El dulce encanto de la memoria: Según pasan los meses

en

Un señor llama a una casa y le contesta una señora:
-¿Llegó ya Julio?
-No, disculpe, aquí todavía estamos en mayo.

El mes de Julio es el séptimo mes del año a partir del calendario juliano (46 a. de C.) Su nombre es en honor a Julio César.  Agosto es el octavo mes del año en el calendario gregoriano (por el papa Gregorio XIII). Lleva  este nombre en honor del emperador romano Octavio Augusto.

Enero es el primer mes del año en el calendario gregoriano. Toma su nombre del dios Jano, representado con dos caras, el espíritu de las puertas y del principio y el final.  Por eso le fue consagrado el primer mes del año. En inglés January y en francés Janvier.

El mito de Jano aparece en las tradiciones gnósticas (conjunto de corrientes sincréticas filosófico-religiosas que llegaron a mimetizarse con el cristianismo ) y en la masonería (aquellos constructores de catedrales devenidos en secta).

Febrero fue llamado así en honor a las fiestas februas  (la festejaban los sabinos) A este pueblo los romanos le secuestraron las mujeres, dicen la leyenda y los sabinos enojados.

Marzo es por Marte el dios de la guerra y Abril  viene de aprilis que significa abrir, se lo relaciona con la alegría, porque  en el hemisferio norte es primavera. Hoy lo utilizan como un bello nombre femenino.

En cuanto a Mayo el origen de su nombre es incierto. Puede derivar de la diosa romana Maia.

Junio recibió el nombre en honor de Lucio Junio Bruto fundador de la República romana,  otros creen que era llamado así por estar dedicado a la juventud y además hay quien opina que su nombre fue tomado de la diosa Juno.​

Setiembre era el séptimo, octubre octavo y así noviembre y diciembre.

El calendario gregoriano se originó a partir de dos estudios realizados en 1515 y 1578 por científicos de la Universidad de Salamanca, que fueron remitidos a la Santa Sede. Reemplazó al Juliano (por Julio César) que a su vez fue tomado del calendario egipcio. Todos son calendarios solares.

En cuanto a las estaciones leemos:

Para los romanos solo había dos estaciones: una muy prolongada y la otra, breve. La primera estaba compuesta por la suma de lo que hoy llamamos primavera, verano y otoño, mientras que la estación más breve era el hibernum tempus.

La estación más prolongada se llamaba, veris, palabra que dio lugar a nuestro verano, pero en determinado momento el comienzo de esta estación se llamó primo vere (primer verano) y más tarde, prima vera, de donde salió nuestra primavera, mientras que la época más calurosa tomó el nombre de veranum tempus (verano). A pesar de este desmembramiento, la estación cálida todavía era más prolongada, hasta que en cierto momento su período final, el tiempo de las cosechas, fue llamado autumnus, voz derivada de auctus (aumento, crecimiento, incremento) y ésta, de augere (acrecentar, robustecer). El vocablo latinoautumnus llegó a nuestra lengua como otoño.

Tal vez como porteño que soy, el otoño me fue seduciendo con el paso de los años por ese gusto a melancolía,  no obstante entiendo y disfruto a Aznavour y Jaz cuando describen la belleza de París en el mes de mayo.

Juzgue usted…

¿Ha visto?

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

3 × uno =