El dulce encanto de la memoria: La creación una obra divina

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No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido, 
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Ese cielo prometido al que refiere el poeta, (anónimo) es para muchos el único sentido de la vida. Tal vez por eso el hombre desde su origen establece un vínculo con Dios, conceptuado de distintas maneras en las distintas culturas. Con el fin de agradar y aceptar a ese Dios se establece el bautismo, (del latín, sumergir).

Relacionarnos amablemente con Dios nos quita el miedo, nos reconcilia. Eso es atávico.

El bautismo en los católicos es un rito de purificación y aceptación. Otras culturas tienen la circuncisión. Herodoto la nombra en el  siglo V ac y pone su origen entre  los judíos. Sin embargo  hay un grabado en Egipto, en la tumba de Ankhamahor (2300 ac) practicada con una piedra de sílex en un hombre de pie.

Existen numerosas referencias en la Biblia hebrea a la obligación de la circuncisión. Por ejemplo, Levítico 12:3 dice: “Y al octavo día se circuncidará al niño¨.  El mismo Jesús fue llevado al templo y cumplió con este principio judío.

Y en el Génesis: “Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros¨.

La circuncisión se considera esencial para el Islam, y es casi universalmente realizada entre los musulmanes. La práctica de la circuncisión se extendió en todo el Oriente Próximo, norte de África y el sur de Europa.

Se cree que ha sido llevada a las tribus de habla bantú de África por  los judíos después de una de sus muchas expulsiones de los países europeos, o por los musulmanes que huían después de la conquista de Granada en 1492. 

La circuncisión es practicada por algunos grupos entre los pueblos aborígenes australianos, polinesios, y los nativos americanos; Cristóbal Colón informó que encontró circuncisión entre aborígenes. Fue practicada por  incas, aztecas y mayas. Probablemente como un sacrificio de sangre o mutilación ritual para probar su valentía y resistencia.

Sí, claro, usted se está preguntando ¿qué fálico (del latín phallus) se ha puesto el columnista? Sucede  que la exaltación  de los genitales masculinos está en todas las culturas, generalmente como deseo de poder o fertilidad. El obelisco (del griego obelo) es un símbolo fálico, pagano, sin embargo en el Vaticano podemos ver uno. En fin cuestiones de la aculturación o del secularismo que nos exceden.

Los Testigos de Jehová no bautizan a los niños, solo a los adultos.

Los budistas no bautizan a sus hijos, ya que consideran que al nacer en una familia budista, eres budista directamente. Tampoco en el Hinduismo existe el bautismo, ya que creen en la reencarnación, así que el niño no es un ser nuevo y conforme vaya reencarnándose, irá alcanzando la perfección.

San Juan es por antonomasia el bautista. Aquel que bautiza a Jesús, y convalida las profecías del antiguo testamento. Los cuatro evangelios lo nombran y en textos no canónicos también. Es probable que perteneciera a los Esenios. Marcos dice que vestía con una piel de camello y comía langostas silvestres y miel. El final de Juan todos lo recuerdan, Salomé convence a Herodes Antipas de entregarle la cabeza. En la edad media muchas obras representan la cabeza de Juan sobre una bandeja.

Creo que muchas de las cosas que el hombre hace son para agradecer la creación.

La creación de Adán de Miguel Ángel
La creación de Adán de Miguel Ángel

La creación de Adán de Miguel Ángel es uno de los muchos frescos que adornan la bóveda de la Capilla Sixtina en la Ciudad del Vaticano y es una alegoría al origen del primer hombre.

Se destaca por su método de representación que simula dos planos de la realidad: uno en el que se sitúa Dios, cuya jerarquía es mayor, y el otro donde se encuentra Adán.

Me conmueve la imagen central, la que le da el poder enigmático al fresco, la escena de las manos de ambos personajes hacia el encuentro: la chispa de la vida. El suspenso que crea el espacio mínimo entre los dos seres representa la alegoría perfecta del origen del ser humano, a través de la búsqueda de lo divino.

A propósito: un recuerdo de mi infancia, el padre Alejandro Mayol, en la década del 60 nos explicaba La creación. ¿Se acuerda?

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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