Conversaciones con la eternidad: La obra olvidada de Víctor Hugo

Según escritos descubiertos después de su deceso, a Víctor Hugo se le apareció La Muerte pero no para llevárselo, sino para decirle que su trabajo prevalecería a través del tiempo. Y así fue, Víctor Hugo trascendió y sigue conmocionándonos con su obra.

La Muerte le dijo la verdad un 29 de septiembre de 1854, cuando el escritor la invocó para sostener una conversación con ella, como la tuvo con Dante, Aristóteles, Moisés y Napoleón, entre muchos otros próceres nacidos y muertos mucho tiempo antes de su época.

Conversaciones con la eternidad -la obra maestra olvidada de Víctor Hugo-, revela la afición que adoptó el poeta y dramaturgo francés por el espiritismo durante 1853, después de su destierro de París, al ver amenazada su libertad y la seguridad de su familia por el gobierno tiránico de Napoleón III, con quien no congeniaban sus ideales políticos que expuso tiempo después en algunas de sus publicaciones.

En este libro, traducido y comentado por John Chambers, se tiene acceso a los escritos que dejó Víctor Hugo sobre su contacto con una pléyade de espíritus: filósofos, escritores, músicos e incluso hadas y arcángeles que le revelaron la existencia de otros seres similares y diferentes a nosotros más allá del Sistema Solar. Víctor Hugo dejó testimonio de aquellas revelaciones de ultratumba que le confiaron nuestra misión en la corta vida que tenemos para que el sufrimiento humano no sea tan terrible.

El primer libro basado en estos escritos fue publicado en 1923, titulado Chez Victor Hugo: les tables tournantes de Jersey (La casa de Víctor Hugo: las mesas giratorias de Jersey), de Gustave Simon, editado por Conrad, en París. Previo a las reveladoras conversaciones en las que sobresale también Jesucristo, la introducción escrita por el parapsicólogo Martín Ebon asegura que la afición adoptada por el autor de Los miserables al espiritismo lo llevaría años después a ser considerado “un Santo” dentro del tercer movimiento religioso más grande, después del catolicismo y el budismo, conocido como Cao Dai.

Fundado por Minh Chieu, el cadoísmo (“la tercera alianza entre Dios y el hombre”) representa el tercer intento de Dios para comunicar la esencia de la vida y su existencia a la humanidad. La relación del novelista con esta secta que amalgama principios religiosos orientales y occidentales basados en las tradiciones espiritistas, consiste precisamente en los escritos que dejó a raíz de su contacto con los muertos.

UNA FAMILIA QUE HABLABA CON LOS MUERTOS

Fue después del destierro, el 5 de agosto de 1853, en la Isla de Jersey, cuando el escritor de El Jorobado de Nuestra Señora de París y su familia se vieron atraídos por un fenómeno que pronto se transformaría en una moda mundial: hablar con los muertos.

Aunque el contacto es como se asocia en la actualidad, a través de los llamados mediums, en aquella época la comunicación con los espíritus se basaba también en los golpes y giros que daban unas mesas redondas utilizadas para el acto. Esto hacía complicada la interpretación de los mensajes, pues en dicho diálogo un golpe correspondía a la letra “A” y 26 a la “Z” para formar así las palabras transmitidas por los invocados.

Hugo tuvo varios hijos, entre éstos dos mujeres, una de ellas Leopoldine, quien murió ahogada junto con su esposo a los 19 años de edad y con tres meses de embarazo, al hundirse una pequeña embarcación en la que paseaban por el río Sena, en Villequier. Faltaban dos meses para finalizar 1843. Fue Leopoldine la primera que le habló al escritor, escéptico al principio de la moda adoptada por su esposa y sus otros hijos en una isla desolada, bajo soberanía británica y donde Hugo se sentía en un agujero aún a 322 kilómetros de París. Fue aquella charla con su hija -un 11 de septiembre de 1853- la que daría origen al futuro Santo para los vietnamitas practicantes del Cao Dai. Después, charlarían con él Galileo, Platón, Mozart, Judas, Juana de Arco y Mahoma entre muchos otros.

He aquí algo de lo que le dijo Cristo sobre las religiones:

“…Perdóname, mi Dios, pero el cristianismo toma venganza, el cristianismo lleva lejos, el cristianismo castiga incesantemente. El cristianismo muere en la cruz y tortura en las elevadas alturas del cielo.Convierte la noche en la voluntad oscura de la muerte. Habla melancólico al pecado, se preocupa por el alma. Es la caída en el cuerpo y no el vuelo del alma. El druidismo implora con el cuerpo viviente, el cristianismo martiriza el cadáver. El cristianismo quiere el cielo en llamas, el druidismo desea a la tierra empapada de sangre. El cristianismo es, como todas las cosas humanas, progreso y mal. Es la puerta de la luz que está cerrada con la noche. La llave está frente a la puerta; el transeúnte abre la puerta y piensa que está en presencia de Dios; pero el transeúnte está equivocado. Dios es aquel que no está allí; Dios es aquel que está eternamente en vuelo…”.

LAS APASIONADAS OBSESIONES DE VÍCTOR HUGO

Pregunto ahora: ¿Quién no ha sido movido por la duda de lo extraño, de lo oculto, de los fenómenos sin respuesta como lo es el origen de la vida misma? Víctor Hugo no fue la excepción, pero este libro es algo más que un encuentro con lo paranormal, con lo sobrenatural. Su contenido invita a la reflexión por la misión que demandan de nosotros desde el Más Allá celebridades de la música, la filosofía, la literatura y la historia.

Muchas de las conversaciones que sostuvo la figura dominante de la literatura del siglo XIX no han sido traducidas. Sin embargo, con estos breves diálogos con los muertos desentrañamos las pasiones y obsesiones de Víctor Hugo durante su exilio en Jersey, sin duda, como se lo auguró La Muerte, un genio que sigue conversando con nosotros a través de sus libros, del tiempo.

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Colaborador en Revista Oz. Periodista, escritor y músico nacido en Nuevo Laredo, Tamaulipas, México.

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