Arte: Federico Peralta Ramos, un personaje desopilante

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Nada hacía suponer que un niño nacido el día 29 de enero de 1939 quien llevaría el nombre de Federico Peralta Ramos, sería un personaje a todas luces desopilante.

No se podría describir en pocas líneas que este nuevo integrante de la familia estaría llamado a competir, con el elenco de portadores del apellido que él llevaría. Sería injusto admitir que el motivo de su éxito fuese sólo cargar con esa primaria herencia. El tiempo se encargó de demostrar todo lo que este personaje traía bajo su piel, además de hidalguía.

Federico Peralta Ramos
Federico Peralta Ramos

Cursó sus estudios en  el colegio Cardenal  Newman  y se aventuró a recibirse de arquitecto pero  sin éxito. Esto podría haber sido estigma suficiente como para considerarse no apto para pintar, escribir, cantar. Lo que le sobraba era valor. Éxito no le faltó, tampoco amigos. Circuló por el Instituto Di Tella vinculándose con encumbrados artistas: Julio Le Parc,  Jorge de la Vega,  Juan Carlos Distéfano  Marta Minujín,  quienes como él, adherían al arte más atrevido,  que cobraba cada vez más relevancia.

El arte Moderno había echado sus bases en Europa y EE. UU.  En oposición,  fue a no dudarlo un período que requería audacia y seguridad para romper con los cánones de belleza vigentes durante tantos siglos. En otras latitudes ya se habían intentado y Federico Peralta Ramos lo sabía.

El Instituto Di Tella había vaticinado claramente la “muerte de la pintura de caballete”. No faltó la imagen muchas veces repetida de un caballete de pintor rodeado de una corona fúnebre. Ese periodo de cambio en el arte, no podría producirse  sin la intervención de personajes audaces como fue el artista  que hoy nos ocupa.

El I.T.D.T. albergó a éste y otros artistas, ya mencionados, que de la mano conformaron un heterogéneo grupo que  por tan disparatado no pudo mantenerse en el  tiempo.

Un artista innovador

Federico obtuvo el  Premio Nacional del Instituto, en 1965 cuya obra fue, un “Gigante Huevo” de cemento que hoy se observa en la bajada de San Martin y Ricardo Rojas, frente a la Plaza del mismo nombre en Retiro.

Este huevo tiene una risueña historia, ya que fue construido en el interior de su taller y a la hora de retirarlo para su exhibición,  se cae en la cuenta que no hay  aperturas que lo permitan.  Razón por la cual  hubo que destruirlo y el que hoy se exhibe no es el original. Situación disparatada del artista que hoy nos ocupa.

El afirma burlándose de sí mismo que: “pinta  sin saber pintar, escribe sin saber escribir y canta sin saber cantar¨.

Fue un loco lindo, lleno de humor, sencillez y candor, olvidando su estatura de hombre, manteniendo a toda costa su alma de niño.

No debemos olvidar a Jorge Romero Brest,- quien le otorgara en el Instituto Di Tella el Premio Nacional en 1965. Ambos fueron adorados y denostados casi en la misma medida. Fue este quien acogió en sus filas a las figuras  que con sus obras transformarían el panorama artístico del momento.

Federico P. Ramos no fue ajeno a este movimiento. Casi se podría decir que fue uno de los más  fervientes opositores “al arte tradicional”. Sin embargo, junto a Romero Brest eran críticos, pero a su vez contradictorios. Entre ambos pusieron al mundo del arte “Patas Arriba”. Seguidores del movimiento Dadaista y de Marcel Douchamp, no se cansaban de proclamar que La vida es Arte.

No solamente debemos recordar el “Huevo” del que se habló en párrafos anteriores, sino de una compra disparatada que hizo en la Sociedad Rural durante una subasta, de un toro campeón al que se negó a pagar, alegando que se trataba de una simulación artística. Sus parientes debieron  declararlo insano, para evitar que fuera detenido, por autoridades policiales.

Rafael Squirru, muy conocido en el mundo artístico era asiduo concurrente al Instituto Di Tella y Federico preguntaba frecuentemente si su opinión con respecto a él, seguía teniendo vigencia, cosa que a él, lo tranquilizaba. Y no eran mentiras compasivas, ya que aún hoy, tantos años transcurridos, sigue siendo el artista más contemporáneo y vanguardista de nuestra escena. Fue él quien generó una revolución universal, sin abandonar su territorio.  

Se comió la Beca Guggenheim

Alrededor de los años 60 realiza una exposición en la Galería Vignes en EE.UU y aplica para la Beca Guggenheim con recomendación del arquitecto Clorindo Testa, que también participa.

En 1968 realiza una intervención con objetos cotidianos y obtiene la Beca. Al recibir parte del importe de dicho premio, tendría la obligación de realizar un proyecto artístico y presentarlo ante las autoridades. En su lugar Federico Peralta Ramos realiza en el Hotel Alvear una cena para varios artistas y luego bailan y toman unas copas en la Boîte África.

Ante el reclamo de la Fundación Guggenheim por no utilizar el dinero para la realización de un proyecto, replica. “Una de las razones que me impulsaron a este tipo de manifestación, es la convicción de que “La vida es una obra de arte” y si bien Leonardo Da Vinci había hecho “La última cena” el  dio  “Una Cena”.

En esa respuesta escrita a la “Fundación” da cuenta detallada de sus gastos prolijamente y otras de  regalos ofrecidos a sus padres. Dicha carta se ha transformado en un objeto de arte ya que aún hoy, continúa expuesta, en las instalaciones de la Fundación Guggenheim NY.

¿Habrá comprendido dicha Fundación que sin lugar a dudas, estábamos en presencia de una nueva era?

El tiempo lo confirmó, pero fue breve. A partir de allí los movimientos pictóricos sufrieron cambios sustanciales y rápidos. Los artistas miran hacia adelante y hacia atrás tratando de encontrar una justificación en el devenir diario, pero las agujas del reloj marchan tan de prisa que no se alcanza a seguir el compás.

Revista OZ

Ana Brüll es colaboradora de Revista OZ. Artista plástica, dirige el espacio de arte y cultura que lleva su nombre.

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