Teatro: Carolina Barbosa, indaga desde el humor en la profundidad de los seres humanos

Charlamos con Carolina Barbosa, actriz, dramaturga y directora de teatro, sobre su segunda obra Ni te cuento cuanto. Con la actuación de Antonio Birabent y Victoria Raposo en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960, Palermo).

Esta obra escrita y dirigida por Carolina Barbosa, recorre con humor los matices de una pareja consolidada. Los protagonistas se interrogan cuestiones y planteos postergados, pero necesarios a la hora de encontrarse sentido a la existencia. Una joya del teatro independiente.

Ni te cuento cuánto, Victoria Reposo, Carolina Barbosa, Antonio Birabent

Entrevista a Carolina Barbosa, directora de ¨Ni te cuento cuánto¨

¿De qué se trata la obra, y cómo fue la realización?

Ni te cuento cuanto es mi segunda obra me interesa indagar en los vínculos humanos, y en los vínculos de pareja. Es una pareja de 40 años con una hija (que está fuera de campo), no la vemos en escena. Deciden dejarla al cuidado de los abuelos, y reencontrarse en un fin de semana, ahí comienzan los desencuentros. El encuentro y el desencuentro de las relaciones humanas es el motor que me hace escribir. Siempre busco contar vínculos, sin juicio, con mucha compasión, amor, piedad, humor. Lo que intento es sacar el velo a situaciones vedadas socialmente, así intento indagar desde el humor en la profundidad de los seres humanos, así nace esta obra.

Mientras estaba trabajando como directora de casting y coach en un largometraje conocí a Antonio Birabent y lo convoqué para uno de los personajes la obra. A raíz del trabajo con él, vi una veta humorística que no es muy habitual y le propuse hacer una obra en tono de comedia para que él la actúe y me dijo que sí, él nunca había hecho teatro.

Viste una faceta que aún no había explotado

Sí él es un actor maravilloso, ya conocía su trayectoria y su trabajo, pero vi que es una persona super graciosa con mucho humor, y le dije ¨voy a escribir una obra para que vos la actúes¨.

Señalas que la obra tiene que ver con reírse de uno mismo, reflexionar, el humor tiene que estar presente, ¿cómo lo pudiste plasmar en el guión?

Reírse de uno mismo es la base para hacer cualquier cosa, no sólo en el teatro, para la vida misma; tengo mucho humor conmigo misma. El humor es el motor y es el camino para hablar de cualquier cosa, con amor y respeto. No me sale escribir desde otro lugar. Cuando uno se ríe abre otros canales, abrís el corazón, esa información llega desde otro lugar, y se vuelve mucho más ameno. Para hacer humor el punto de partida es reírse de uno mismo para después reírse de otras cosas.

En un momento de reflexión de una pareja, si hay una situación tensa la risa rompe la tensión…

Exacto, desde el humor podes indagar, intento hacer una obra de humor pero hay reflexión. Esta obra es una comedia dramática, hay momentos en que la gente se muere de la risa y después te quedas con el corazón estrujado, y dicen ¨esto es muy fuerte¨, eso intento hacer y al parecer está resultando.

Reflexionar sobre la existencia tiene algo de filosófico…

Reflexionar sobre la existencia desde lo cotidiano, desde lo más llano. Esta es una pareja en su casa, se les cortó el wifi, se les cortó Netflix no tienen de qué hablar. Empiezan a hablar de su hija, de cómo le van a organizar el cumpleaños, del trabajo, de los deseos irresueltos, desde esos lugares. Yo tengo una filosofía simple y llana, pero que llega.

Una situación cotidiana que sirve de excusa para que estén solos, se encuentren y reflexionen

Sí, tal cual. A veces las mayores reflexiones, o las preguntas más grades, nacen de cosas intrascendentes, de diálogos pequeños, de cosas cotidianas. Yo he tenido grandes revelaciones a partir de cosas muy simples, como dejar la pasta de dientes destapada, ahí hay un mundo en una pareja. Siempre el punto de partida me parece que es simple y pequeño.

¿Disfrutas de escribir, de armar la obra?

Hace mucho tiempo que escribo y tengo una libretita con la que salgo siempre, y donde escucho cualquier diálogo que me resuena por algo lo anoto, puede ser disparador para escribir una obra, los guardo. Eso lo hice siempre, y el año pasado cuando hice el seminario de dramaturgia con Mauricio Kartun -que para mí es un gran maestro, lo adoro, ha sido muy generoso conmigo, me ha ayudado y asesorado con la obra- nos daba las técnicas que no están en ningún libro, y él me lo abaló y me lo explicó. Me resulta totalmente necesario. En esta obra hay diálogos de mi madre, de amigos y de desconocidos. El tema es hilar todo eso, el desafío está en unir todas esas partes. Mientras más voy escribiendo algo va ocurriendo más velozmente.

