El dulce encanto de la memoria: Danubio

“Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”

Calderón de la Barca

¿Se acuerda? Lo estudiábamos en literatura en el secundario. Es el monólogo de Segismundo, quien confinado a una prisión,  poetiza sus angustias. Es de 1636 pero tiene vigencia, es muy crítico sobre la banalidad  de la vida. Utiliza la forma de sueños algo que el otro Segismundo, me refiero a Freud (Sigismund) con otra mirada, nos trató de aclarar las cosas, para algunos las enredó. Como todo intelectual del siglo XIX profundizó su profesión en Viena. Allí cerca del Danubio -que no es azul- desarrollo su teoría de los sueños dijo: “los sueños son la vía de expresión de deseos reprimidos que tiene la persona. En definitiva, el sueño es una herramienta psíquica para conseguir franquear la barrera que hay entre el inconsciente, la memoria profunda y el consciente.”

Freud
Freud

Viena también famosa por el Congreso en donde las naciones buscaron, tras la caída de Napoleón, reorganizarse. Klemens von Metternich, es el gran hacedor de la diplomacia de Austria y ejemplo de negociador, dotado de astucia y prudencia es el modelo de político de la época.

Tal vez con similares angustias terrenas con el Segismundo de Calderón Jorge Manrique decía: Nuestras vidas son los ríos  /  que van a dar en la mar, / que es el morir. Se pronunciaba así sobre la igualdad humana ante la muerte. Algo parecido al Danubio que muere en el Mar Negro en forma de Delta. Hace unos 2.500 años, según cuenta el historiador griego Heródoto, el Danubio se dividía en 7 brazos al llegar a su desembocadura, hoy son tres. (La geografía como la vida es dinámica)

La letra del famoso vals dice: ¡Danubio azul! A través de valles y praderas corren tus ondas muellemente. Nuestra Viena te saluda. Tu cinta plateada enlaza playas y playas, y los corazones felices cantan a lo largo de tus hermosas orillas“.

Obra de Johan Strauss II que nace en Viena en 1825, en una familia de músicos. Este revolucionó el Vals, como Piazzola con el tango, “en todas partes se cuecen habas y en la mía a calderadas” (Quijote).

Más acá, cerca del Rio de la Plata, no, no, tampoco es azul: entre otras cosas por los desagües y las partículas en suspensión, Enrique Discepolo también soñaba y escribió Sueños de juventud -la juventud es propicia para soñar- recostado en la almohada que en lunfardo se llama la soñadora dejaba pasar las horas. Tal vez pensando en Tania, una tonadillera de vida triste que recaló en los brazos del flacucho Discepolín, aquel que solía hacerse llamar mordisquito en la radio y su slogan era: ¡a mí me lo vas a contar!

A propósito la palabra almohada tiene origen árabe (viene de al-mujadda) al igual que aceite, aceituna, azafrán, azúcar, berenjena, limón, alfombra, alcohol y la lista sigue. Fueron muchos años en el sur de España. La aculturación es un proceso de imposición de cambios a una cultura. Cuando dos grupos culturales se relacionan se modifican mutuamente.

Ellos sueñan que nada cambie pero está visto que los sueños: sueños son.

¿Ha visto?

 

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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