Selección Argentina: Al borde del abismo

La Selección Argentina de Fútbol es un elemento constitutivo de nuestra identidad como argentinos. Presente en la primera final del Mundial, sin participar de México ´70 por problemas similares a los que nos aquejan hoy, campeona del mundo en 1978 de la mano del Matador Kempes, en un Mundial organizado para distraer a la opinión pública y tapar el terrorismo de Estado utilizado para implantar un modelo económico neoliberal, y campeona en México de la mano de un Diego Maradona asombroso que pergeñó la mejor actuación de un futbolista en la historia de las Copas del Mundo.

Todo eso es parte de nuestra identidad futbolera, de una idiosincrasia que nos lleva a pensar una y otra vez que somos los mejores del mundo en todos los ámbitos, desde la habilidad y la gambeta, en la sangre de potrero y en la fiesta folclórica de nuestras tribunas. Todo esto nos hace creer que es lógico que sí o sí debamos ganar y superar SIEMPRE al rival. Y si encima tenemos al mejor jugador del mundo de los últimos diez años, la locura colectiva se potencia.

Hinchas Argentinos Foto: Telam
¿Por qué estamos al borde del abismo?

El problema es que esta idiosincrasia futbolera argentina nos llevó a pensar que con Messi sí o sí ibamos a ser campeones de todo, que nada ni nadie nos iba a poder parar y que el jóven Lionel iba a convertirse en una especie de Messías destinado a salvarnos del ostracismo y de la ausencia prolongada de éxitos y a repetir cada uno de los pasos que antes había dado Maradona. Todo esto nos llevó a arrojarle a un pibe en crecimiento una presión insostenible e insoportable de “ser el nuevo Maradona”: no importa quien sea el DT ni apuntar a un proyecto de muchos años de trabajo, desde sus 18 años cargamos sobre Messi la responsabilidad de ser el nuevo Diego redentor, un caudillo líder capaz de ganar partidos, copas y Mundiales por sí solo y, si no lo logra, será porque es un pecho frío o un fracasado. Somos incapaces de entender que esta comparación es totalmente destructiva, que Maradona hubo y habrá uno solo y que no debemos insuflar una falsa presión sobre el crack del FC Barcelona, sino apreciarlo por lo que es y no por lo que nosotros, el pueblo futbolero argentino, creemos que debe ser.

Maradona y Messi
Maradona y Messi Foto: Telam
LAS FRUSTRACIONES ACUMULADAS

Perdimos la final de la Copa America 2007 con un equipo de alto vuelo conducido por Juan Román Riquelme y con destellos del mejor Messi, vapuleados en la final por un Brasil que recurrió a faltas estratégicas para frenar el circuito de la selección del Coco Basile y que arriba arrolló con un Julio Baptista demoledor. Perdimos el Mundial 2010 que pensamos que íbamos a ganar indefectiblemente, sustentados en la mismísima mística maradoniana que llamaba a “no comernos el chamuyo de Alemania”, en un Martín Palermo héroe y en una delantera temible con Messi-Tévez-Aguero como estandartes. Nos fuimos con una paliza categórica en cuartos de final. Perdimos en Brasil 2014 llegando hasta el séptimo partido ante el mismo rival (que apostó al trabajo a largo plazo durante más de 8 años para llegar a ese lugar y que venía de golear 7 a 1 al local, al país con más Mundiales ganados). Incluso jugamos ese partido final con inteligencia y fluidez, siendo superiores a la Alemania de Joachim Löw y generando más chances de gol que el rival, pero sin conseguir la tan necesaria efectividad cuando más la precisábamos. Y perdimos -a continuación- dos Copas Américas seguidas ante la mejor Selección de Chile de su historia, con dos DTs diferentes (Sampaoli y Pizzi) pero un estilo de juego definido edificado durante años (desde un Marcelo Bielsa fundacional). En lugar de vivirlo como un logro, las 3 finales seguidas se convirtieron en una cruz imposible de cargar y fuimos incapaces de trabajar sobre los errores manteniendo las virtudes que nos llevaron a jugar partidos decisivos. En ambas finales de Copa América pecamos de cambiar la estrategia que nos había llevado hasta ahí (anteriormente hemos escrito sobre la final del 2015: , con sendos planteos del Tata Martino que (sobre) respetaban al rival en lugar de enaltecer la bandera del fútbol de presión alta y posicionamiento ofensivo practicado durante ambas copas hasta las fatídicas e idénticas finales.

Pero en lugar de aprender de los errores cometidos y de honrar a una generación de futbolistas que pusieron a la Selección en lugares de élite después de muchos años (sin ir más lejos no llegábamos a una final de Copa del Mundo desde Italia 1990, con el propio Diego Armando Maradona en cancha) y de trabajar a largo plazo sosteniendo un proyecto (ya sea con Sabella de DT o con el propio Martino), de seguir apostando a la formación de selecciones juveniles, tiramos todo por la borda y quedamos presos de un frenesí absoluto que parece conducirnos inexorablemente hacia el abismo. Incapaces de entender qué es lo que realmente debemos mejorar para potenciar a Lionel Messi.

