Música: Modos de escucha en el Siglo XXI

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¿Qué música escuchamos y cómo la escuchamos en el Siglo XXI, este siglo que llegó pleno de información digital, nano-circuitos y microcirugías?

Lo que aún no se cumple es aquella premonición de un paraíso distópico, en el cual podríamos convivir con (o estar dentro de) naves espaciales con sus familias dentro; son prototípicas la famosa serie de dibujos animados de los 60´s Los supersónicos –cuyo primer capítulo comenzaba con una melodía cromática breve y difusa que fundía suavemente con las indicaciones gimnásticas de un frívolo entrenador imaginario- así como la correspondencia entre imagen y sonido del grupo alemán Kraftwerk.

Dentro del contexto actual, las nuevas tecnologías parecieran empujarnos silenciosamente hacia un abismo que, claramente, desconocemos. Ergo, nuevas (¿o quizá antiguas?) formas de escucha, de auscultación (hauntología). Que están, que vienen, que cambian.

Tal como mencioné en el párrafo anterior, dentro de los multidimensionales paradigmas de nuestra época, millones de melómanos / músicos / compositores deciden citarse con su musa mediante antiguos formatos de la trina escucha, registro y reproducción. Sólo menciono algunos de esos pilares del antiguo imperio del audio: vinilos -33, 45  y 78 rpm-, cassettes, cinta abierta, magazines, grabadores portaestudio y DAT.

Vinilo
Vinilo

La decisión de cada persona por uno o muchos de tales formatos está influenciada, en general, por dos factores claves: la memoria emotiva contenida en el objeto y la cualidad sonora del objeto.

El primer factor es un paso siempre hacia atrás, en busca de recuerdos atesorables; aquí la conexión y la asociación suceden dentro del circuito objeto sonoro (música) → recuerdo → oído. En cuanto al segundo factor, no se trata tanto de un salto temporal (al menos como motor de la escucha aunque sí quizá en cuanto al material musical), como de una auténtica celebración de las propias cualidades de reproducción, intrínsecas a tal o cual formato específico. Ambos factores se presentan (uno o ambos) tanto en el melómano como en el audiófilo de nuestra época.

Paralelamente, tal decisión conlleva una escisión dentro de quien escucha. Me refiero a la presión ante las toneladas de nuevos formatos para escuchar y descargar música -objetos o medios intangibles- que vienen acechando ya desde los años ochenta y noventa y que fueron tomando al mercado por asalto: laser disc, cd, mini disc, formatos digitales (wma, wav, mp3, flac, etc.), MySpace, YouTube, Bandcamp, Deezer, ITunes, Soulseek, Spotify.

Mú (zak) sica

En la revista Muy Historia apareció un artículo que revivió el concepto de Muzak en esta época: “¿Se ha parado alguna vez a pensar en la cantidad de música de fondo con la que nos bombardean a diario en las tiendas, en los restaurantes, en la empresa o al teléfono, y sobre la cual no tenemos capacidad de elección? En el vocabulario musicológico, esta música ambiental recibe el nombre de “muzak”. 

Ese concepto, Muzak, viene ya desde la década del 20´ del siglo pasado y remite a una música creada para distribuir telefónicamente y en los ascensores, ofreciendo piezas que no contuviese mayores elementos de distracción (motivos melódicos específicos, texto, armonías osadas, etc.).

Entre caminatas vespertinas, matutinas o nocturnas, decidimos a cada paso de qué modo queremos ser tomados por el sonido, y de qué modo lo organizamos dentro de nosotros.

Llegamos al día de hoy y nos encontramos en el Mar Rojo de Moisés, con la cuarta dimensión bañándonos los oídos; la espuma que dejan las aguas de ese mar en la orilla contiene elementos tanto reciclables como vírgenes.

Muzak sonando desde Spotify -en modo random-, conviviendo con cintas arrumbadas en un ascensor imaginario cuyo punto de parada aún desconocemos.

Revista OZ

Maxi Canepa es colaborador de Revista OZ, compositor, poeta y educador

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