la savia de las ramas tiernas es lechosa, lunar). El mito alude posiblemente a un sacrificio por desmembración: un adolescente (¿hombre o mujer?) era descuartizado cada luna nueva, para estimular la reproducción de las imágenes en la boca de la profetisa (arquetipo de la unión de los mundos inferiores y superiores). El árbol de Diana es uno de los atributos masculinos de la deidad femenina. Algunos ven en esto una confirmación suplementaria del origen hermafrodita de la materia gris y, acaso, de todas las materias; otros deducen que es un caso de expropiación de la sustancia masculina solar: el rito sería sólo una ceremonia de mutilación mágica del rayo primordial. En el estado actual de nuestros conocimientos es imposible decidirse por cualquiera de estas dos hipótesis. 3 Señalaremos, sin embargo, que los participantes comían después carbones incandescentes, costumbre que perdura hasta nuestros días. (Blas): escudo de armas parlantes. (Fis): durante mucho tiempo se negó la realidad física del árbol de Diana. En efecto, debido a su extraordinaria transparencia, pocos pueden verlo. Soledad, concentración y un afinamiento general de la sensibilidad son requisitos indispensables para la visión. Algunas personas, con reputación de inteligencia, se quejan de que, a pesar de su preparación, no ven nada. Para disipar su error, basta recordar que el árbol de Diana no es un cuerpo que se pueda ver: es un objeto (animado) que nos deja ver más allá, un instrumento natural de visión. Por lo demás, una pequeña prueba de crítica experimental desvanecerá, efectiva y definitivamente, los prejuicios de la ilustración contemporánea: colocado frente al sol, el árbol de Diana refleja sus rayos y los reúne en un foco central llamado poema, que produce un calor luminoso capaz de quemar, fundir y hasta volatilizar a los incrédulos. Se recomienda esta prueba a los críticos literarios de nuestra lengua.

OCTAVIO PAZ París, abril de 1962

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