Pintura: El arte de Emilio Pettoruti

Pintura: El arte de Emilio Pettoruti

Emilio Pettoruti y Xul Solar se conocen en el año 1916 y fueron grandes amigos. Ambos son responsables no sin esfuerzos, del cambio rotundo que se operaria en el país y en las artes plásticas a partir de ese momento. En ese año expone tímidamente en la Gallería Gonelli. Y para 1922 está preparado para mostrar sus nuevas obras en Milán y Roma. Como la crítica lo favorece prueba nuevos rumbos y en 1923 con un andamiaje considerable de obras,  se dirige a Berlín a fin de mostrar lo que había asimilado de los audaces futuristas.                                                                  

1924: Hace 11 años que Pettoruti falta de Buenos Aires y la nostalgia y el amor a los suyos lo impulsan a regresar aunque sabe que esa partida no será definitiva.

Si bien familiares, amigos y compañeros de andanzas quedaron en Buenos Aires, su carácter afable y  curioso por todo lo nuevo que se gestaba en Europa, le permitió cosechar así mismo, amigos, compañeros que de seguro también lo estarían aguardando. Y “dele Giubbe Rose” café  legendario frente a la Piazza dela República, en Florencia, también  quedaría allí, expectante.

Autoretrato de Emilio Pettoruti
Autoretrato de Emilio Pettoruti

Ya en Buenos Aires, su familia numerosa, reunida allí al borde del “Rio color León” estaban  inquietas para recibirlo, agasajarlo y escuchar todas las noticias que traería desde el “Viejo Mundo”.

Los días subsiguientes los empleó en visitar amigos y galerías y si bien no esperaba enormes cambios, por lo menos algunos. Suponía que revistas y viajeros ocasionales venidos del exterior hubiesen traída dentro de sus artículos o equipajes, alguna señal de lo que se gestaba tanto en Roma como Milán, Berlín o Paris en materia de movimientos artísticos. Sin embargo, nada de eso escucho.

Había llegado el momento de encontrar una “Galería” donde mostrar las obras, que aguardaban impacientes en su maleta. Pettoruti estaba inquieto. La Galería Witcomb aceptó gustosa exponer sus obras, porque conocía de sobra su cambio, solo restaba esperar la respuesta del público.

En la Revista Martin Fierro aparece el primer  escrito sobre la obra próxima a exponer. Xul Solar amigo de Pettoruti con quien había emprendido el regreso imprime un artículo serio referido a su pintura, que se estaba por exponer a criterio de los asistentes.

Emilio Pettoruti- Obra flautista

A las 11 hs, en punto de la mañana llega el Presidente de la República, Marcelo T. de Alvear amante de las artes y amigo del pintor y de los galeristas. En su recorrida  El Sr. Presidente advierte, sin duda el rotundo cambio operado en su amigo y cortésmente le dice al despedirse: ¡Buena Fortuna! En esa frase está implícita su preocupación.

A las 17 has. De ese día abrieron las puertas de la Galería. Se escucharon atentamente las palabras de Pablo Rojas Paz orador, que inaugura la muestra y luego… gritos e imprecaciones estallaron en el recinto. Inmediatamente las puertas se cerraron.

Emilio Pettoruti, herido en su amor propio no pudo recuperarse de este fracaso, habiendo cosechado en Europa tantos galardones.

En Argentina muchos pintores viajaban al exterior siguiendo sus pasos, pero solo querían perfeccionar su manera de pintar, no cambiando el estilo.

Muchos años dura esa apatía y el pintor que nos ocupa regresa a Europa donde a su juicio el cambio no cesa. El arte ya no representa al mundo sino que adquiere una autonomía singular, que cada artista vuelca a su manera y Pettoruti asume este postulado sin retaceos.

Su lucha por integrar esta fórmula a su propio territorio Argentina, Buenos Aires, su Ciudad, no cesa, desea crear una nueva conciencia de modernidad en el país, luego de inscribirse casi como europeo en Europa. El Museo de Arte Moderno de Nueva York adquiere su cuadro “Sifón Azul” durante su muestra, pero eso tampoco fue sinónimo de éxito.

El sifón azul  de Emilio Pettoruti

Buenos Aires se resiste pero promediando los años 50-60 comienzan a captar tímidamente los cambios que sí, ocurrían en el Viejo Mundo. Raquel Forner, Antonio Berni, Alberto Greco, Alfredo Hlito, el premio a las lecturas ilegibles de León Ferrari fueron  algunos de los nombres que se han animado y casi se puede decir fueron más allá, de lo que se animó sutilmente nuestro pintor.

En el marco de esta investigación, sobre la ruptura lenta en las artes argentinas, perfiladas tímidamente desde el advenimiento del hombre que hoy nos ocupa, se debe destacar su tesón, su creencia en el cambio y rotunda firmeza pese a los desencuentros, torpeza y agravios  que sus compatriotas le hubieron inferido.

Este hombre jamás bajó los brazos, ni  dudó de lo que sentía y creía, debía ser la pintura de su siglo.

En 1970 con menos vista y algo más de años, su imagen se simplifica, se mantiene dentro de sus mismos cánones que había heredado sin copiarlo de la pintura de Picasso y Juan Gris.

Se propone volver a Buenos Aires pero una repentina enfermedad se lo impide. Muere en octubre de 1971.

No fue un creador, pero en su momento fue el más moderno.

Los restos del artista que hoy nos ocupa, fueron enviados desde Paris a Argentina. Sin embargo, la urna que traía sus restos, al llegar a Buenos Aires, estaba vacía.  Por expreso pedido de Pettoruti, sus cenizas fueron volcadas a la altura de La Plata, su lugar de nacimiento.

Emilio Pettoruti The Verdigris Goblet 1934
Emilio Pettoruti, The Verdigris Goblet (1934)

Lee como surge el vínculo de este artista con el futurismo

Revista OZ

Ana Brüll es colaboradora de Revista OZ. Artista plástica, dirige el espacio de arte y cultura que lleva su nombre.

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