Opinión: ¨Con este miedo al futuro¨, una mirada al abismo

El pesimismo como corriente filosófica sostiene que vivimos en el peor de los mundos posibles donde debemos soportar la carga de nuestra propia existencia, y es una de las visiones del mundo prevalente en estados depresivos, tal como el que atraviesa el protagonista de “Con este miedo al futuro”, la nueva película del director argentino Ignacio Sesma.

En este caso somos testigos de la historia de Leo (Facundo Cardosi) quien trabaja como profesor universitario de literatura, quien tras la separación de su pareja (María Canale) lucha con su innominable estado de ánimo y adicción a la cocaína. Mientras su vida es un espiral de autodestrucción fuera de control, comienza a entablar una relación peculiar con una de sus alumnas (Ailín Salas).

Las mayores fortalezas de la película  residen en los diálogos bien escritos y en las convincentes actuaciones, sobre todo por parte de Cardosi, quien no se muestra temeroso a retratar cada aspecto vulnerable e incluso grotesco de su personaje. Leo expresa en todo momento su falta de voluntad y desinterés hacia el mundo que lo rodea, dejando en claro que debajo de su apatía esconde un gran dolor que le es imposible expresar en palabras, recurriendo al acto frente a tal vacío.

Facundo Cardosi

El resto del reparto tampoco se quedan atrás: Salas, aporta una fuerte presencia y escapa del estereotipo al cual muchas veces los personajes de jóvenes estudiantes se encuentran asociados. A través de su propia autonomía, es quien pone en cuestionamiento el comportamiento de Leo y parece ser la única persona capaz de comprenderlo.

María Canale y Martín Mir (quien interpreta a Diego, amigo de la infancia de Leo) nos pueden dar a entender en algunos minutos quienes son y qué papel tienen en la vida del protagonista, aunque él intente alejarlos todo el tiempo.

Si bien la historia ofrece respuestas a lo largo de su duración a través de escenas realmente efectivas, en parte también se siente incompleta, ya que el arco narrativo del protagonista necesita de otros elementos cohesivos más que el punto de mayor vulnerabilidad al final del segundo acto.

La fotografía se compone la mayor parte del tiempo de primeros planos con escasa profundidad de campo y cambios constantes en el foco del lente de cámara, lo que logra transmitir efectivamente la desconexión que Leo siente con el ambiente, ya que literalmente escinde a la persona del ambiente y los demás.  Sin embargo, por momentos cuestioné inevitablemente si realmente esto era una decisión artística,  por lo que ver “Noche de Perros” (2015) -anterior película del director- demostró que hay un claro entendimiento del lenguaje cinematográfico.

Facundo Cardosi y Nacho Sesna

La misma emoción subyacente por mucho tiempo puede volverse redundante para el espectador que ya comprendió la intención. Es por esto que el ritmo podría haberse beneficiado con variaciones en los matices del contenido y su forma expresiva. La constante claustrofobia y desconexión visual podría ser descomprimida por momentos para dejarnos respirar, viendo más rostros con todas sus expresiones y los ambientes que tienen personalidad con voz propia.

De todas formas, saca máximo provecho de su presupuesto casi nulo, lo que demuestra buenas decisiones artísticas detrás de cámara para llevar a cabo la historia pretendida. En su corta duración de una hora y veinte minutos mantiene la atención del espectador y cumple con su intención de dar un pequeño vistazo al abismo que una persona puede vivir en su interior, siendo al fin y al cabo, un pedido de ayuda rogando ser escuchado.

Revista OZ

Lautaro Palacio es colaborador de Revista OZ, Lic. en Psicología, especialista en psicodiagnóstico. Cinéfilo.

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