El dulce encanto de la memoria: Llévame volando hasta la luna

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“Fly me to the Moon

Llévame volando hasta la Luna,
déjame jugar entre las estrellas.
Déjame ver cómo es la primavera
en Júpiter y en Marte.

En otras palabras, toma mi mano,
en otras palabras… cariño, bésame.

Cantada por primera vez por Felicia Sanders en cabarets, fue titulada originalmente “In Other Words” (En otras palabras). La canción se llamó popularmente “Fly me to the Moon” por su primera estrofa, pero transcurrieron algunos años hasta que los editores cambiaron el título oficialmente.  El gran Frankie la hizo famosa en 1964. Sinatra construyó su estilo sobre la base de una comprensión natural de la música popular, tal como la habían entendido Bing Crosby, Fred Astaire, Benny Goodman (clarinete) y Louis Armstrong, explotando la idea de que ésta, en todas sus vertientes, debería ser una extensión de la conversación.

Ya los sumerios sintieron  interés por las estrellas y los astros que brillaban en el cielo, como la luna, que lo hace reflejando al sol. Así las fueron uniendo con líneas imaginarias y formaron constelaciones: ese resultado los llevó a los doce signos del zodiaco (significa relativo a figuras de animales: zoon en griego es animal. Horóscopo significa que observa las horas. Y tuvo como finalidad adivinar el futuro. En Roma a esa adivinación la llamaban augurio (la hacía un augur).

Los rusos que habían escuchado a Sinatra organizaron la primera expedición no tripulada. Los norteamericanos la pisaron en 1969, y luego otras cuatro veces menos recordadas, ese día 20 de julio en Argentina recordamos al día del amigo. Parece ser que Enrique Febraro un odontólogo de Lomas de Zamora envió postales a todo el mundo propiciando esa idea.

La palabra luna viene del latín y significa luminosa. De luna proviene el nombre del día lunes que era originalmente el día de la luna. En la mitología griega la diosa Selene era la diosa lunar. El gentilicio para los nacidos en la luna seria selenitas. La luna siempre fue un gran interrogante, y tema de los poetas, García Lorca dijo:

La luna vino a la fragua /con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira. /El niño la está mirando.

Además de los poetas y los niños, miran a la luna los científicos, entre otros. Claro ellos usan un telescopio, como Galileo Galilei -Toscano del siglo XVI que era hijo de un músico- que descubrió las montañas de la luna, habló de la teoría heliocéntrica (el sol es el centro y los astros giran a su alrededor) y fue un dolor de cabeza para  la iglesia.

Galileo Galilei se llama nuestro Planetario, el de Buenos Aires creado en el  año 1966. Desde allí los porteños se relacionan con  el cielo con rigor científico. El edificio consta de cinco pisos, seis escaleras (una helicoidal) y una sala circular de 20 metros de diámetro. Su cúpula semiesférica tiene 20 metros de diámetro y está recubierta interiormente con chapas de aluminio, que sirve como pantalla. En el centro está ubicado su corazón: el auténtico planetario. En el museo del primer piso se expone una roca lunar que trajo a la Tierra la misión Apolo XI para el Planetario. Fue un regalo del ex presidente estadounidense Richard Nixon.

Planetario Galileo Galilei

La presencia del planetario en Buenos Aires fue un cambio trascendental, para mirar el cielo, un giro copernicano (otro defensor del heliocentrismo)

Usted y yo nos hemos perdido mirando la luna. Para algunos el dicho estar en la luna de Valencia proviene del mal estado del mar que antiguamente prohibía el atraque de los barcos en la playa valenciana. De esta manera, los pasajeros no podían llegar a tierra y se quedaban toda la noche en alta mar, bajo la luna de Valencia.

In other words:¡ qué bueno es hacer memoria!

¿Ha visto?

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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