El dulce encanto de la memoria: María Grever

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Esta mujer del siglo XIX (14 de septiembre de 1885-15 de diciembre de 1951) es autora de grandes boleros: Así, Cuando vuelva a tu lado,, Te quiero dijiste, Júrame, Por si no te vuelvo a ver, Volveré, Despedida, Cuando me vaya. Todos grandes éxitos. Grever es el apellido del esposo (el suyo Portilla-Torres). En su biografía leo que tomó clases con Claude Debussy. Un romántico genial que nace en  Francia (22 de agosto de 1862-París, 25 de marzo de 1918) que sobresalió en la música europea de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Su obra Claro de Luna proviene de un poema de Paul Verlaine:

Siempre cantando en el tono menor,
El amor triunfal y la vida oportuna
Parecen no creer en su felicidad
Y sus canciones se unen al claro de la luna.

Verlaine dotado de gran sensibilidad convivió con Ribmaud (el joven poeta), al romper su matrimonio con Mathilde Mauté.

La cuestión es que María Grever, se atrevió en esa época a componer y a hablar del alma y el amor. Tal vez buscando aquietar la suya José Mogica, tenor mexicano hizo famosa la obra Júrame, trabajó en cine, fue galán y terminó como monje franciscano. Tal vez el alma que buscaba no era de este mundo. El alma siempre nos ha inquietado. Reconozcamos que nos planteamos a lo largo de nuestra vida su existencia, su inmortalidad, o la metemepsicosis que es algo así como la transmigración del alma. Los griegos, entre ellos Platón, reconocían esta posibilidad.

 Sartre y Beauvoir
Sartre y Beauvoir

El ser humano lleva sus dudas existenciales al arte. Los existencialistas (Sartre, Kierkegaard, Camus) buscaban entender la problemática del ser (eso es  común a casi todas las corrientes filosóficas) y sostenían que la existencia precede a la esencia. Nuestra esencia es entretenerlo jugando con la memoria, por eso debo volver a María Grever y sacarlo de lo filosófico, porque usted alguna vez disfrutó un bolero, esos que siempre algún nuevo cantante remixa (anglicismo que viene de mix y significa re- mezclar).

Los orígenes de este ritmo los encontramos en Cuba a fines del XIX (decimonónico). El primer bolero fue Tristezas, ¡vaya título, parece más para un tango!. ¡Ah!, y hablando de tangos ¿se acuerda de Almita herida?, ¡bueno ahí lo tiene!.

Ibas caminando hacia el misterio.
Yo salí a su encuentro y te alcancé…
Triste, cruzabas por la vida
y al ver tu almita herida
te acompañé…

Cualquiera de nosotros pudimos escribirlo pero siempre se nos adelantó Cadícamo, y si los tangueros nos perdonan este Litto Nebbia, en su recorrido musical, hace un aporte encantador. Como decía Troilo… pibe el tango siempre te está esperando…

¿Ha visto?

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

 

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