El dulce encanto de la memoria: Recordando

Setenta balcones hay en esta casa, setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa? ¿Odian el perfume, odian el color?

¿Se acuerda no? El médico y poeta Baldomero Fernández Moreno, que escribía lindo y sencillo. Un tipo común que amaba el barrio Flores, hoy una calle lo recuerda en Parque Chacabuco. Usted como yo se habrá preguntado ¿qué edificio describía Baldomero? Sin dudas, es el edificio de Corrientes y Pueyrredón, un edificio de 1908 en donde había un café (Paulista) y en sus mesas, tal vez, pergeñó algunos de sus poemas.(Como el soneto de los balcones)

Edificio de los 70 balcones en Corrientes y Pueyrredón
Edificio de los 70 balcones en Corrientes y Pueyrredón

Baldomero ejerció en Chascomús y allí conoció a Carmen López Osornio la querida negrita con la que hicieron una hermosa familia y la musa de su poética. Salía a hacer sus visitas domiciliarias a pie por el barrio, saludando a los vecinos y recibiendo el cariño. No se abrazó a la comodidad: dejó su carrera de Médico para ser profesor de Letras y de Historia. Fue miembro de la Academia de Letras. Inspiró nada menos que a Mario Benedetti. Fue un tipo de coraje (bueno… Baldomero es un nombre alemán que significa audaz). Vivió en la calle Bilbao 2384 en una  casona que compró con un premio. Esa casa que iba a ser un foco cultural es propiedad de la Ciudad, pero los políticos a veces no cumplen. Vea la fusión del médico y poeta en este verso:

Harto ya de alabar tu piel dorada, / tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones/ y a tu tráquea elegante y anillada.

Cuando camino en una tarde soleada por las calles de Flores y miro sus adoquinados, sus plátanos: me viene Baldomero, con su ternura y veo con sus ojos ese paisaje urbano que amó. Él fue uno de los personajes que nos regaló Buenos Aires, como… el otro Fernández, el increíble Macedonio, el de la flacura extrema, la barba tupida y la salida desopilante. De él dice Borges que tenía una inteligencia aguda y no oculta su admiración. Fue abogado, escritor y filósofo, profundizó en el estudio de Spencer y Schopenhauer.

Biblioteca del Colegio Nacional de Buenos Aires

Los dos Fernández fueron alumnos del Nacional Buenos Aires, fueron contemporáneos. Su gran obra es Museo de la novela de la eterna, una obra experimental llamada así por la innovación. La empezó a escribir en 1925 le llevó la vida y se publicó quince años después de su muerte. El tercero -ya no Fernández claro-también alumno del nacional Buenos Aires y  también médico es otra figura genial de los porteños (aunque nació en Mendoza). 

Florencio Escardó fue decano de la UBA, escritor. Su seudónimo era Piolín de Macramé y columnista de diarios La Nación, entre otros. Recuerdo sus charlas en TV, su fina ironía, su transgresión, su sutileza. Pero lo que más me sorprende es ese colegio que los reunió a los tres, esa escuela pública y gratuita que nos dio tanto: El querido nacional  cuyo edificio es monumento histórico. Allí se destaca un órgano, un aula magna inspirada en la ópera de París, biblioteca de cien mil volúmenes y la más completa hemeroteca (archivo de diarios y revistas).

Florencio Escardó

¡A mí me encanta hacer memoria! ¿A usted no?.  Hasta pronto.

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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