Estudiar el Cannabis es promover el derecho a la salud

Estudiar el Cannabis es promover el derecho a la salud

Cada vez más personas recurren al cultivo en busca de sus múltiples propiedades terapéuticas. Durante encuentros organizados por la UBA, médicos, bioquímicos y agrónomos aseguraron que investigar en profundidad el Cannabis mejorará la calidad de vida de quienes sufren diversas patologías, desde epilepsias hasta trastornos del sueño.

El Cannabis es originario de Asia y se cultiva hace 8500 años con fines textiles, alimentarios, y también medicinales y religiosos. A principios del siglo pasado, el gobierno de EEUU catalogó a la especie como droga peligrosa y el tabú se extendió al resto del mundo. Hoy en día, miles de personas recurren a ella por sus más de 46 efectos terapéuticos conocidos. Sin embargo, existen grandes vacíos de información científica local para aprovechar sus múltiples propiedades medicinales. En el marco de los seminarios que organiza el Grupo de Estudio y Trabajo de Cannabis (GET Cannabis) de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), profesionales de las ciencias médicas, bioquímicos y agrónomos resaltaron que avanzar en la investigación del cultivo beneficiará a la salud pública.

«Existe mucho desconocimiento sobre el Cannabis a causa de su ilegalidad y de las restricciones que existen para investigarlo. Desde la universidad pública y los organismos de ciencia podemos generar y difundir información confiable para toda la comunidad. Esto es esencial para una especie vegetal que se usa con fines medicinales. Estudiar el Cannabis es promover el derecho a la salud», explicó Daniel Sorlino, investigador de la FAUBA e integrante del GET Cannabis. Este grupo de estudio y trabajo está conformado por docentes, graduados y estudiantes de la FAUBA, y se encuentra avalado por sus autoridades.

En la tesis de maestría de Francisco Mora, integrante del GET Cannabis, se identificaron las regiones del país en las que se podría cultivar Cannabis, que van desde el NOA hasta la Patagonia y se resaltó que la planta se puede desarrollar a cielo abierto a temperaturas entre 2 y 40 °C, con un rango óptimo entre 25 y 30 °C. Entre otras cuestiones, se mostró cómo la genética del Cannabis y las condiciones ambientales en las que crece influyen en los compuestos de uso medicinal que genera. El GET Cannabis busca acompañar desde el punto de vista agronómico a otras instituciones que investigan esta especie vegetal, como el Instituto de Química y Metabolismo del Fármaco (IQUIMEFA/UBA-CONICET) y además, a partir de las nuevas reglamentaciones sobre el estudio del cultivo, también tiene intenciones de realizar sus propios ensayos.

Ignacio Peralta, investigador del IQUIMEFA, destacó que la agronomía tiene un rol clave en el estudio del Cannabis de uso medicinal ya que no se pueden lograr productos de alta calidad con materia prima de mala calidad. Además, agregó que la familia botánica en cuestión tiene más de 70 moléculas específicas llamadas fitocannabinoides. «Entre ellas se encuentran el famoso CBD, recomendado por la OMS para tratar epilepsia y enfermedades autoinmunes, y el THC, demonizado por su psicoactividad. El efecto que estos compuestos tienen en el cuerpo varía en función de su concentración en la planta y de la forma en se extraen y se consumen».


Ignacio Peralta

«Al combinarse, los diferentes fitocannabinoides impactan de formas muy diferentes en cada persona. Por eso es fundamental estudiar en profundidad la calidad del Cannabis que se produce y consume hoy en día, para que los médicos lo puedan recetar y los usuarios puedan confiar», señaló Peralta, quien también es docente de la cátedra de Farmacognosia de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.

Por su parte, Carlos Magdalena, Jefe de Neurofisiología y Epilepsia del Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez, puso énfasis que el estudio del cultivo es una cuestión de salud pública y que ya se conocen al menos 46 aplicaciones terapéuticas. «Ayuda a tratar problemas psicológicos, neurológicos, dolores, insomnio, gastrointestinales y también mejora la calidad de vida de personas con cáncer, distrofia muscular o glaucoma».

El médico resaltó que el autocultivo es una realidad y que los organismos de ciencia deberían apoyar las iniciativas que los usuarios y cultivadores llevan adelante hace años. «Las universidades y los laboratorios públicos podrían controlar los procesos de producción y relevar si los productos derivados tienen los compuestos químicos en la proporción adecuada según las necesidades de cada persona».

Deuda cannábica

Magdalena explicó que ante infecciones, estrés o dolores, el sistema nervioso fabrica ciertas moléculas, llamadas endocannabinoides, que mantienen el equilibrio y la integridad psicofísica del organismo, y añadió: «El cuerpo humano reconoce los fitocannabinoides del Cannabis como si fueran endocannabinoides. Los receptores se encuentran en muchas partes del organismo, como en el cerebro y en los intestinos, y están involucrados en diversas funciones como la coordinación motora, el control del humor, o en el mismo metabolismo. Si el cuerpo no puede generar las moléculas necesarias para mantener el equilibrio, los fitocannabinoides pueden ser buenos complementos. De ahí su efecto terapéutico».

En el mismo sentido, Peralta reconoció que la Argentina tiene una cultura cannábica muy desarrollada y que existen decenas de organizaciones que cultivan Cannabis para mejorar la salud de sus familias. Hace décadas, decenas de organizaciones generan conocimiento sobre el Cannabis, pero no tienen estadísticas. «La ilegalidad no permite que conozcan con exactitud la composición química de sus productos. El Estado podría brindar controles y seguimiento a los tratamientos terapéuticos con Cannabis», indicó.

Buena recepción a las nuevas normativas

Dentro del ‘Programa Nacional para el Estudio y la Investigación del uso medicinal de la planta de Cannabis, sus derivados y tratamientos no convencionales’, del Ministerio de Salud de la Nación, además del proyecto del IQUIMEFA, sólo estaban aprobados los proyectos sobre estudios clínicos del Hospital Garrahan, del Hospital El Cruce y el cultivo extensivo en Jujuy. Sorlino indicó que las nuevas reglamentaciones sobre el cultivo posibilitan que muchas instituciones puedan investigar el cultivo pero que todavía falta mucho para el desarrollo de una investigación ágil e integral del cultivo.

 

Para finalizar, Sorlino reflexionó sobre la actualidad y el futuro en la investigación del cultivo. «Las novedades legislativas de la semana pasada nos tomaron por sorpresa. Ahora podemos pensar en realizar ensayos con el cultivo de Cannabis, algo que hasta el momento no podíamos hacer. Queda mucho conocimiento por generar tanto en aspectos agronómicos como bioquímicos y médicos, como también en el uso del cultivo dentro de áreas como la energética, la alimentaria, la construcción y la industria textil».

Por: Sebastián M. Tamashiro- (SLT-FAUBA)

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Revista OZ

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