El dulce encanto de la memoria: Miguel Brascó

La muerte me ha de llevar

Cantando este chamamé

Si muero será cantando

Mi amor por mi santa fe.

Miguel Brascó

El querido Brascó, tan polifacético, imposible de etiquetar, nos dejó ese tema sobre su Santa Fe natal: Santafesino de veras (autodefinido).

Allí nace en 1926, hijo de un médico, estudia abogacía y comienza una carrera en varios planos: humorista, dibujante, periodista, autor de canciones y gran gourmet. Fue también pionero de los clubes de hombres (The Twelve Fishermen, The Fork Club, Epicure). Falleció con 87 años agotadores. Dirigió la sección “La vida es bella” en la revista Claudia, en una época en que se codeaba con sus amigos  humoristas políticos de la talla de Landrú y Quino, a quien incentivó y apoyó en la aparición de Mafalda.

Mafalda, fue creada para una línea de electrodomésticos: Mansfield, de la empresa Siam Di Tella. Brascó pensó en Quino. La empresa ponía como condición que los personajes empezaran con M. Así resultó una tira gráfica que salió entre los años 1964 a 1973. Un gran éxito aprobado en todo el mundo. Mafalda una niña de clase media con una visión progre, preocupada por el rumbo mundial.

El nombre Mafalda fue tomado en la novela Dar la cara de David Viñas, en donde hay un bebé que lleva ese nombre.

Como les decía, Brascó tenía otro amigo, Juan Carlos Colombres, (que firmaba como Landrú), habían compartido el trabajo en la famosa revista Tía Vicenta, que se publicó entre 1957 y 1966, y entre 1977 y 1979. Quince días después del cierre de Tía Vicenta, salió la revista María Belén, que se publicó entre julio de 1966 y diciembre de 1967. Luego llegaría a los kioscos la revista Tío Landrú, entre junio de 1968 y abril de 1969. Otros colaboradores notables fueron Conrado Nalé Roxlo, Hermenegildo Sábat y María Elena Walsh, así como Oski. (Vaya lujo). Landrú utilizó humor absurdo, disparatado e irónico para satirizar tanto a los políticos como a los temas de la actualidad. 

Garay coincide con Brascó, ve en esas tierras un encanto y allí para regocijo de él y de nosotros dice:

“Yo Juan de Garay, Capitán de Justicia mayor en esta conquista y población del Paraná y Río de la Plata… Digo que… fundo y asiento y nombro esta ciudad de Santa Fe, en esta provincia de Calchines y Mocoretás, parecerme que en ella hay cosas que convienen para la perpetuación de dicha ciudad: agua, leñas y pastos, pesquerías y casas y tierras y estancias para los vecinos y moradores de ella y repartirles como su majestad lo mande […] “

Extracto del Acta de la fundación de Santa Fe.

Garay también funda Buenos Aires, claro que le pone de nombre Santísima Trinidad (ese era el día) y al puerto lo llama Buenos Aires, en fin los porteños no somos fáciles, y se la complicamos. La dulce Eladia Blázquez nos lo cuenta en su tango: Si te viera Garay. 

Quién inventó tu puerto… ¡Qué bien lo hizo!…
Con sus ojos abiertos, mirando al mundo
fueron las aguas tuyas como el bautizo,
para aquellos que anclaban en tu terruño.
En las crecidas rosas de tu progreso
hay un poco de sangre de mis abuelos
que llegaron soñando con el regreso
y eligieron morirse bajo tu suelo.

Los entendidos me dicen que es una habanera, por su ritmo. Yo asiento por ignorante, pero me quedo en esa poesía, y recuerdo a mi abuelo que como dice Eladia, eligieron morirse bajo tu suelo.

¿Ha visto? 

Portada: Foto by Susana Moreno

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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