La Fe no mata: Sobre el uso de la fe como instrumento de poder

El ser humano es un ser espiritual por naturaleza, todas las culturas poseen una búsqueda trascendental, una comunicación con lo eterno y divino. Donde mejor se expresa este anhelo de infinitud es que en todas las comunidades podemos encontrar un ritual sobre la muerte, cuando un ser querido parte de esta vida hasta los que son más incrédulos participan de la ceremonia de despedida.

Y cada sociedad tiene su propia ceremonia, algunas culturas creman a sus muertos, práctica muy utilizada desde la antigüedad por los hindúes, también fue muy utilizada en el viejo continente hasta la llegada del Cristianismo, práctica que en estos tiempos se realiza en la Argentina más por una cuestión económica que por una cuestión cultural.

En algunas culturas los cadáveres son arrojados al agua, los musulmanes lavan el cuerpo de sus muertos y los entierran de costado con orientación hacia La Meca, otras culturas simplemente los entierran, del polvo venimos y al polvo vamos.

También expresamos nuestro dolor de diferentes formas, durante la época medieval el color blanco se convirtió en señal de duelo, de muerte y de tristeza de la realeza, costumbre que persiste en algunos países de Europa del este.

Nosotros que formamos parte de la cultura occidental utilizamos por tradición el color negro para reflejar nuestro quebranto y desconsuelo, costumbre que tomamos de la cultura romana donde se estilaba la toga pulla, una túnica de color negro que se utilizó hasta el siglo de II de nuestra era y que en la modernidad recuperó su lugar.

By Manel Ubeda
 Mantener la Fe en tiempos de agitación

Vivimos en una época efervescente donde cualquier evento por más pequeño que sea produce una reacción en cadena que agita toda la sociedad y la fe no se ha convertido en la excepción a la regla.

La fe y el amor son asociados a los sentimientos más bellos que la humanidad puede llegar a expresar, esa fe en estado puro, más allá de cualquier religión y libre de toda moralina es lo que mueve a los seres a proyectarse, a construir una familia, a arriesgar su capital en pos de una empresa que no sabe a ciencia cierta que será exitosa.

La fe nos convierte en hijos de Abraham, en buscadores de nuevos horizontes, nos lleva a deambular por territorios desconocidos, a ser extraños en tierras extrañas, a dejar la seguridad que nos brinda aquello que conocemos, parafraseando a Catupecu Machu, a caminar sin pisar el suelo, a realizar ese salto de fe y dejar la seguridad de lo conocido, dejar nuestro estado de confort y salir a la aventura.

La Demonización de la Fe

Lamentablemente la Fe se ha utilizado como instrumento de poder tanto en el Judaísmo, como en el Cristianismo y también en el Islam, paradójicamente religiones que profesan o confluyen en un mismo Dios.

Jesucristo acusa a los líderes religiosos de su época de amar más los privilegios y lugares de honor que seguir los mandatos divinos, que han convertido la casa de Dios en una cueva de ladrones.

Martín Lutero, un sacerdote tudesco se levantó contra la manipulación de la fe cuando la Iglesia quiso perdonar pecados a cambio de dinero para construir lo que hoy es el Vaticano, como respuesta fue excomulgado y perseguido, dando inicio a la época más oscura del catolicismo llamada Inquisición, torturando y enviando a la hoguera a miles de personas que se atrevían a pensar diferente. Paradójicamente España fue el brazo ejecutor de las atrocidades que se decidían en Roma.

Hoy presenciamos azorados como un grupo de terroristas se esconden detrás del Islam para llevar adelante sus ambiciones de poder y gloria, inescrupulosos que juegan con la ingenuidad de una fe sin condición y ponen de luto a toda la humanidad.

Ante los hechos acaecidos en La Rambla sostenemos que no debemos permitir que el miedo y la ignorancia nos hagan demonizar aquel sentimiento que nos constituye como seres humanos. La Fe es apertura, un salir al encuentro de Dios. La vida es sinónimo de Fe y la muerte no tiene parte en ella.

Revista OZ

Ariel Enrique Biason es colaborador de Revista Oz, profesor en Filosofía, Licenciado en Gestión Educativa, realizó una tesis en Teología.

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