Opinión: El neoliberalismo sin república

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La lógica de acumulación y distribución desigual de los bienes y conocimientos producidos enfrenta diariamente tensiones y contradicciones con el principio de funcionamiento de la democracia: la igualdad. El encuentro de estos dos momentos caracteriza a lo regímenes actuales en occidente. El sociólogo Carlos Franco denominó a este encuentro como “arreglo social”una suerte de contrato en torno a la desigualdad socialmente aceptada. El Estado media en esta relación. La lucha por el corrimiento de los límites de la desigualdad socialmente aceptada es la política misma ¿Hacia qué tipo de nuevo arreglo social está queriendo ir el gobierno actual de cambiemos?.

La orientación ideológica de un gobierno se puede interpretar a partir de dos aspectos: el discurso y las políticas públicas. El discurso muchas veces encierra formas performativas que devienen hechos concretos pero también es utilizado, profesionalmente por este gobierno, para matizar aquello que en la acción encierra consecuencias más oscuras. Independientemente de la caracterización que se pueda hacer del gobierno de Macri, este tiene la prerrogativa dentro de la política, de tomar las decisiones que crea conveniente para desarrollar su gestión de gobierno. En todo caso el corrimiento de los límites de la desigualdad es un campo de disputa política. Lo inusitado que se vive en estos días ya no es un sutil vaciamiento de lo político en pos de un reforzamiento del status quo. Es la persecución hacia la anulación de la política misma.

Protesta contra las detenciones arbitrarias

Una de las antinomias preferidas de la derecha académica y comunicacional occidental es la de populismo y república. Así el primero sería una suerte de despotismo incontrolable que en afán de cumplir su voluntad se lleva puesto todas las instituciones de la república. Es cierto, incluso el propio Laclau lo afirma, que existe una tensión entre populismo e instituciones. Pero no porque el populismo lleve en su genética la ausencia de instituciones, sino porque el populismo pone en discusión el reparto de lo sensible. Discute otro tipo de institución. En todo caso la discusión es por el tipo de república. El neoliberalismo en general es formalmente republicano, desde la conservación de su propio orden. Este republicanismo, hermético y reaccionario, enaltece solo aquellas instituciones que le permiten conservarse. Así la división de poderes es presentada como su principal virtud.

Cristina de Kirchner rechazó este jueves el pedido de prisión preventiva y desafuero en su contra que hizo el juez federal Claudio Bonadio
Cristina de Kirchner rechazó el pedido de prisión preventiva y desafuero que hizo el juez federal Claudio Bonadio. Foto by Ambito

El salvaguardo en poderes por definición conservadores y antipopulares como el poder judicial fue su ariete defensivo al “ataque populista”. Los límites de esa división se confunden. La orden emitida por el juez federal Claudio Bonadio de apresar a un dirigente popular, a un ex canciller y de pedir el desafuero de la principal representante de la oposición y ex presidenta reviste un escándalo institucional y político. Se están buscando nuevas formas de proscripción política. Se reprime la demanda popular y se apresa a dirigentes políticos. Se judicializan medidas políticas, precedente nefasto para la autonomía de lo político y letal para el ejercicio republicano.

El Pro ha pasado a un momento de ofensiva, probablemente envalentonado por la legitimidad de las últimas elecciones, de sus intenciones reformistas: reforma previsional, reforma laboral y reforma tributaria. Estos tres pilares son la expresión de este nuevo arreglo social. La disputa de poder intrínseca a esta redefinición de la desigualdad se ve amenazada y con ella la republica.

Hasta ahora venía navegando aguas tormentosas y si bien en sus primeros meses produjo una fenomenal transferencia de ingresos a los sectores concentrados no redujo el gasto social. Pero los tiempos han cambiado, los niveles de emisión de deuda no se pueden seguir sosteniendo y el déficit fiscal debe buscar nuevos horizontes de posibilidad. Estos horizontes son los sujetos encerrados en ese paquete de reformas: los jubilados, los trabajadores y los consumidores. Si bien el congreso sigue siendo una instancia donde la resistencia puede ser expresada, la amenaza de que hasta la principal dirigente de la oposición puede ser encarcelada es un mensaje directo para cualquier dirigente político que está por debajo (en términos de acumulación de poder). Y esto a la hora de votar el paquete de reformas sienta un precedente riesgoso.

Ante este avance de presión a la política formal debe oponerse la política desde abajo. Una masiva movilización popular, como la que logrará revertir el nefasto 2 x 1, es la condición de posibilidad para no seguir perdiendo derechos. A la dispersión de la diligencia opositora deberá emerger una voluntad popular que en la calle se muestra unificada. Es hora de que surja una nueva instancia articuladora de estas nuevas demandas para no retroceder, una vez más, en los límites de la desigualdad socialmente aceptada.

Foto de portada Macri by TN

Revista OZ

Tomas L Armani es colaborador de Revista OZ. Lic. en Ciencias Políticas con especialización en teoría y filosofía política (UBA), actualmente cursa un posgrado en Filosofía Política en la UNGS.

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