El club de los melómanos: Luciano Pavarotti (Segunda parte)

Para adentrarnos en la personalidad de Luciano recurrimos a Pavarotti ed Io, escrito por quien fuera su asistente personal durante 13 años, Edwin TinocoSe conocieron en el Perú (de allí era Tinoco) Luciano lo llamaba tino y se tenían gran afecto. Luciano decía que hacía de todo con él menos el amor, y eso provocaba carcajadas en las conferencias de prensa. Creo que nadie lo conoció como Tino.

En su libro Tinoco dice: ”Seguir a Pavarotti en sus giras era una experiencia única. Cualquier desplazamiento semejaba una verdadera mudanza. Trajinaban 40 o 50 maletas. Llevaba consigo todo tipo de comida italiana. En las suites de los hoteles se hacía montar una cocina y un gran frigorífico. Hacía cubrir las ventanas con papel de aluminio, para que no entrara la luz por la noche. Las sábanas tenían que ser negras. Sobre el colchón debían colocar una tabla de madera, para que el corpachón del divo no deformara la cama. El sofá había de estar elevado un palmo por encima de lo normal. También era maniático con la ropa, los zapatos, los polvos de talco, las toallas con las que se secaba el sudor y los caramelos para aclarar la voz.

¨Pavarotti era de natural muy generoso, incluso con la prensa. Solía decir que su secreto era no haber negado nunca una entrevista, ya fuera para The New York Times o para una hoja parroquial.”

“Tinoco fue testigo de la gran afición del tenor por jugar a la brisca. Cualquier momento era bueno para empezar una partida de naipes, incluso durante la larga fiesta tras su segunda boda¨.

¨El asistente peruano se acostumbró poco a poco a la celebridad del tenor y se llevó alguna sorpresa. Cuando llevaba poco trabajando para él, sonó el teléfono y el interlocutor se limitó a decir: “Soy Frank”. “¿Perdone, qué Frank?”, contestó Tinoco. “Frank Sinatra”, respondió el otro. Era cierto.”

Lucianno Pavarotti y Nicoletta Mantovani
Lucianno Pavarotti y Nicoletta Mantovani

En un pasaje del libro Tinocco cuenta acerca de un momento difícil: era  1995, en el camerino del Royal Albert Hall de Londres,  se presentó la esposa de Pavarotti, Adua Veroni, y se encontró con la amante, Mantovani. Esta última fue directa. “Señora Veroni, usted debe saber que las voces que circulan son ciertas –le espetó–. Yo y Luciano nos amamos”.

Eso colmó la paciencia de Veroni, que de inmediato echó de casa al tenor.

En las Termas de Caracalla, en Roma 1990,  con sus colegas Plácido Domingo y José Carreras demostró que los recitales multitudinarios al aire libre también podían ser un espacio para los cantantes líricos.

Luego, con la serie “Pavarotti & friends”, se dedicó a cantar a dúo con artistas populares en una serie de recitales benéficos, así  se hizo habitual escucharlo alternar temas populares con arias de óperas, con artistas tan disímiles como Bono, Lucio Dalla, Britney Spears o Eric Clapton.

Si, sabía que lo iba a disfrutar.

Hasta pronto.

Imagen de portada by Sara Krulwich/The New York Times

Revista OZ

Eduardo Agustín Gil es colaborador de Revista OZ, escribe la columna ¨El dulce encanto de la memoria¨. Profesor de Historia, Lic. en Educación de UNSAM, Master en Museología en España, escritor de obras de teatro, cine, cuentos y novelas.

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