Pintura: Antonio Seguí pintor, escultor e ilustrador cordobés

Si queremos conocer a un pintor que practica el absurdo y la ironía mientras trabaja, debemos recurrir a un joven de 84 años, residente en Paris pero más cordobés que el “molle” y la “piperina”.

Estamos hablando de Antonio Seguí nacido en Córdoba en 1934. Hoy pintor, escultor e ilustrador nacido en el seno de una familia acomodada, que le permitió ayudado por su abuela, viajar a Paris a los 17 años.  Asistió como alumno libre primero a la Academia de San Fernando en Madrid y más tarde a la Ecole National Superiere des Beaux Art de Paris.

Vuelve a Córdoba con regularidad, intentando estudiar abogacía  a fin de complacer un mandato paterno, pero abandona al cabo de un año  para dedicarse de lleno a su verdadera pasión, la pintura. Es allí donde realiza su primera exposición.  Al visitar Museos se sintió influido por Goya, Daumier y Gutiérrez Solanas, sin dejar de lado a artistas como Georg Grosz y Otto Dix, ambos alemanes, adoptando una figuración expresionista, cargada muchas veces  de angustia e ironía.

En 1957 conoce a Graciela Martínez con quien se casa, viajan a México donde se instalan y monta su taller. Conoce allí a David Siqueiros,  esperando encontrar una pintura que le permitiera desentrañar la esencia de América Latina, pero no fue así, vio en ella una obra remanida, académica y muy comercial.

Le da un enorme espaldarazo el actor Edward G. Robinson que visita su taller y adquiere varias obras que exhibirán luego en San Francisco.

En 1963, expone en la Bienal de Pintura Joven en Paris y a partir de allí comienzan sus éxitos. 1967: viaja a la ciudad de Lodz, y  gana el 1er Premio de pintura y meses después. Medalla de Honor en  el mismo país, Cracovia  (hoy Europa  del Este).

En 1968 recibe el Gran Premio de Honor en San Juan de Puerto Rico.

Regresa a la Argentina  para ver a su familia en Córdoba y no pierde su  tiempo, realiza ilustraciones en revistas y aplica para  una beca en Paris, que obtiene sin inconvenientes. Partiendo de allí,  como ya se dijera, su éxito no decae en ningún momento.

En los oscuros años 76/ 83 Antonio Seguí realizo obras de tintes dramáticos que le valieron  ásperas y severas críticas. Pero a pesar de eso debemos decir que nuestro pintor continuó realizando sus obras sin abandonar la agudeza el humor y la ironía.

Aún así  obtiene  premios y galardones en Buenos Aires y representa a Argentina  en la Bienal de Venecia en 1989  Si bien esto no es lo que más interesa al evocarlo, no será un detalle menor.

Divorciado de su primera mujer, casa nuevamente con Mónica Mortola con quien tiene cuatros niños: Octavio, May, Simbad y Venicce.  Reside aun en Paris, viajando frecuentemente a Córdoba

Sus obras sobre papel realizadas en carboncillo, pastel, pluma nos muestra al igual que su oleos a acrílicos un universo ciudadano y urbano cargado de simpatía irónica, burlesca y cómica.

En el 2005 el Museo de Arte Moderno de Paris realiza una muestra retrospectiva del artista que nos ocupa con muchísimo éxito.

Y para terminar este relato, dejamos para el final una obra, que habla de la ternura que aún lejos y tal vez por eso mismo, Antonio Seguí siente por su Argentina.  Nos referimos a un importante mural realizado sobre José de San Martin, en Boulonge Sur- Mer, Francia. Desde ya con la impronta juvenil risueña y despreocupada, de su lenguaje pictórico, sin abandonar los rasgos característicos de la “epopeya descomunal”. Cruzar los Andes a lomo de mula, con 4000 hombres regulares, 1200 milicianos y toda la batería necesaria para tamaña empres.

Se trata desde ya de una obra de ficción, basada en un memorable hecho histórico.    

Antonio Seguí nos muestra un personaje enérgico y erguido como el gran militar que fue.

Revista OZ

Ana Brüll es colaboradora de Revista OZ. Artista plástica, dirige el espacio de arte y cultura que lleva su nombre.

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