Entrevista a la escritora Anahí Flores: “La poesía propone un reencuentro con lo instintivo”

Anahí Flores (Buenos Aires, 1977) se dedica a  escribir y a coordinar talleres. Publicó Ciertas horas de la primavera (La carretilla roja, 2017) Se durmió y otros poemas (Bajo la Luna, 2015), ganador del Tercer premio del Fondo Nacional de las Artes; Todo lo que Roberta quiere (Textos Intrusos, 2013); Catalinas Sur (Eloísa Cartonera, 2012) y Limericks cariocas (Caki Books Editora, 2012). A través de un lenguaje concreto y preciso la autora se desvía de la mirada habitual puesta en los paisajes cotidianos, aportándole un nuevo giro a la tradición objetivista argentina. Sus cuentos y poemas logran despojar aquellas escenas, hacerlas hablar por sí mismas para permitirle al lector el acceso a rincones o bordes que antes parecían invisibles.

En tu escritura, si bien se combinan diferentes registros, está la forma del diario, del retrato de lo íntimo, ¿cómo se genera esa mezcla?

Anahí Flores: Me encanta ir variando de registros, pero no lo planeo, más bien ocurre. Luego, cuando ya lo escribí y me doy cuenta (esto pasa en la etapa de revisión), me gusta. Me gusta no quedarme siempre en lo mismo aunque, como todos, tengo mis tendencias.

En tus textos aparece cierta temática femenina (la maternidad, por ejemplo) pero no desde los lugares comunes bajo los cuales se suelen tratar estas cuestiones: ¿crees en la poesía como un espacio donde se hace posible una decodificación de lo femenino? 

Anahí Flores: Cuando escribo no pienso si se trata de algo femenino o masculino. Escribo sobre lo que me rodea y, claro, con la maternidad me sumergí en ese mundo. Pero ahora, por ejemplo, terminé una novela que está narrada desde un punto de vista masculino.

En muchos de tus poemas hay una presencia de la anécdota y una contundencia del sentido que hace pensar en una mezcla con un registro más narrativo, ¿cómo concebís la relación entre poesía y prosa? 

Anahí Flores: Con relación a la poesía y la prosa: me encanta cuando los géneros se invaden. Y la invasión es mutua: así como uso recursos de lo narrativo en la poesía, busco el ritmo en las oraciones de mis cuentos y novelas. De hecho, en los talleres literarios que doy, me gusta mechar ambos géneros, más allá del foco de cada taller. Creo que se nota y potencia mucho en la poesía cuando un autor frecuenta también la narrativa, y viceversa.

¿La sonoridad del texto te resulta primordial? ¿Buscas que las palabras tengan un efecto corpóreo en el lector?

Anahí Flores: Sí, busco que las palabras tengan un efecto corpóreo en el lector. Como lectora, me encanta que un cuento o poema me altere la respiración, o me tensione a tal punto que solo me afloje al terminar (a veces ni eso). Por ejemplo, en un cuento de hace unos años (se llama No sin cariño) hay una bailarina que está por cometer una maldad contra una colega. Trabajé mucho la preparación de esa escena para que, cuando llegara la palabra que muestra de qué se trata esa maldad (no la diré), el lector lo sintiera en carne propia. La palabra es clave, pero el preámbulo también.

By Ana Brown

¿Qué te interesa de un mundo particular como el del ballet? ¿La literatura funciona como una vía de incursión hacia este tipo de espacios? ¿En qué sentido? 

Anahí Flores: El ballet me interesa desde que era niña. Hice muchos años de danza, aunque “tarde”: de adolescente. Es un mundo muy particular (todos los mundos lo son, en realidad) y, como toda atmósfera con la que me identifique, dio origen a algunos cuentos (ningún poema). Uno de esos cuentos con bailarinas forma parte de Criaturas, libro que aparecerá este año en el catálogo de Alto Pogo. Otro de esos cuentos dio origen a una antología (aún inédita) de cuentos de autores contemporáneos, ambientados en el mundo del ballet.

¿Cómo vinculas la literatura infantil que escribís con tu otra producción? ¿Por la forma en la que se relaciona con el lenguaje, la poesía propone una vuelta a la infancia?  

Anahí Flores: Mi paso por la literatura infantil tiene directa relación con mi hija. Casi todo lo que escribí para niños nació inspirado en ella, excepto algún que otro poema por encargo. Así que es probable que en unos años, a medida que ella crezca, ande escribiendo para adolescentes. No creo que la poesía en general proponga un retorno a la niñez, pero sí que las palabras pueden ser juguetes, rodar, rimar y que, de esa forma,  ciertos poemas provoquen ese retorno (pienso en los limericks, por ejemplo). La poesía propone, eso sí, un reencuentro con lo instintivo que, lamentablemente, se va perdiendo (o enterrando) en la vida adulta. Pero entonces haría aquí una diferenciación: llegar al instinto, sin importar la etapa de la vida.

En tus textos se nota un tratamiento particular de lo cotidiano, se da cierto extrañamiento frente a la experiencia de lo doméstico, ¿cómo pensás la relación entre literatura y realidad?

Anahí Flores: A decir verdad, no pienso mucho en la relación entre literatura y realidad. Suelo escribir a partir de lo que veo. A veces, en lo que llamamos realidad aparecen pequeñas grietas o portales, y por ahí uno se asoma a otras realidades (o a otras partes de esta misma realidad). Lo que trato de hacer es ordenar todo eso en palabras, sin proponerme alterarlo.

Teniendo en cuenta la incursión por el mundo cotidiano y el detalle que aparece en tu escritura, ¿cómo nace un poema o un cuento? 

Anahí Flores: Tanto los poemas como los cuentos nacen de muchas formas. Por lo general, cuando me doy cuenta de que hay un germen de poema o cuento dando vueltas, la situación ya es irreversible y veo todo como en una bruma. No soy muy consciente de cómo es el proceso (¡por suerte! Si no, es posible que tratara de replicarlo y lo prefiero así: que me sorprenda cada vez). Pero los disparadores pueden ser un gesto, un sonido, un color, un aroma, un cuadro, una música, una determinada luz, la suavidad de la oreja de un perro salchicha. Por lo general, situaciones cotidianas. Todo puede disparar hacia la escritura si ese algo se impone, como una puerta que se abre de par en par frente a vos y que podrías atravesar o no.

Y en un sentido más amplio en lo que hace a la gestación de tu escritura, ¿qué autores la impulsaron? 

Anahí Flores: Hace poco leí un texto maravilloso de Fabio Morábito (del libro El idioma materno) en el que hablaba de sus influencias. Decía que escribía sus poemas como años antes había dibujado el interior de casas rodantes: haciendo caber la mayor cantidad de materia en el menor espacio posible. Esa idea me resonó, porque también me pasa que, si pienso en influencias, me remito a actividades no literarias: bailar con calidad de movimiento (hilvanando una posición y después otra, como hacemos con las palabras); caminar por la montaña (eso de encontrar el camino, pasar junto a precipicios y crear atajos tiene mucho que ver con armar un cuento); incluso respirar, una determinada forma de respirar me puede disparar la construcción de una voz. Pero si buscamos influencias literarias concretas (o sea, nombres), en la poesía podría mencionar, sí, algunos (me voy a limitar a nacionales y contemporáneos): Fabián Casas, Laura Wittner y Jorge Aulicino.

Revista OZ

Florencia Naiman es colaboró con Revista OZ, estudiante de Licenciatura en Letras UBA.

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