El dulce encanto de la memoria: Bandidos rurales

Ave César, morituri te saludan

(Salve César los  que van a morir te saludan)

Pocas veces hablamos ¿será una negación? de nuestros bandidos rurales, algo que nos avergüenza, sin embargo aplaudimos cuando los vemos en el cine norteamericano. Tal vez tantos años de televisión importada confunde nuestro análisis, en fin, ese tema es para otro escritor mejor formado en las artes de la comunicación. La cuestión es que en Argentina hubo personajes que a través del delito hacían una justicia casera.

Juan Bautista Vairoletto (1894-1941) Nació en Santa Fe, pero actuó en La Pampa. Se hizo matrero perseguido por la policía. Casado con Telma Cevallos tuvo dos hijas. El 14 de Septiembre de 1941, rodeado por la policía, luego de nutrido tiroteo y antes de entregarse, se quita la vida para no caer preso.

“Juan se suicidó. No lo mataron, él se suicidó. Yo me levanté de la cama tras de él, protegiendo a las chicas. Veo que se pega el tiro y empieza a caer para atrás, se apoya en la pared y cae al piso. Luego, entró la policía y le tiraron ya muerto en el piso…” (Relato de Telma Ceballos).

Juan Bautista Vairoleto
Juan Bautista Vairoleto

Hijo de una pareja de inmigrantes italianos, Juan Bautista Vairoleto fue el segundo de seis hijos. Su familia se radicó en la provincia de La Pampa.  Allí se enamoró de una mujer, que también era pretendida por un gendarme llamado Elías Farache. Como costumbre de esa época entre  este tipo de personas la discusión se fue de madres y tuvieron una pelea feroz: Farache terminó con un balazo en el cuello. Más tarde tuvo diversos y serios enfrentamientos con la policía. La gente lo consideraba un vengador de los sufrimientos, lo sentía un justiciero, se hizo popular, y hoy es un mito.

Lo ayudaban a huir, y cuando se refugiaba en un lugar, le hacían llegar mensajes para prevenirlo, le proporcionaban alimentos, abrigo y cuidados. Como corresponde a la leyenda robaba a los ricos y ayudaba a los pobres, repartiendo lo obtenido entre sus amigos, protectores y gente necesitada. 

Otro personaje muy popular en nuestro litoral es Isidro Velázquez (1928–1967), asaltante y secuestrador según las crónicas policiales. Era uno de los 22 hijos de Tomasa Ortiz y Feliciano Velázquez. Durante 6 años en la década de 1960 cometió una serie de delitos junto con su hermano Claudio hasta ser abatido por la policía, y se convirtió en un mito que perdura hasta la actualidad.

Lo que me falta contarle se lo dejo a Jorge Cafrune, que en este chamamé y con su estilo suena más agradable.

Refiriéndose al llamado bandolerismo social, el historiador inglés Eric Hobsbawn dice: Estos “héroes” populares que han aparecido con rasgos más o menos similares en lugares y tiempos diversos reciben la adhesión devota de sus coterráneos; de origen humilde, se desenvuelven en ámbitos rurales en los que predomina un orden político que se percibe como represivo, dando lugar a que mucha gente común vea como actos justicieros sus actividades ilícitas.

Y además Mate cocido (llamado así porque tenía una cicatriz en la cabeza) el Gauchito Gil, Santos Guayama, Vicente Gauna, etc.

Esto es hacer memoria, que tiene ya sabemos un encanto, no confundir con apología del delito. Gracias.

¿Ha visto?

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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