Teatro: El Emu cumple 10 años de teatro social y educativo

Se cumplen 10 años de la primera función del Elenco El Emú, que desde hace una década propone obras itinerantes, como ¨El club de las mujeres muertas¨ y ¨Crecer en tiempo violentos¨, que apuntan a pensar, reflexionar y preguntarnos a nosotros mismos qué nos sucede como sociedad.

Federico Coniglione y Florencia Marsala estuvieron llevando sus obras teatrales a las escuelas de Mendoza, trabajando con jóvenes y adultos sobre violencia de género, bullying, diversidad sexual, embarazo adolescente, bulimia y anorexia, entre otros temas. Un trabajo artístico militante con el fin de lograr una una sociedad menos violenta y más tolerante. 

Federico Coniglione y Florencia Marsala
Federico Coniglione y Florencia Marsala
¿qué significa para ustedes poder realizar este trabajo? 

Poder realizar este trabajo nos llena de orgullo y también de mucha responsabilidad, porque las problemáticas que trabajamos desde el teatro son complejas, eso merece que se las trate y profundice con un respeto que nos ha obligado en los últimos años a formarnos en esas problemáticas desde lo teórico y lo práctico, más allá de la formación específicamente teatral. Eso significó atravesar por un proceso de formación y búsqueda de material audiovisual, literario, encontrarnos con referentes de organizaciones para que nos orienten en el abordaje de algunos temas, psicólogos/as, médicos/as, docentes, etc. Este proceso fue sumamente necesario porque nuestras obras de teatro son seguidas de talleres debates, en los cuales las emociones a veces quedan a flor de piel, las obras pueden ser disparadoras de muchas historias que hasta ese momento estaban dormidas entre el público, y que al despertarse hay que saber contener desde lo emocional.

SOBRE LOS INICIOS 

Creamos un elenco motivados por la necesidad de compartir y transformar problemáticas complejas de nuestra sociedad, como el bullying o la violencia de género. Sin ser conscientes de lo que hacíamos al principio nos fuimos desconstruyendo desde lo personal y lo colectivo, replanteándonos nuestras propias existencias de vida, nuestras actitudes y modos de relacionarnos con amigos y amigas, con familiares y con el entorno en el que vivimos. Por eso El Emú significó en los comienzos un proceso de aprendizaje y transformación para los dos, también para parte del público que nos veía. Hoy para ambos significa un estilo de vida plenamente ligado a la militancia social y educativa. 

SOBRE LA ADAPTACIÓN DE LA OBRA A DIVERSOS ESPACIOS

Algo para destacar es que prácticamente no usamos escenografía, sólo dos sillas que estén en el lugar a donde vamos. A donde nos convocan llegamos con nuestras mochilas cargadas de pelucas y vestuarios. Eso nos ha permitido poder adaptarnos a todos los espacios y contextos geográficos, transformando un aula, una sala, un patio, una calle, cualquier rincón, en un teatro, un teatro sin luces, sin butacas, sin técnica. Eso significa un doble desafío, generar una magia que no sólo parte del actor y la actriz, si no desde el público, protagonista esencial para darle sentido a todo lo que se expresa en escena y todo lo que se genera alrededor. 

¿Qué se genera al vincular el arte con lo social?

Se genera un puente entre personas que por razones económicas y/o geográficas nunca pudieron ver teatro u otra expresión artística. Y desde nuestro carácter de elenco de teatro itinerante, llegamos a distritos o parajes de la provincia muy alejados de la ciudad, en el medio del campo, cerca de la frontera, en zona de montañas, o escuelas y barrios urbano/marginales, asentamientos, y todo tipo de contextos y espacios socio-económicos que se les ocurra, desde un colegio privado religioso en plena Capital a una escuela albergue a más de 300 km de la Ciudad. Esto genera conexión, una red inagotable entre docentes, estudiantes y el elenco, porque seguimos en contacto a través de las redes sociales, incluso después de las funciones y los debates, porque dejamos en las escuelas material para que sigan trabajando en las distintas materias con las temáticas que proponemos, generando que las funciones sean un disparador para seguir reflexionando, indagando, profundizando, desconstruyendo, para seguir trabajando en cada una de las problemáticas más allá del tiempo. 

