El dulce encanto de la memoria: Cantores de la casa de la luna

El dulce encanto de la memoria: Cantores de la casa de la luna

Patios de la casa vieja,

color de siesta soleada,

mate de largas tertulias…

¡Qué lindas cosas de cuánta…!

¡Prendidas dentro de mi alma,

me van pintando esta zamba!

Ramón Navarro

 

Navarro fue integrante de los Quilla Huasi término quechua que significa cantores de la casa de la luna. El quechua o quichua es una familia de idiomas de los Andes peruanos y fue oficial en el estado incaico.

Los misioneros católicos emplearon este y otros idiomas locales (aimara,  mochica o  guaraní) para evangelizar a los indígenas, para lo cual escribieron varios manuales (artes) y diccionarios (vocabularios), así como catecismos.

Navarro rescata las cosas sencillas de esas casas con olor a pan, para regocijo de la familia. Cantor, autor y compositor argentino nacido en La Rioja. Entre sus temas se destacan: Coplas del ValleChaya de los pobresMi pueblo azulChayita del vidalero, Vidala del chango.

 En esa sencillez el pan es elocuente. Veamos algunos refranes viejos:

«Donde hay hambre, no hay pan duro»/.»A falta de pan, buenas son tortas». /

«Castellano fino: al pan, pan, y al vino, vino»/.»De los olores, el pan; de los sabores, la sal».

«Donde pan comes migas quedan»/.»Las penas con pan son buenas».

«Pan caliente, hambre mete». /»Pan ganado sabe a gloria».

«Pan de trigo, leña de encina y vino de parra sustentan la casa».

«Uvas con queso y pan, no hay en el mundo tal manjar.»

Hacer pan hoy es fácil, solo con  prender la TV algún cocinero se lo explica. La precursora fue Petrona C. de Gandulfo que de chiquita en Santiago del Estero donde nació (1896-1992) escuchaba hablar quechua y aprendía a cocinar con su mamá Clementina. Allí en la ciudad más antigua del país y de donde partieron las corrientes que fundaron otras ciudades: Tucumán, Córdoba,  Salta, La Rioja, Jujuy y Catamarca.

Por eso mediante la ley Nº 25.681 del Congreso de la Nación Argentina, fue declarada oficialmente «Ciudad Madre de Ciudades y Cuna del Folclore». Santiago fue fundada el 24 de junio de 1550 por Juan Núñez de Prado, proveniente del Perú.

Con Núñez de Prado, además de españoles, llegaron numerosos indios yanaconas, de habla quechua. Petrona Carrizo trabajó como cocinera en una estancia y ahí conoció a Atilio Gandulfo, el administrador y con quien se casaría tiempo después.

La pareja emigró a Buenos Aires en busca de oportunidades,  Atilio consiguió un trabajo en el correo pero, como el salario no alcanzaba, decidió trabajar también ella. La llamaron de la Compañía de Gas para enseñar a usar las nuevas cocinas y así las familias podrían hacer el pan en casa.

Llegó a la televisión en 1952 en un programa llamado «Variedades hogareñas» por Canal 7. El  salto a la fama  se dio en 1960 al formar parte del programa «Buenas tardes, mucho gusto» junto a su asistente Juanita Bordoy.

Su libro de cocina batió récords de venta, superando a Borges, Sábato y al Martín Fierro.

Todas las tardecitas  bebían un whisky  con un cigarro puro y comía picante. Pasó sus últimos momentos junto a su asistente Juanita hasta que murió en 1992 en su casa de Olivos.

Cada baldosa en los patios
Guarda un recuerdo querido,
Cada geranio es un sueño
De tiempo ya florecido.

Navarro es de un pueblo llamado Chuquis de 260 habitantes. Cuando cumplió 80 años el pueblo puso de nombre a las calles el título de sus canciones: ¡vaya gesto amoroso!

Sixto Palavecino (1915-2009) es un emblema de la lengua quichua. Con su violín y su pasión por la gente de su pueblo, recorrió caminos sin descanso llevando con orgullo esa cultura.

Sin duda Santiago contribuyó en nuestra identidad: el acta de la independencia del Congreso de Tucumán se tradujo al quechua, aimara y guaraní.

La palabra quechua significa el hablar del valle: hermosa forma de relacionar cultura y paisaje. Representa el cuarto dialecto más hablado en América.

Santiago ha llenado el país de santiagueños (gentilicio): hay tantos afuera como adentro de la provincia. Verdaderos embajadores del folklore y de una cultura indígena que mantienen en la sangre. El quechua vive entre nosotros con fuerza. Es sumamente poético y tan dulce como el mistol.

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Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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