El dulce encanto de la memoria: Teatro de revista

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 El otro día fui a un siquiatra. Me pidió 1.000 pesos adelantados, yo le dije:

“Doctor, es mi problema el que vengo a resolver, no el suyo”.

Juan Verdaguer

¿Se acuerda? Ese simpático hombrecito de buen decir, de amplia sonrisa, que nunca perdía la forma. Nació en Montevideo, hijo de un equilibrista de circo y una acróbata; vino a los seis meses a Bs. As. Después de una gira por Brasil, Chile, México y Estados Unidos haciendo cosas circenses, llegó a Argentina y fue éxito en los teatros de revista.

La revista combina elementos dramáticos del burlesque (parodia burlona) el vaudeville (o vodevil es una comedia ligera con números musicales) la extravaganza y la comedia musical, y  le agrega una carga erótica y simpleza dramática.

El teatro Maipo, (la catedral de la revista) se encuentra ubicado en la calle Esmeralda Nº 443, es un testigo de la historia argentina ya que fue inaugurado en mayo de 1908, días antes del actual Teatro Colón.  Es vecino de otros teatros históricos como el Gran Rex, el Opera y el Tabarís.

El historiador Carlos Schwarzer es el autor de “Teatro Maipo, 100 años de historia entre bambalinas”.

Los que gozaron de mayor popularidad en la Revista porteña fueron: Gloria Guzmán, Pepe Arias, Florencio Parravicini, Azucena Maizani,  Olinda Bozán, , Sofía Bozán, , Libertad Lamarque, Tania, Sabrina Olmos, Iris Marga, Tita Merelo, Eva Franco, entre otras. Tras los pasos de Gardel, el escenario reclama a Charlo, Agustín Magaldi e Ignacio Corsini. El tango no solo se interpretaba, también se bailaba en escena y fue Tito Lusiardo la máxima figura en este rubro.

También se incorporaron al género los actores Enrique Muiño, Elías Alippi, Luis Arata, Mario Soffici, Pierina Dealesi.

El strip-tease pasa rápidamente por la revista. No resulta. Insinuar hasta un punto límite pero no mostrar todo, es la fórmula eficaz.

En cuanto a Verdaguer, su número consistía en permanecer en el último travesaño de una escalera de hoja única de cinco metros de largo tocando el violín: “Para hacer esta prueba no debo comer. Y para poder comer debo hacer esta prueba”. un día se le rompieron dos cuerdas y al no poder tocar se puso a improvisar con el público que allí lo descubrió.

En 1951 fue contratado por Carlos A. Petit para participar en un espectáculo revisteril del teatro Comedia. Luego en los teatros El Nacional, Tabarís, Sans Souci, entre otros.

Mario Soffici lo llamó para ser el protagonista masculino de la película dramática Rosaura a las diez, (de Marco Denevi) que tuvo excelente repercusión económica y artística.

Participó en once películas. La primera fue la  de 1951 Locuras, tiros y mambo, acompañado por el grupo Los Cinco Grandes del Buen Humor. Luego Marido de ocasión (1952), La edad del amor (1954) y Estrellas de Buenos Aires. La siguieron las comedias La herencia de 1964, junto a Nathán Pinzón y el aún desconocido Alberto Olmedo, y Cleopatra era Cándida con Niní Marshall, donde se afirmó en su perfil humorístico 1956.

Muchos años después, en 1998, filmó la que sería su última película: El amateur.

Reponiéndose de una operación, el humorista permanecía en su casa y “no permitía que ninguno de sus amigos lo visitáramos”, señaló el dibujante Garaicoechea, con quien compartió su última actuación teatral en “Masters”, de la que participó también Mario Clavel.

La vida pasa, se nos va, pero siempre nos quedan los artistas, que recordamos, porque nos gusta esto de la memoria.

¿Ha visto?

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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