El dulce encanto de la memoria: Premios Oscar

El capitán del Titanic estaba en su camarote revisando los mapas cuando entra un marinero muy nervioso y le dice:

-Mi capitán tengo dos noticias, una buena y otra mala. ¿Cuál prefiere?

-Pues la verdad, mejor dame la buena porque hoy llevo un día horrible.

-Nos van a dar nueve Oscars

vivomat revista oz
Vivomat

El cine es uno de los grandes pasatiempos del siglo veinte. Cine es un neologismo que viene del griego y significa imagen en movimiento. Se lo llama también el séptimo arte. En nuestro país el primer film fue en la calle Florida en 1896  y se lo llamo Vivomatógrafo. La primera película argentina se tituló La revolución de mayo en 1909. Tres años después zarpaba de Southampton el Titanic, el barco más grande y lujoso del momento con el inesperado final de más de 1500 muertos; una verdadera tragedia.

Titanic

La palabra Titanic refiere a la mitología griega a los Titanes (raza de gigantes) temibles por su gran tamaño y fuerza. Oscar es el premio que concede la Academia de Arte Cinematográfica por las labores en esa área. La primera entrega  fue en 1929 en el Hotel Roosevelt de Los Ángeles. El trofeo consiste en una estatuilla de metal de Britania chapada en oro de 34 cm de altura y 3,85 kg  que muestra a un caballero desnudo al estilo Art Decó, que mantiene los brazos cruzados sosteniendo una espada sobre un rollo de película. Parece que el nombre Oscar es porque le encontraron un parecido al caballero de la estatua con algún familiar de los promotores. Existe un cepo legal para que las estatuillas no se puedan vender.

Show entrega de los Oscar
Show entrega de los Oscar (Photo by Matt Sayles/Invision/AP, File)

En nuestra infancia los cines daban tres películas y los chicos éramos felices cuando había una de piratas. ¿Se acuerda la canción de Serrat? “no hay historia de piratas que tenga un final feliz/ni ellos ni la censura/lo podrían permitir/Por la espalda en una esquina/gente a sueldo los asesina”.

En rigor de verdad el pirata era un delincuente, un ladrón. Se lo llamó filibustero cuando actuaba en el mar de las Antillas en el siglo XVII. Cuando tenían permiso de algún gobierno-estado (patente de corso) se los llamó corsarios. Hipólito Bouchard fue una marino francés que cumplía con todos los requisitos de las películas de nuestra infancia. Luchó junto a San Martín en el Combate de San Lorenzo y  en 1817 obtuvo la patente de corso dado por el ejecutivo de las Provincias Unidas del Rio de la Plata y en 1818  con su barco La Argentina tomó la fortaleza de Monterey, entre las ciudades de Los Ángeles, -donde se entregan los oscars- y San Francisco. ¿Se acordaba que alguna vez esa región -hoy Estados Unidos- fue dominio de estas provincias?

¡Claro una vida para el cine!… pero como anticipaba Serrat, tampoco Bouchard tuvo un final feliz, un esclavo lo mató en su campo en el Perú en 1837 a los 56 años. Acá pocos lo recordamos, pero convengamos que si hubiera sido corsario yanqui se hubieran hechos películas y entregado muchos premios: como el Titanic que fue una trampa de metal para ingenuos (con cierto afán de apariencia), un film taquillero y nueve Oscars como nos recordaba el marinero del chiste.

Hipólito Bouchard

¿Se acordaba de todo esto? Hasta pronto.

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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