El Estado de la democracia

En octubre de 2012, en el marco de una ponencia en la Universidad Nacional de San Martín, el filósofo francés Jaques Ranciere exhortó sugestivamente que no existe, por definición, un Estado democrático. En varios pasajes de su obra se encargó de explicar la disímil y conflictiva relación entre política (democracia) y policía (Estado). El principio de un orden de reparto de lo sensible a través de una escala de jerarquías en contraposición a la posibilidad del poder de cualquiera. El pensamiento moderno entendió al encuentro de estos dos momentos como la institución de un contrato velado por un consenso implícito yuxtapuesto. Ciertos consensos básicos de convivencia, luego de mucha sangre derramada, caracterizan a los sistemas políticos representativos en occidente. La dinámica que caracteriza la tensión entre un orden instituido, que por propia esencia es conservador, y una fuerza instituyente que busca la amplitud, redefinición o subversión de ese orden, se expresan en el campo de la política. Es por esto que la administración de los antagonismos sociales es, ineludiblemente, responsabilidad del Estado. Tras doce años, esta premisa ranceriana parece cobrar mayor impulso.

Jacques Ranciere en Argentina. Foto: Facultad Libre
Jacques Ranciere en Argentina. Foto: Facultad Libre

Si bien las heridas sedimentadas en la memoria colectiva argentina de la última dictadura cívico-militar despertarán, y con razón, elevados niveles de suspicacia política frente a la frase “no existe un Estado democrático”, es necesario hacer un ejercicio de abstracción y otorgarle, al menos por un instante, cierto grado de veracidad. No es, por tanto, el gobierno PRO una dictadura. Es una reconfiguración del nexo, que se había empezado a reconstituir desde el año 2003, entre democracia y Estado: la representación. Cuando un Estado logra correrse de su inercia institucional y reordena ese reparto de lo sensible hacia sectores que están por fuera del mismo o débilmente acariciados por él, asistimos al encuentro de estos dos momentos, a su saludable entrecruzamiento. Pero cuando los dispositivos del orden se repliegan al hermetismo de los números y los ejercicios contables ese nexo, ese puente, entre momento estatal y momento democrático se obtura, por no decir que se quiebra.

18 de diciembre amaneció con un Congreso militarizado para recibir a una, nuevamente, masiva movilización contra la reforma previsional
18 de diciembre amaneció con un Congreso militarizado para recibir a una, nuevamente, masiva movilización contra la reforma previsional. Foto: Indymedia Argentina
EL AJUSTE A LOS JUBILADOS: LIBERALISMO EN MÁXIMA TENSIÓN

El ajuste a los fondos de jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares puso en máxima tensión al orden neoliberal imperante. Cuando el tablero cambia de manos, al pueblo solo le queda la calle y, cuando esta escena se visualiza, la dicotomía ranceriana se esclarece. La institución con la mayor diversidad representativa posible sitiada al amparo de un cordón militarizado, estéticas que regalan estos tiempos de cambios ¿Cómo puede una ley beneficiar al conjunto de la población sesionando en esas condiciones? No puede. Y cuando los cualquiera salen a asumir el poder que les han confiscado la respuesta es represión. Entonces ¿Qué tipo de representación se ejerce cuando una clara expresión popular dice no? El retorno a un sistema representativo de carácter oligárquico que, perpetrada su escandalosa estafa electoral, es corrido por el apremio de los acreedores externos y propios.

Macri,presidente de Argentina

Sin posibilidad, desde sus propias presiones, de seguir dilatándolo el ajuste, viene de la mano de las balas y los gases. Cuando un Estado se repliega a sus propias fronteras represivas los canales de demandas democráticas quedan obturados y el Estado vuelve a ser reducido a la famosa formula marxista del manifiesto. Y la democracia vuelve a ser el eco de un reclamo jamás oído. Pero como dijo un compañero en una red social: “no alcanzo, pero ese es el camino”, por lo tanto queda persistir en el empuje de la democracia al encuentro estatal.

Revista OZ

Tomas L Armani es colaborador de Revista OZ. Lic. en Ciencias Políticas con especialización en teoría y filosofía política (UBA), actualmente cursa un posgrado en Filosofía Política en la UNGS.

Deja un comentario