¡Hay que castrar a la perra!

Cosas que pasan diría un amigo, y yo te digo “si te gusta el otoño aguantate el viento, si queres mascota soporta el sufrimiento”. Les voy a contar la experiencia cuando tuve que llevar a castrar a la perra.

Cuando uno decide adoptar una mascota se debe tener en cuenta varias cosas sobre los cuidados para un crecimiento sano del animal, por sobre todo es necesario ser responsable. Siempre hay una primera vez para elegirlo, y disfrutar de la compañía de esos seres especiales.

Hace seis meses decidí que le daría lugar a un bello animalito en mi vida. Buscando en Facebook elegí una perrita de entre cinco cachorros que daban por adopción. Bien actual la forma de encontrarnos, vi su foto en las redes sociales, me comuniqué con la dueña, acordamos el horario, y a pesar de que nadie en mi casa quería que traiga una “perra”, cruce toda la ciudad hasta buscarla. Qué puedo decir, es hermosa. Como todas una cachorrita gordita, mimosa y muy dulce.

Los primeros días estuvo adentro de mi pieza en una cajita de cartón con almohadón, mimada por su madre adoptiva Yo. Luego paso al patio, “los únicos animales que viven adentro son ustedes” dijo la autoridad así que Dana tuvo su casita en el patio.

Crece y crece, ya no es esa pequeñita bola de pelos amarronados con pecho blanco, es una hermosa cachorra de mediana estatura y gran porte. Se convirtió en una guardiana, es centinela, avisa cada vez que alguien llega, torea hasta que alguien sale a ver quién vino. Y ni hablar la fiesta que hace cada mañana cuando me levanto y salgo al patio, o cuando llego en la bicicleta, ella es feliz. Una caricia en la cabeza, mueve la cola, y salta agarrándose de mí. Algo único, que por suerte elegí vivir.

Anteriormente tuvimos perros en casa, pero ya adultos, de esos lindos perros callejeros que uno empieza a darles de comer y se terminan quedando como parte de la familia. Pancho era uno de esos, vivió hasta el año pasado, lo sentimos mucho cuando murió.

Hoy Dana es parte de mi familia, como toda cachorra se mandó alguna de las suyas como morder una sandalia de mi sobrina, robar una media que se cayó del tender y esconderla, o hacer sus necesidades en lugares insólitos, nada fuera de lo común. Crece hermosa.

Dana mi perrita

Hay que castrarla

Paso el tiempo y llego el momento de pensar en castrarla. Es la primera vez que tengo una perra, ya paso las vacunas -a mí no me gustan las inyecciones, por Dana soporté la impresión que me causa ese momento- y ahora curiosa sobre qué, cómo, cuándo se castra una perrita, empiezo a preguntar a amigos y conocidos: y me dicen que a los seis meses, que después del primer celo, que dejala que tenga una vez cría y después la castras, y uno y otro diciendo lo que suponía era así. Confusión.

Averiguando me entero que en hay un servicio gratuito de zoonosis pegado al tanque del agua. Voy corriendo a sacar turno y surge una complicación, Dana ya tiene 5 meses, y tienen turno para castrarla recién en poco más de un mes. “Ya está en edad de su primer celo, corres riesgo que la preñen”, y bla bla, ¡Oh My Good! desesperación, no la puedo tener encerrada, creció libre, ya es muy grande e inquieta para estar adentro ¿cómo hago? “Y si te la agarra un perro corre riesgo de morirse desangrada en la operación” bla bla bla, me preocupé!.

Voy a la veterinaria y consulto, “¡anticonceptivas!, no son cien por ciento seguras, pero dale ocho días y llegas más tranquila a la fecha de castración”. Compro las pastillas, y se las doy rigurosamente cada día. A su vez estuve como guardiana cada vez que rondaba un perro. Luego de ocho días, paz.

Finalmente llegó la fecha indicada, toco uno de los días más frío del año, me acompañó mi papá. Subimos con Dana al auto y dimos un paseo hasta el tanque donde está zoonosis y sería operada. Dos inyecciones y a la rastra a  la sala de operaciones, así de fría es la cosa. Luego la espera en el auto unos veinte minutos; ya estaba operada.

Cuando entramos a buscarla estaba tirada en el pasillo. Ahí entendí la frase o dicho popular “acá te atienden peor que a un perro”, quizás sea la manera, uno que quiere a su mascota lo ve así y te da escalofríos. Hay que actuar fríamente, quiera o no en la situación se aprende a serlo, por suerte no estaba sola.

Ahora lo más difícil lo que nadie te explica, como es el post operatorio de una cachorra recién castrada. La verdad es que la inexperiencia y nula información brindada por el especialista te deja llena de preocupaciones. Supuestamente el efecto de la anestesia se le pasa a las tres o cuatro horas de operada, pero no es tan así. ¡Atenti a esto! la pobre Dana tardo más de doce horas en estar bien. Despertar despertó, pero permanece casi agónica por varias horas más. Eso es duro de ver.

El secreto es brindarle un buen espacio, oscuro, tranquilo, y tenerla bien abrigada, eso es fundamental. Nada de agua ni comida hasta el otro día. Cuidarla y quererla está demás que lo diga.  Luego la recuperación, el torbellino pasa, y todo vuelve a la normalidad. ¡Si te gusta el otoño aguantate el viento, si queres mascota soportá el sufrimiento!

 

 

Revista OZ

Romina R Silva es directora de Revista Oz, poeta, escritora, Lic. Comunicación Social UNLP. Conduce programa ¨Subite¨ en FM Nacional 95.5, coordina talleres de escritura creativa. es organizadora del Festival de Poesía en Lobos siendo parte del FIP.

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