Lionel Messi Foto: Telam

El clamor popular por éxitos absolutos (ser campeón o nada, la gloria o Devoto) nos llevó a buscar constantemente culpables individuales: primero los DTs como Bauza que son echados ante malos resultados en pleno proceso, luego los ataques al Pipa Higuain por no haber podido convertir en finales o a Fideo Di María por haber sufrido lesiones ante la presión de instancias decisivas. Y el colmo: atacar a Messi por no ser como Maradona, llamarlo ¨pecho frío¨ es no entender que nunca habrá nadie igual a Diego Armando Maradona y que lo mejor que le puede suceder a Lionel es entender que no tiene por qué ser igual a Diego, que debe jugar tranquilo respetando su propia esencia: jugar al fútbol como sabe, sin presiones ni (falsos) mandatos imperativos. La comparación entre ambos cracks impide entender que sus características futbolísticas y temperamentales son totalmente diferentes y que cada uno debe escribir su propia historia (los futboleros argentinos tenemos que seriamente dejar de esperar que Lionel se convierta en un nuevo Diego redentor).

Los verdaderos problemas de fondo

Además, estos ataques a Higuain, Di María, Messi o al mismísimo Mascherano, distraen la atención de los verdaderos problemas estructurales fundamentales para entender la situación actual. Hace años que la AFA se encuentra sumida en la anarquía: la muerte de Julio Grondona pre FIFA Gate abrió la puerta para la presidencia interina de Luis Segura que dejó al fútbol argentino en terapia intensiva. Sin un proyecto para la Selección mayor ni mucho menos para los combinados juveniles, con corrupción estructural y despilfarro de los abultados ingresos por el contrato con el Estado por el Fútbol para Todos, con una escandalosa elección en la que se impidió la victoria de Marcelo Tinelli y Matías Lammens a través de una burda maniobra de fraude electoral que terminó con una elección de 75 votos en el famoso 38 a 38 (que muchos atribuyen al todopoderoso Daniel Angelici).

Con el cambio de gobierno a nivel nacional el poder del Presidente de Boca Juniors en AFA se acrecentó sideralmente y fue él el que digitó la intervención directa a través del “Comité Normalizador”, organizada por el mismísimo Fernando Marín, gerenciador de Racing y amigo personal del Presidente Mauricio Macri, por ordenes directas de la Casa Rosada. El principal objetivo del Comité Normalizador no fue proyectar a largo plazo para potenciar al fútbol argentino en todas sus categorías (incluyendo las juveniles y el fútbol femenino) sino, lisa y llanamente, terminar con el fútbol gratuito y devolver el negocio de la televisación a las grandes empresas privadas. Esta transición dejó a los clubes momentáneamente desfinanciados y en muchos casos al borde de la quiebra (recordar el paro de futbolistas en febrero de este año). Mientras las disputas de poder dirigenciales dejaban a la AFA sin ningún tipo de organización ni proyecto, a las selecciones juveniles en la anomia misma y se cargaban al propio Martino que había llegado a dos finales de Copa América armando un equipo sólido, el Chiqui Tapia se convirtió en el nuevo Presidente de la AFA en marzo de este año, con el poder real en manos de su socio Daniel Angelici.

Messi se quejó (“son un desastre”) en plena Copa América Centenario 2016, Martino renunció por el caos antes de los Juegos Olímpicos de Río 2016, con la Argentina en la primera posición de la tabla general de las Eliminatorias mundialistas. Brasil, en cambio, apostó y ganó en los Juegos Olímpicos y desde ahí no paró de crecer. Bauza llegó de la mano del Comité Normalizador en medio del caos y ante las primeras derrotas fue eyectado del puesto por el nuevo Presidente de AFA en abril, de forma totalmente desprolija -faltando solo 4 partidos para el final de las Eliminatorias. Sampaoli se convirtió así en el DT de la Selección en un ambiente enturbiado y la suerte no lo acompañó (aunque el final de Colombia-Paraguay del día jueves puede convertirse en una página fundamental de la historia del fútbol argentino).

Selección Argentina
Selección Argentina Foto: NA
LA PEOR PESADILLA, ESTAMOS AL BORDE DE LA ELIMINACIÓN

Todo esto nos lleva al momento actual: al borde de la eliminación del Mundial de Rusia 2018 y obligados a ganar para no depender de otros resultados. El pueblo argentino quiere ganar como sea (salvo comprando arbitros o rivales) en Ecuador para llegar mínimamente a un dificilisimo repechaje… pero una ansiada victoria no debe taparnos el bosque: si no apostamos a un proyecto a largo plazo (y Sampaoli y Becacece parecen ser los indicamos), si no dejamos de cambiar de directores técnicos con estilos opuestos de un año al otro, si no generamos  un proyecto integral de formación de juveniles, si no saneamos nuestro fútbol en lo dirigencial (desde aquí incluso proponemos que los propios socios de los clubes voten al Presidente de la AFA así como votan a sus propias Comisiones Directivas) y si no trabajamos sobre la parte anímica y psicológica (sacándoles una falsa presión masoquista) a esta generación de futbolistas que tan cerca nos pusieron de la gloria, el frente de tormenta se va a hacer cada vez más grande y el horizonte va a continuar siendo gris. 

En cambio si los dirigentes anteponen los intereses del fútbol argentino a los personales y los hinchas logramos salir de la situación de frenesí colectivo, si entre todos apostamos a un necesario proyecto a largo plazo y se logra el orden necesario en la AFA, si direccionamos el talento individual hacia el funcionamiento colectivo…quedate tranquilo Leo, como consecuencia del trabajo realizado, si no es en Rusia, será en Qatar, pero la gloria va a llegar.

Selección Argentina Foto: Telam

Revista OZ

Matías Costantini Rose es colaborador de Revista OZ. Sociólogo (UBA). Realizó el Programa de actualización en Periodismo Deportivo (UBA). Escribe en su propio sitio Conciencia y Gambetas.

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