La influencia del Papa latinoamericano más allá de lo religioso

En 2013 la noticia de tener el primer Papa latinoamericano llenó de alegría a una multitud de personas. Jorge Bergoglio, de nacionalidad argentina, fue elegido para ser Papa tomando el lugar de Benedicto XVI. Esto causó ilusión de algo  diferente, un cambio esperanzador en un mundo donde las tragedias forman parte de la vida cotidiana. El Papa, quien tomó el nombre de Francisco por su admiración hacia Francisco de Asís, desde el principio hizo cosas fuera de lo común. Por ejemplo, dejó de utilizar una cantidad de lujos que se supone que debía usar; cambió el trono de oro por una silla de madera, no quiso usar la cruz con diamantes sino una sencilla de plata y se rehusó en ser transportado en limosina.

Asimismo, la mayoría de sus viajes usualmente giran en torno a lo político con el objetivo de servir como guía en las decisiones de gobernadores que pueden afectar a las poblaciones de distintos países. Su más reciente visita fue a Colombia, donde estuvo en Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena lo que causó felicidad por la esperanza de un mejor país. Sin embargo, sus viajes traspasan el objetivo de únicamente dirigirse a lo político. La influencia que el Papa latinoamericano ejerce ha tenido fuerte impacto, sobre todo en los jóvenes. Muchos de ellos incluso no son creyentes de la religión católica, pero sí creen en sus palabras.


Él puso énfasis en llevar a cabo la evangelización más en las acciones que en las palabras poniéndose a sí mismo como ejemplo de esto. En la Jornada Mundial de la Juventud de Brasil en 2013 dijo lo siguiente: “Necesitamos santos que estén en el mundo y que sepan saborear las cosas puras y buenas del mundo, pero sin ser mundanos”. El católico moderno no es aquel que necesariamente debe salir a la calle a gritar el nombre de Dios, sino aquel que hace lo que cualquier joven haría, es decir, salir a bailar, tomar y pasarla bien, sin la necesidad de enloquecerse. Como dice en la frase “sin ser mundano”, así es como evangeliza.
Los que no son seguidores ni creyentes, aun así, expresan gran admiración hacia él por romper ese estigma de que para ser bueno es necesario cumplir con ciertos requisitos. Porque es un papa que habla y se dirige no sólo a los católicos en general sino a todas las personas del mundo, buscando hacer un cambio positivo en los corazones para mejorar el mundo un paso a la vez. Suena algo incluso utópico para algunos, pero para tener un mundo mejor las acciones a realizar no son tan imposibles de llevar a cabo. Van desde escuchar al otro cuando habla sin interrumpir, tener tolerancia a las distintas creencias, ayudar a otro sin importar su raza, hasta ver más allá de la apariencia de las personas y realmente conocerlas por lo que son y no por lo que aparentan ser. 


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