La generación Beat: Vagabundos del Dharma

La generación Beat: Vagabundos del Dharma

Subterráneo. Existencialismo. Agridulce. Errancia lúcida. Dharma. Conceptos que podrían funcionar para evocar a uno de los movimientos más ricos en influencias del siglo pasado: La Generación Beat. La deformación más usual del concepto es la de Beatniks*.

Ni siquiera había transcurrido un lustro del fin de la segunda guerra mundial cuando un grupo de poetas se reunió en torno a una exaltación de los placeres; la premisa: no aceptar las convenciones -culturales, sexuales, etc.-propias de su generación.

El punto geográfico referencial para esta historia suele ser Estados Unidos -más precisamente las ciudades de Nueva York, Denver, San Francisco-; allí se conocieron los poetas Allen Ginsberg, William Burroughs y Jack Kerouac.

«Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs»

Dentro de la imaginería beat se alzan –al fin- la bandera de los negros, los vagabundos y los homosexuales (hasta entonces casi asociados a la criminalidad).

Uno de los prolegómenos de este movimiento fue el lenguaje artístico liberador del jazz, más precisamente el Bebop, con Charlie Parker, Thelonious Monk y Dizzy Gillespie como exponentes. El primero de ellos trascendió con un apodo que parecía describir su propio modo de tocar música: «Bird» (pájaro); en sus grabaciones se lo escucha eludiendo al soporte armónico del combo que lo acompañaba en los segmentos solistas. Eso tuvo mucho que ver con la sensación de moverse-libremente-hacia.

Como dice el malogrado saxofonista Johnny Carter en El perseguidor, de Julio Cortázar: “Entonces, ¿cómo puede ser que yo haya estado pensando un cuarto de hora, eh, Bruno? ¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio?”. La escritura y el estilo de esta nouvelle, sostenidos desde la síncopa y el libre fluir son, en sí mismos, un manifiesto beat.

Aullidos y demás raras avis

En 1956, el poeta Allen Ginsberg publicó su poema «Howl» (Aullido) e hizo temblar a su generación. Aquí, un brevísimo fragmento:

“Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas, arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo, hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna…”.

Elipsis

Moris Birabent, de veintitrés años, canturreaba melodías durante largo rato sobre un sólo acorde de Mi7 o de La7 –igual que sus amados bluesman-.Deseaba mixturar el ritmo sincopado de las travesías descritas por Kerouac con la banda sonora de su habitación en la pensión: Piazzolla, Miles Davis, Ornette Coleman, Charlie Parker y Jobim. La canción «Rebelde» -grabada por los Beatniks en 1966-sigue considerándose uno de los primeros manifiestos beat escritos en nuestro país.

En otras latitudes, Bob Dylan, Ian Curtis y Jim Morrison quizá sean tres de los artistas más influenciados por la poesía beat. En el caso de Dylan, prueben con «Subterranean Homesick Blues» o «The Times They Are a-Changin»; en cuanto a The Doors, escuchen canciones como «The end» -quizá la versión en vivo del festival de la Isla de Wight-, «Moonlight drive» o «Wild child». Por último, dentro de las atmósferas proto-góticas de Joy Division aborden «Love will tear us apart».

Definitivamente, el de los beats es un tren que viaja rápido.

Bob Dylan y Allen Ginsberg

*Beat: Latido, pulso, ritmo. Como verbo transitivo, asociado a batir, pegar, etc.

Beatnik es un acrónimo formado por las palabras beat y sputnik -el  primer satélite artificial lanzado por la Unión Soviética-.

Revista OZ

Maxi Canepa es colaborador de Revista OZ, compositor, poeta y educador

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