Continúa la polarización tras las PASO

La duda es aquel ejercicio reflexivo que cada persona que se auto-percibe politizada se debe a sí misma. Esta nos permite salirnos de las emociones inmediatas que nos invaden a partir de un estimulo. Toma distancia, enfría y detiene. Muchos análisis, buenos en su gran medida, han surgido posterior a las ultimas PASO.

Uno muy sugerente de José Natanson escrito para el diario Página 12 del día 17/08/2017 generó, afortunadamente, mucho revuelo. Principalmente por el uso de dos categorías ampliamente mencionadas en el lenguaje político argentino, pero con interpretaciones diversas. El uso de categorías tales como República y Democracia, centran el núcleo de este debate.

¿Una vuelta hacia lo nuevo?

La pregunta por la necesidad de pensar en términos de una nueva derecha resulta crucial para entender este nuevo fenómeno que gobierna Argentina.

En primer lugar el gobierno tiene una especial tendencia a instalar en sus discursos la dicotomía Republica-Populismo. Desde estos dos significantes logró establecer certeramente entre sus votantes la representación semántica de lo que el kirchnerismo denominaba “modelos”. República y Populismo son dos términos utilizados por este gobierno como categorías éticas de ejercer lo político, nada más seductor ni necesario que vanagloriase desde la misma. Por eso llevó para un lado la corrupción, el exceso demagógico y el autoritarismo y, la transparencia, la mesura y el dialogo para el otro.

No se sentó a discutir modelos, discutió formas de representación de lo ético. Horacio González categorizó esto como la tesis de la “impostura”, asociar cualquier medida política con algún entramado corruptivo, siempre alrededor de un fin oscuro. La reafirmación misma de una identidad política desde el odio ideológico.

Pero no se ganan elecciones, y menos aún se gobierna, solo con un efectivo discurso mediático. Gobierna con un sentido horizontal. En primer lugar porque hizo del error, el pedido de disculpas y la corrección del mismo una aparente virtud. Esto vislumbra dos elementos: en primer lugar que la política (en su versión de administradora de la cosa pública) es algo cotidiano, que se rutiniza y se nos acerca. No es la versión arendtiana de lo inédito, lo que irrumpe y pone algo nuevo en el mundo. En segundo lugar mostró ser un captador serial de un cierto humor social, el que en este momento le permite formar una mayoría. Las formas por encima del contenido, revirtió una formula. Hicieron del republicanismo una táctica ideológica, no una cuestión programática y efectiva.

EL EJERCICIO DE LA DEMOCRACIA

La democracia es en la cultura política Argentina un valor medular indiscutible. La nefasta sedimentación dictatorial de nuestra historia ha hecho de la legitimidad electoral un valor fuerte en nuestro sistema político. Pero la democracia no solo se mide en el valor de las urnas. Se mide también en el ejercicio cotidiano. El gobierno nacional mantuvo, y en algún aspecto amplió, el margen de cobertura social heredada del periodo anterior pero no ha continuado con la creación de nuevos instrumentos de inclusión. La rueda de ampliación de derechos se ha detenido. El diálogo como medida de valor democrático se circunscribe a los escritorios y las fotos, mientras que en las calles, el lugar predilecto para el ejercicio de la política, han vuelto las viejas políticas represivas para imponer el derecho individual por sobre el colectivo. La búsqueda de la atomización de los ciudadanos tiene dos vías: despolitización (impostura) y represión.

El polo conservador por primera vez se encuentra cara a cara en el ejercicio del poder formal. Un encuentro tenso entre deseos y realidades. En muchas cuestiones han logrado adaptarse y esto le permite ampliar los márgenes de tolerancia de aquel voto otrora kirchenerista. Sin lugar a dudas del  54% del 2011 al 51% de 2015 muchos votos han migrado de un sector al otro así como las prioridades que se atienden.

Sin dudas la capacidad de adaptarse y someter, por ahora, el deseo a la realidad le da un resultado electoral positiva a la actual gestión, pero los deseos no se ocultan por siempre y ahí se develará si estamos en presencia de una nueva derecha republicana y democrática o frente a una repetición trágica de si misma.

Revista OZ

Tomas L Armani es colaborador de Revista OZ. Lic. en Ciencias Políticas con especialización en teoría y filosofía política (UBA), actualmente cursa un posgrado en Filosofía Política en la UNGS.

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