Freddie Mercury, el gran simulador: ¿Es real o fantasía?

La idea de “Bohemian Rhapsody” como retrato de la vida de Freddie Mercury tuvo su origen hace una década y desde el comienzo no fue una producción fácil. Varios de los contratiempos se debieron a cambios de actor principal por diferencias creativas a la hora de realizar una película explicita o para un público general, eligiéndose esta última.  Dicha decisión no conlleva nada erróneo por sí misma, y si bien la película cuenta con aspectos destacables como la actuación de Rami Malek y el clímax musical inolvidable, son otras pobres elecciones narrativas las que disminuyen su calidad.

Rami Malek interpreta a Freddie Mercury
Rami Malek interpreta a Freddie Mercury

Uno de los tantos puntos de la trama es la sexualidad del cantante, la cual no es un misterio para nadie. Por más que el cantante nunca lo hablara explícitamente en la realidad (y no tenía por qué hacerlo), siempre fue expresado a través de su arte, ya sea con el vestuario usado arriba del escenario hasta la influencia de la música electrónica de principio de los ochenta, género musical popular en la comunidad LGBTQ frecuentada por el cantante en Nueva York y Múnich.

No se le puede restar importancia a este aspecto cuando se analiza el contexto y las grandes dificultades que Freddie tuvo que sobrellevar a nivel personal y artístico, ya que la religión zoroastrista de su familia,  y el mundo donde desarrollaba su carrera compartían la misma herteronormativa dominante.

Dicha conflictiva es válida de explorar en cualquier medio, pero rápidamente entra en conflicto con el intento de la banda por mantener su imagen intacta. Luego de que Freddie asume su sexualidad, sus compañeros comienzan a distanciarse sin un intento por comprenderlo, y se adopta un punto de vista moralista frente a su estilo de vida promiscua (que por continuidad la película no logra distinguir bisexualidad de promiscuidad), perdiendo la oportunidad de involucrarnos con Mercury como persona conflictuada por circunstancias de su vida.

 Lucy Boynton como Mary Austin, la novia de Freddie

En un momento Freddie queda solo en su gran mansión donde su única compañía son sus gatos e invita a cenar a su amigo y baterista de la banda Roger Taylor, pero este no puede ya que tiene que estar con su esposa e hijos. ¿Roger no podía invitar a su familia? ¿Freddie “no puede” ser invitado a su hogar? Ya quedó claro que la promiscuidad es lo que molesta a la banda pero ahora sólo quería cenar acompañado, ¿Entonces se está implicando que el verdadero problema es su sexualidad  en general o ambos cuentan con conflictos emocionales que desconocemos? Estas preguntas son algo que la película nunca se atreve a realizar, lo que convierte a estos elementos en meros recursos narrativos para crear conflicto en la trama.

Escena de la película

Además se agrega que no se involucra al espectador activamente desde la edición: Se establece una acción, el desarrollo pasa en montajes que representan el paso del tiempo (enfocados sólo en lo artístico) y luego los personajes discuten sobre lo que sucedió a nivel personal en ese intervalo, aunque nunca fue puesto en escena. Esto causa una desconexión emocional en hechos importantes que cambian la vida de los personajes lo que impide darnos una dimensión real de la identidad de estas personas.

Hay otros hechos que se alteran drásticamente con un efecto melodramático, más acorde a una telenovela que a una ficción con una producción de este calibre. La mayor parte de la película se siente inhibida y convencional, sin un estilo que la destaque, todo lo contrario a lo que era el fascinante Mercury, quedándose sólo con el personaje de película hollywoodense, reduccionista y decorado adaptado para la “familia tipo”.

Bohemian Rhapsody
Bohemian Rhapsody

Revista OZ

Lautaro Palacio es colaborador de Revista OZ, Lic. en Psicología, especialista en psicodiagnóstico. Cinéfilo.

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