Opinión: Dios y el dinero

Vivimos en un mundo capitalista donde el Mercado es un actor tan importante como el Estado, incluso más, ya que este no responde ni a banderías políticas ni territoriales, es un ente supraestatal que sólo reconoce el color del dinero.

Todos pendientes del dólar, del Fondo Monetario Internacional, del valor del petróleo y de los servicios básicos, nos cuesta pagar la luz, el gas, el agua, todos corriendo detrás de la biyuya.

Pero, ¿cuál es nuestra relación con el dinero? Después de todo el valor del dinero también es una cuestión de fe.

El apóstol Mateo nos dice que “Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero”, con esto no queremos afirmar que los creyentes no se propongan gozar de los beneficios que da poseer un buen ingreso salarial sino todo lo contrario.

El catolicismo siempre hizo hincapié en la relación directa entre pobreza y vida eterna, tener una existencia paupérrima me garantiza el pasaje directo al paraíso, esta concepción ideológica la podemos contrastar empíricamente, al observar los países de América vemos que los países pobres son católicos mientras que los únicos dos países ricos son protestantes, este fenómeno no es cultural o étnico ya que en Europa sucede lo mismo, Alemania, Francia , Inglaterra son hijos de la Reforma, mientras que España, Portugal e Italia conforman países de segundo orden.

El dinero no es malo sino la relación que nos une a él, la versión griega del texto de Mateo afirma que no se puede servir a Dios o a Mammón, demonio que impulsa el espíritu de codicia, la avaricia y la pasión desenfrenada por los bienes materiales.

Podemos encontrar a lo largo de las escrituras que los grandes líderes espirituales como Abraham, Jacob, Moisés, José, David y Salomón también poseían riquezas acordes a la estatura de su fe. Asimismo hallamos en ella un sin número de consejos para tener buena fortuna en este mundo:

  • Sabiduría ante todo e inteligencia. Paradójicamente se cree que fe y conocimiento son dos cosas que se contradicen a priori, sin embargo, Dios tiene a la sabiduría como el mayor de los tesoros, la Iglesia fue la escuela universal por muchos siglos, creando incluso las universidades. El conocimiento es fuente de riquezas y el ignorante no las obtendrá, y aunque por fortuna las consiga se desvanecerán tan rápido como llegaron.
  • No salir de fiador. No salir garante de nadie, ya que debemos honrar nuestras palabras y nos quitarán nuestro dinero y otro gozara de los bienes.
  • No dar descanso a los ojos, estar activo siempre, la haraganería trae pobreza.
  • No ser perezoso, el descanso es bueno en su justa medida.
  • Ser diligente, estar predispuesto a trabajar con eficacia y excelencia en lo que a uno le toque hacer. Ser imprescindible, que pueda brillar en el lugar de trabajo.
  • El alma liberal, a Dios le agrada el dador alegre y multiplica a aquellas personas que comparten lo que poseen. Hay personas que son mezquinas y cada vez tienen menos.

Si seguimos estos consejos Dios proveerá el sustento para nuestro diario caminar. ¿Te estás capacitando? ¿Eres un trabajador calificado? ¿Qué opinión tienen de vos en el trabajo? ¿Honras tus deudas? ¿Tu palabra tiene algún valor?

A veces pensamos que merecemos que nos vaya bien sin tener ningún mérito, pero ser bendecido significa que el resto hable bien de uno, no corresponde dejar que Dios haga las cosas que debemos hacer nosotros.

Revista OZ

Ariel Enrique Biason es colaborador de Revista Oz, profesor en Filosofía, Licenciado en Gestión Educativa, realizó una tesis en Teología.

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