EL dulce encanto de la memoria: Louis Armstrong

EL dulce encanto de la memoria: Louis Armstrong

Veo los cielos azules y las nubes blancas,
El bendito día brillante y la sagrada noche oscura.
Y me digo a mi mismo, que mundo tan maravilloso.

Los colores del arco iris tan bonitos en el cielo
Están también en los rostros de la gente que pasa.
Veo amigos dándose un apretón de manos, diciendo ¿cómo estás??
En realidad están diciendo, te amo.

 

«What a Wonderful World» es una canción de jazz estrenada por Louis Armstrong y editada por primera vez en 1967 con la idea de ser un antídoto al clima político y racial de la década. Fue escrita especialmente para él. La canción describe la delicia por las cosas simples de cada día, y mantiene un tono optimista con esperanza, incluyendo una referencia a los bebés que nacen en el mundo y tendrán mucho para ver. Logró mayor recepción en el Reino Unido: fue el primer puesto de ventas en 1968.

Alcanzó gran  difusión mundial por ser la banda de sonido  de la película Good Morning, Vietnam, (1987) dirigida por Barry Levinson y protagonizada por Robin Williams.

Apareció en otras películas: Doce monos (1995); ¿Conoces a Joe Black? (1998); el documental Bowling for Columbine (2002) en la secuencia que muestra las agresiones imperialistas cometidas por Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX, y Madagascar (2005). También  la banda sonora del inicio de los primeros cinco episodios de la serie norteamericana Cosas de casa (1989-1997).

Louis Armstrong- Satchmo- nació en una familia muy pobre en uno de los barrios marginales de Nueva Orleans. Su padre los abandonó de pequeños. Tuvo una infancia difícil. La madre que debía trabajar dejaba a Louis y a su hermana al cuidado de su abuela Josephine, una esclava  liberada después de la Guerra.

Trabajo de niño con chatarra y vagabundeaba por la calle. En 1910 lo detuvieron por primera vez. Una familia de inmigrantes judíos lituanos, los Karnofsky,  aceptaron al niño como a uno más. Ellos lo acercaron a la música y le compraron la  primera trompeta.

Con el tiempo empezó también a trabajar en los cabarés de Storyville. Tuvo una repercusión importante y formó el famoso grupo All Stars, con un estilo Dixieland.

En 1964, Armstrong grabó el que sería su tema más vendido: «Hello, Dolly». La canción obtuvo el puesto número uno en las listas de Estados Unidos, superando al grupo inglés The Beatles.

A Satchmo,  (viene de Satchelmouth boca de bolsa) se le considera el inventor de la esencia del canto jazzístico.

Armstrong creó una fundación no lucrativa para la Educación Musical de niños discapacitados y legó su casa y lo sustancial de sus archivos,  escritos, libros, grabaciones y recuerdos a la City University del Queens College de Nueva York.

El principal aeropuerto de Nueva Orleans lleva como nombre: Louis Armstrong.

Los Karnofsky  inmigrantes lituanos-judíos que ayudaron a Satchmo no son los únicos filántropos. Entre tantos recuerdo a Plotino ( 205-270)  un filósofo griego, autor de las Enéadas que eran las lecciones que impartía en su escuela en Roma.

Solía recoger en su casa a niños huérfanos y  hacía las veces de tutor. Llevaba la vida de un asceta, vegetariano, y poseía un carácter dulce y afectuoso. Se le atribuyen dotes místicas importantes. Su discípulo Porfirio escribió Vida de Plotino. 

Igual que la canción de Satchmo se ocupó de la belleza, que para él estaba en la virtud. O sea no tanto el envase como el contenido: eran otros tiempos

Sostiene que el tipo más bajo de belleza es la física; el Bien decía, es una  fuente de  belleza. Plotino sostiene que hacerse semejante a Dios es lo propio del alma bella y buena, porque pensar, aprender, investigar y saber nos identifican con la belleza divina,  un idealismo que sigue la senda iniciada por Platón.

Insiste en la necesidad de la autodisciplina y en la purificación moral e intelectual, ya que lo más puro y luminoso es  propio del alma.

Lo definen como un  sabio y místico contemplativo y tiene una gran cercanía con el pensamiento cristiano. Decía  que la belleza está en la búsqueda de uno mismo (conócete) para desarrollar  lo espiritual y eso es la belleza.

En estos días de desolación, violencia absurda y maltrato pienso en los Karnofsky, simples héroes ocultos detrás de lo cotidiano, lejos de los autobombos y cercanos al amor. Existen muchos superhéroes en hospitales, escuelas, comedores y en tantos lugares que no los mueve ningún interés material sino el bienestar del prójimo y eso… eso es la belleza.

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Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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