¿Cómo fue ver la obra que escribiste plasmada en el escenario?

La verdad que es mágico lo que empieza a ocurrir con los ensayos, porque yo puedo tener ideas en mi cabeza pero después cuando lo llevas a la práctica, cuando tenes el cuerpo vivo del actor, la plasticidad, la energía, empiezan a pasar otras cosas, que por suerte es superior a lo que yo escribí, porque empiezan a aportar algo que me parece mágico.

Lloro cuando veo plasmado un texto, una obra mía, es mejor de lo que hubiera imaginado. Igualmente mis textos son bastante cerrados de alguna manera, escribo con mucho ritmo, musicalidad, si bien escribo de manera coloquial, no soy Shakespeare, ni tengo un nivel poético inalcanzable, todas las palabras están puestas por algo, yo escucho música cuando escribo. Paso en voz alta el diálogo de los personajes y veo como suenan, la velocidad, la pulsión de la obra, el ritmo, las palabras. Luego se logra con la luz, la escenografía, el vestuario, y se va completando la idea, y una vez que está la cosa terminada, no lo podes creer. Para mi es magia, la alquimia que ocurre con el teatro, la denomino magia.

En esta oportunidad te tocó conjugar todas las partes para lograr esta obra

Sí, es como un rompecabezas de mil piezas, al principio me parece imposible, y una vez que empezaste las piezas empiezan a encajar. Comandar un equipo, llevar a delante un barco siendo la dramaturga, directora y promotora del proyecto, es bajar una seguridad al equipo, decirle confíen yo sé a dónde vamos, pero empíricamente no lo puedo demostrar en ese momento, por eso agradezco a las personas que confían en mí, trabajan y se entregan y estos actores lo han hecho de manera abismal. Ellos no ven el puerto, el rompecabezas se va armando a medida que lo vas transitando y uniendo las piezas. Pero también hay un momento de ese proceso que es una locura porque no la ves, y te genera pánico, y en esos momentos de angustia hablo con mis productoras que son lo más, y después el rompecabezas se termina armando, pero en ese proceso no es todo felicidad por más que uno tenga las herramientas, hay momentos que resultan desesperantes. Es un arrojarse al vacío permanente. Todo ese tránsito lo disfruto muchísimo, aún en los momentos de desolación yo confío muchísimo en el universo.

Y el alivio llega cuando el público recibe la obra, y aplaude, se va contento, se va reflexionando, la paso bien, ahí es el momento de sentir que culminó la mejor manera

Tal cual, es cierto eso que mencionas, porque hay todo un trabajo que es para adentro en el equipo de armar todas las piezas del engranaje, pero cuando lo sacas a fuera con el público, lo que ocurre es magia, cuando ves como encajo todo y sensibiliza a alguien que estuvo por fuera de ese engranaje, que se ríe o llora, decís está bien hecho, por supuesto que va a ver gente que no le va a gustar y es normal. Por suerte esta obra está recibiéndose muy bien, les genera emociones, atraviesa al espectador. Yo prefiero a alguien indignado con la obra, a alguien que luego de verla se vaya y no hable más de la obra, porque indignarse también es una emoción y quiere decir que también lo atravesó, no le pasó por el costado.

¿Qué se viene, cuáles son tus proyectos?

Terminé de escribir mi tercer obra, que se llama A cerca del verano en Buenos Aires, que yo creo que completa una trilogía porque también es sobre una pareja. Es una obra corta, dura 35, 40 minutos. Es una pareja, cada vez necesito menos elementos escenográficos. En la primera obra se daba en un mono ambiente, que se achicaba a medida que la relación se oprimía. En ni te cuento cuanto, está delineado por un cuadrilátero, y un sillón. En esta es el cuerpo de los actores y la luz de la heladera, porque se cortó la luz, así que tienen la iluminación de una heladera. Yo cada vez confío más en lo mágico que ocurre con el cuerpo de los actores, la emocionalidad, el guión y la dirección de eso. La escenografía me distrae un poco, por eso la llevo a la mínima expresión, el espacio se reduce cada vez más.  Yo creo que se completan como una trilogía de algo que quiero contar, y la vez sanar algo mío como persona, sanar de un montón de experiencias, me parece que hay algo de eso que se va a completar con llama A cerca del verano en Buenos Aires, que empiezo a ensayar la semana que viene.

Revista OZ

Romina R Silva es directora de Revista Oz, poeta, escritora, Lic. Comunicación Social UNLP. Conduce programa Zoom a la tierra, por FM 89.3. Coordina Talleres de Escritura Creativa. Es organizadora del Festival de Poesía en Lobos siendo parte del FIP.

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