Teatro: Damián Brissio, el caracterizador teatral que materializa sueños desde Arequito al mundo

Damián, Pichino para los amigos, es una persona cálida, verborrágica y entusiasta que emana un brillo especial. Tiene un gran sentido del humor y no duda un segundo en reírse de sí mismo. También bucea en otras zonas profundas. “Confío en el Universo, en una fuerza astral. No sabría bien cómo llamarla, pero creo en una especie de sincronía sideral. También confío en la fuerza que nace de adentro de cada uno, de querer hacer. Golpeé muchas puertas, le escribí a infinidad de artistas y profesionales comunicándoles mi deseo de trabajar con ellos”, dice Damián.

Damián Brissio
Damián Brissio

Entrevista al caracterizador teatral, Damián Brissio

¿DÓNDE NACISTE, CÓMO FUE TU INFANCIA?

Brissio: Nací en Arequito. Me crié en una familia de clase media baja. Desde chico tenía inquietudes, tanto sexuales como profesionales y me decía a mí mismo “Dios, tiene que haber algo más, por favor, te lo pido”. Por suerte, estaba La Sole (Pastorutti) en el grupo de amigos, y era una esperanza para nosotros porque ya había triunfado. Terminé el secundario y quise estudiar publicidad. Mi mamá me dijo que mejor me anote en marketing, que era la carrera del futuro. Me fui a Rosario y viví en la casa de la comuna de Arequito con doce personas más.

¿TERMINASTE LA CARRERA?

Brissio: Sí, y salí al mundo, con una voracidad impresionante, era el 2001 y terminé vendiendo lapiceras. Era lo más cercano a la ´comercialización´ que encontré. Me volví a Arequito. Había una miseria absoluta. Con la del kiosco decíamos “Bueno, nos ponemos en fila, uno se tira un tiro y con la misma bala nos matamos todos”. Zafé, gracias a que me llamaron de Ecoclubes, que era una organización Nacional de Ecología. Al tiempo, me mandaron a una capacitación en Buenos Aires. Esa fue mi oportunidad para escapar del pueblo.

¿CÓMO FUE TU LLEGADA A BUENOS AIRES?

Brissio: Me bancó la Sole al principio, porque no tenía a dónde ir. Trabajaba en una cooperativa de reciclaje de Lomas de Zamora, me tomaba un subte, un tren y dos colectivos. Tenía que hacer acciones para concientizar a la gente. Se me ocurrió poner un stand en la peatonal de Lomas, regalando globos para llamar la atención y vino el payaso del lugar que vendía globos, me sacó un cuchillo y me dijo “Volá con todos esos globitos de acá y ándate bien lejos, porque te voy a abrir de par en par”.

¿TODO ESO HACÍAS POR LA NECESIDAD IMPERIOSA DE VIVIR EN BUENOS AIRES?

Brissio: Y claro, porque a Arequito no se volvía. Paraleleamente, empecé a hacer cortometrajes, me encargaba de la parte de arte, maquillaje y pelo, así que decidí capacitarme y me anoté en un curso en el Teatro Colón. Me llamaron diciendo que había pasado el primer filtro. Yo veía que cada vez quedaba menos gente, no entendía nada y ahí me enteré que eso era para entrar a una carrera que duraba dos años. En el exámen final, me preguntaron qué ópera conocía y empecé a hablar de “Carmen sobre hielo” que es la película que pasaban los sábados en el Canal 5 de Rosario, que era Carmen, pero patinadora y entré.

Damián Brissio y Ramiro Sorrequieta con Daniel Fanego
TODO UN LOGRO ENTRAR A LA CARRERA DEL COLÓN…

Brissio: Si, y si bien era gratuita, era para millonarios, porque cursabas los martes y jueves de 15 a 19 hs y te cortaba toda posibilidad de laburo. Así que busqué algo con horarios flexibles y trabajé llevando viandas con las dietas de Ravenna. También hacía animación infantil en Mataderos y por las mañanas trabajaba en un call center para España. Tenía que mantenerme.

CON TODO ESE ESFUERZO Y VOLUNTAD, ¿TE DISTE CUENTA QUE LO TUYO ERA LA CARACTERIZACIÓN?

Brissio: Sí, me encantaba. El Colón me ayudó a comprender las distintas áreas de trabajo y que se podía vivir de esto. Terminé la carrera y decidí perfeccionarme. Me saqué un pasaje a España por Air Madrid y se fundió. Desahuciado, fui a un bar berreta del centro y conocí a Víctor, un español (mi actual marido) que estaba en Buenos Aires por 48 hs en un puente aéreo. “Te invito a tomar algo”, le dije, era barra libre. Se rió, y lo llevé a casa en el camión de la basura.

 ¿EN EL CAMIÓN DE LA BASURA?

Brissio: Sí, le dije “Subite que te llevo” Todo muy cinematográfico. Al otro día, él se tenía que ir a Brasil. Habíamos quedado flechados, así que, al poco tiempo, decidí irme a vivir a San Pablo. Entré a trabajar al Fashion Week. Lo primero que me dijeron es “Cortá flequillo”. “No sé”, dije. “Acá o cortas flequillo o te vas.” Me formé a los golpes. Aprendí a hablar portugués mirando MTV Brasil. Trabajé muchísimo y se me abrieron las puertas en cine, moda, publicidad.