Vincular el arte con lo social también genera que el público reconozca a través de las obras que el teatro (y el arte en general) no sean simplemente una actividad de entretenimiento, si no que con el arte se pueda cuestionar, plantear una problemática y posibles soluciones, adentrarse en la reflexión para transformar desde el debate y el intercambio de miradas nuestras propias experiencias y la de la comunidad que nos rodea, porque en definitiva lo que siempre hemos creído y sostenido desde El Emú es que el teatro es, principalmente, una herramienta de transformación social, un espejo para reconocernos en los personajes como miembros de una sociedad que tiene mucho por cuestionarse, mucho por desconstruir para volver a construirnos desde lo individual y lo colectivo hacia una sociedad más justa e igualitaria. 

Algunas experiencias favorables 

En diez años las experiencias abundan. Anécdotas hay muchísimas! Una vez fuimos a un barrio marginal y conseguimos que el sacerdote de la parroquia nos preste un lugar en el iglesia para hacer la obra para un grupo de mujeres vecinas del barrio, la mayoría víctimas de violencia, cuando el cura se enteró que la obra se trataba sobre violencia de género nos cerró las puertas del lugar y no dejó entrar a nadie. Terminamos haciendo la obra en el comedor de la casa de una vecina, con el vestuario apoyado en la mesada, el marido durmiendo la siesta en la pieza de al lado y los niños del vecindario corriendo alrededor por todos lados. Un caos, muy teatral. Después vino el debate que fue increíblemente profundo y motivador por todo lo vivido. 

Yendo un poco más en el tiempo, solemos destacar una experiencia que nos sucedió en el debate de una de nuestras primeras funciones. Después de ver y debatir en un CENS a partir de la obra sobre violencia de género, un adolescente de 15 años se nos acercó y nos contó que golpeaba a su pareja (una adolescente de 17 años) y que después de ver la obra había quedado tan impactado que necesitaba pedirnos ayuda, que quería cambiar porque sentía que todavía estaba a tiempo. Fue una situación muy incómoda y difícil, sentíamos que nos faltaban herramientas para abordar la situación, pero por suerte con el equipo de docentes de esa escuela se comenzó un trabajo largo de contención para trabajar en el caso. 

Con esa misma obra, a lo largo de los años son varias las experiencias de mujeres que en los debates han contado en público, por primera vez, sus experiencias de violencia de género, en manos de novios, maridos, ex parejas, mujeres de las cuales varias llegaron hacer denuncias que avanzaron y terminaron con la justicia separando del hogar a los golpeadores. Después de largos procesos personales, algunas de esas mujeres formaron una nueva vida. Incluso, muchas veces sucedió, ante el asombro de los estudiantes, que profesoras o directoras contaran experiencias propias sobre violencia de género, dejando en claro que esta problemática atraviesa todas las edades y clases sociales. 

Con la obra sobre bullying, sucedieron varios casos de adolescentes que confesaron que son homosexuales ante sus compañeros, compañeras y docentes; alumnas que han contado experiencias sobre bulimia y anorexia; grupos de jóvenes enfrentados y enfrentadas en batallas campales que han hecho acuerdos y pactos de no violencia y ellos/ellas mismos/mismas han empezado campañas contra el bullying para concientizar a demás jóvenes. 

Una de las experiencias más hermosas de estos últimos años, fue cuando estudiantes de un secundario súper vulnerabilizado y estigmatizado, nos pidieron el guión de la obra para ser interpretada por el curso, nos invitaron a ver la función y demostraron (como lo demuestran la mayoría de los y las adolescentes para quienes actuamos), que a pesar de vivir y crecer en tiempos violentos, sin dudas la juventud no está perdida.

Revista OZ

Romina R Silva es directora de Revista Oz, poeta, escritora, Lic. Comunicación Social UNLP. Conduce programa Zoom a la tierra, por FM 89.3. Coordina Talleres de Escritura Creativa. Es organizadora del Festival de Poesía en Lobos siendo parte del FIP.

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