Opinión: La parte del Pueblo

Si uno tuviese la modesta pretensión de intentar encontrar aquellos elementos centrales sobre lo político, sin lugar a dudas se toparía con una palabra tan usada como compleja: pueblo. La misma, tiene la  ambivalente cualidad de referir al mismo tiempo al todo, como a la suma agregada de cada uno de los individuos que componen un corpus social determinado, y a una parte, que por rigor histórico, refiere a la parte pobre, a la mayoría excluida, marginada o plebeya.

Esto presentó una serie de dificultades que se remonta hasta la antigua Grecia. En La Política  Aristóteles visualiza esta condición dual. El demos en algunos pasajes es el todo de la polis, y en otros asume su condición de clase particular frente al resto social. Una de las desviaciones que podía asumir la democracia era particularizar en el gobierno el interés de la mayoría pobre. Y eso constituía ya una razón medular para no ser considerada la forma de gobierno más justa, a pesar de ser el de la mayoría.

Este conflicto semántico, de grandes implicaciones políticas, es resuelta por los romanos a través de nominar cada una de estas acepciones. Por un lado, entonces, encontramos al popolo como la demarcación especifica del conjunto social y por el otro a la plebs como la parte plebeya del mismo.

Hacia una definición de lo popular

En los discursos políticos actuales se suele utilizar la categoría pueblo en ambos sentidos: como la parte y el todo. Esto permite convertir al término en lo que Ernesto Laclau denominó: significante vacío. Saussure afirma que no existen, en el lenguaje, elementos positivos sino solo diferenciaciones. Algo es lo que es solo a partir de su diferencia con otras acciones. Por lo tanto la idea de representación exige un elemento, aquello lo suficientemente ambiguo, que pueda contener dentro de si múltiples formas de representación.

La pretensión del significante vacío es universalizar el particular, que la parte se vuelva el todo, es decir asuma la representación del todo. Esto en términos de Gramsci es la hegemonía. La conducción moral y política de una parte de la sociedad civil sobre el resto, que deviene hegemonía acorazada cuando esta se sintetiza en su instancia estatal: coerción y consenso. Pero esta totalidad presupuesta es aparente porque la condición ontológica de lo social, aquello que lo define en su propia condición de existencia es justamente su carácter contingente.

En todo caso podríamos hablar de una totalidad que nunca esta suturada. Que siempre encuentra hendijas y fisuras por donde se puede escurrir una nueva representación social. Y ese es precisamente el carácter dinámico de lo político. Cuando una coalición social logra construir una cadena equivalencial de demandas y se hace del gobierno podemos hablar de una nueva totalidad. Cuando esta coalición lo hace en nombre del pueblo podemos hablar de un gobierno popular.

 

 

Revista OZ

Tomas L Armani es colaborador de Revista OZ. Lic. en Ciencias Políticas con especialización en teoría y filosofía política (UBA), actualmente cursa un posgrado en Filosofía Política en la UNGS.

Deja un comentario