EN BRASIL YA HABÍAS TRIUNFADO, ¿SENTÍAS LA NECESIDAD DE SEGUIR VIAJANDO, CONOCER EL MUNDO?

Brissio: Sí, claro. En un momento Víctor me plantea que quería terminar su carrera de arquitectura, y nos fuimos a España. Me deportaron y me devolvieron en lo que se llama un voo quente (vuelo caliente), que equivale a un vuelo peligroso. Separación de novela, sin poder despedirnos. Luego la familia de Víctor nos ayudó y nos instalamos en España en el 2010.

ÉPOCA DE CRISIS ALLÁ, ¿CÓMO FUE ESO?

Brissio: Nos casamos, por amor y por los papeles. Yo siempre había soñado con estudiar en el IED (Instituto Europeo de Diseño) porque era el único que tenía la carrera de ´Vestuario de ópera, teatro y audiovisual´ Era un máster, privado y carísimo. Concursé para una beca. El ganador quedaba como tutor del máster. Me hicieron una entrevista y me preguntaron si sabía coser, yo dije que sí, obviamente. Por supuesto que no sabía. Gané. El día del cóktail de bienvenida, junté a mi grupo y les dije “Chicas, yo no coso, no me pidan nada porque necesito hacer esta carrera”. Seguimos siendo amigos hasta el día de hoy. Ese curso fue un punto de inflexión. Aprendí muchísimo, me constituí como profesional.

¿PUDISTE TRABAJAR DESDE OTRO LUGAR EN ESPAÑA?

Brissio: En realidad, en el 2011, explotó la crisis y nos fuimos a México porque a Víctor le había salido una beca. Entramos como la primera pareja casada homosexual con derechos. Y otra vez, volver a empezar, muy Lerner lo nuestro. Rápidamente comenzó a circular mi nombre, que venía de Europa y tenía un tipo de maquillaje diferente. Entré a trabajar en MAC Cosmetic e hice mucho teatro, cine y publicidad.

Y AHÍ TE EMPODERASTE…

Brissio: Sí, empecé a pensar con qué artistas me gustaría trabajar y le escribí a Bebel Gilberto diciéndole “Cuando estés en México yo quiero maquillarte, vestirte y peinarte”. Así fue que laburé con ella varias veces y nos hicimos muy amigos. Después vino Jared Leto con “30 Seconds to Mars” y los maquillé en su gira. Maravilloso todo.

Damián Brissio con Geraldine Chaplin
 Damián Brissio con Geraldine Chaplin
¿Y POR QUÉ SE VOVLIERON A ARGENTINA?

Brissio: Porque mi mejor amiga le hizo una oferta a Víctor para construir un edificio en Arequito, ¿podés creer? … El edificio nunca se hizo, pero por suerte construyó mil casas. A mí, en Rosario, me salió primero una película y luego una serie para National Geographic. Nos asociamos con Ramiro Sorrequieta y a partir de ahí nos llamaron para muchas cosas de History Channel, entre ellas, una serie del Papa Francisco que ganó un EMI.

¿CUÁNDO EMPEZASTE A TRABAJAR CON LA SOLE?

Brissio: Ahí mismo. Me invitó a la primera emisión de La voz argentina. Primero en pelo, y luego en su cambio de imagen. Fue algo paulatino y en conjunto. Nos propusimos sacar el poncho, crear otra estética. Fue un punto de inflexión visual en su carrera. Todo un desafío, también por el hecho de trabajar con una amiga de toda la vida. Hasta hoy, seguimos laburando juntos.

EN EL 2018 TRABAJASTE EN LA SERIE “COISA MAIS LINDA” PARA NETFLIX, QUE SE ESTRENA EL 22 DE MARZO ¿CÓMO SURGIÓ ESTA POSIBILIDAD?

Brissio: Me llamaron de Brasil y me ofrecieron coordinar el equipo de pelo, make up y vestuario. No lo podía creer, un proyecto enorme, soñado. Me instalé allá cuatro meses. Creo en la armonía laboral. Para mí ser jefe de maquillaje, es saber coordinador un equipo en dónde tiene que prevalecer la alegría.

¿QUÉ SE LLEVA LA GENTE CUANDO TRABAJA CON VOS?

Brissio: Cuando me sentí instalado como caracterizador, pensé “¿Qué hago? Estoy pegado a la cara de la gente. Tengo que darles algo”. Hice un primer nivel de energía universal, por el tacto paso cosas positivas. Yo creo que soy un canal, por eso tengo que estar siempre limpio. En tu paso por mí, vos te llevás algo lindo, ese es mi propósito en la vida.

POR ÚLTIMO, ¿QUÉ LE DIRÍAS A ESAS PERSONAS QUE TIENEN UN SUEÑO Y POR MIEDO, NO SE ANIMAN A REALIZARLO?

Brissio: Les diría que no crean en las limitaciones impuestas por la sociedad. El límite del mapa y de los sueños, lo marcamos nosotros.

Foto de portada ph Nora Lezano

Revista OZ

Carolina Barbosa es colaboradora de Revista OZ. Escritora, directora, actriz y productora. Egresada de la Escuela Nacional de Arte Dramático (actual UNA).

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