Opinión: El amor como un arte

Opinión: El amor como un arte

“Como sale huyendo de las águilas una amedrentada de banda de palomas, y como huye la tierra cordera a la vista de los lobos, así temblaron aquellas ante unos hombres que sin control alguno se precipitaron contra ellas. Ni una sola hubo que no cambiara de color, pues el temor, era único, pero diferentes los aspectos de ese temor”.

Ovidio en el Arte de amar

Aquí Ovidio nos muestra lo que las mujeres debían soportar en algunos ocasiones, el terror frente a la brutalidad y el acecho de algunos hombres, en su libro escrito en el año 2 aC al 2 dC.

En este libro el poeta muestra entre Dioses y hombres, los mitos y decires donde se desencadenan las tragedias y acercamiento sexual de las personas. Entre la criminalidad y el sometimiento, la barbarie y el asesinato. El desenfreno y los abusos, como también las formas de acercamiento al placer sexual ligada al erotismo y los sentimientos..

Para ello podemos sumar el pensamiento de Sade que nos muestra un camino para reflexionar: “No hay mejor medio de familiarizarse con la muerte que aliarla a una idea libertina”.

En esto debemos diferenciar el erotismo como afirmación de la vida del goce ligado a la agresión y violencia.

Por ello el libro de Ovidio en “Arte de amar”  invita a decir y preguntarnos entre todo esto: ¿Cómo ligar el placer sexual a nuestra vida ¿ ¿De qué formas viene a mí el amor? ¿Puedo elegir una manera de amar y ser amado?

Indiscutiblemente el amor sumido en el arte exige preguntas. Sólo desde ellas podemos comenzar a construir en acto el sentimiento emocional que nos alienta y nos vuelve al sentido del deseo, lejos de las violentas tempestades que nos lastiman en apariencia irrefrenable.

Se habla de relaciones tóxicas, de situaciones de violencia verbal y corporal. La primera afirmación que se nos hace ineludible es “Si alguien te insulta, te golpea, y luego dice amarte”: hay algo aquí trastocado. El amor exige palabras y actos que van directo al cuidado del cuerpo y de los vínculos. Aliento del deseo sexual que nos ilumina en su belleza.

Pintura Apollo and Daphne, de Antonio del Pollaiuolo

Tuve la oportunidad de trabajar con adolescentes en situación de calle. Fui coordinadora junto con otras psicólogas de una Institución, que cuidaba (vivían en el lugar) y abordaba adolescente que habían sufrido diferentes situaciones de abuso. Los relatos eran devastadores, cada una de ellas traía un sufrimiento terrible en relación a los vínculos primarios familiares. Las necesidades, los pensamientos, los sentimientos, el lenguaje habían sido trastocados, degradados, ligados al horror, al abandono, a la la violencia. Dentro de ese derrumbe habían sobrevivido a  su historia.  Sus primeros vínculos, sus primeros pasos, su primer contacto con el mundo, la referencia de sus emociones, pensamientos, sentimientos, la fragilidad de la niñez,  eran internamente el peligro de donde debían salir. La protección, la huida, la fuga, las manos pidiendo, la prostitución, el abuso, la vida amordazada, lo que no hay que decir, los silencios, el desprecio, la persecución, la mugre. La orfandad, la carencia, las desgracias. El mundo irrespirable, la desnudes del cuerpo lastimado, las lágrimas del espanto.

¿Dónde estaba el amor en estos vínculos desbastadores?

Las miraba, veía su juventud, su potencial, el cuerpo en crecimiento. Veía la ilusión de la vida, de su vida, ellas querían a pesar de. “Querían una vida”.

Había que despejar tanta neblina, tanto llanto, tanto miedo, tanta desolación y elegir, si elegir y elegirse.

Ese es el punto: Elegir a pesar de tanto sufrimiento, de tanto desgarro, de tanta soledad, de tanta oscuridad..

No existen posibilidades para el amor sino se elige, aún entre los escombro, levantarse y caminar. Para ello necesitamos mirarnos, mirar lo posible de la vida. Lo que pueda construirse, me solidarizo con mi vida en la manera de elegirme y cuidarme. En esto están las palabras y los actos.

Hay un mundo a la vista de todos, el mundo del dolor, de la vista ciega, de los oídos sordos, del silencio, de la queja. Hay un mundo, si hay un mundo, de niños lastimados y jóvenes desolados. Hay un mundo con el que convivimos, del que deseamos ya no este, sea más justo y no nos de vergüenza. Para ello es necesario trabajar lejos de nuestra barbarie y la violencia.

Las palabras amorosas se eligen desde el respeto, sin insultos ni agresiones. No es lo mismo respetar mi cuerpo, que recibir o dar golpes.

¿Vos que elegís?

    

Patricia Alejandra Núñez

Patricia Alejandra Núñez es colaboradora de Revista OZ. Psicoanalista. Poeta. Terapeuta grupal e individual. Coordinó instituciones que albergan a jóvenes en situación de calle. Contacto: patrician62@yahoo.com.ar

                      

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