Entramado entre música y política: Diferentes y parecidos

Creo que política y música tienen una gran diferencia y un gran parecido. La música y en extensión el arte, es usada para explorar la realidad sin constricciones. La política, es usada para pensar la realidad desde oposiciones como real-irreal, verdadero-falso, malo-bueno, etc. Efectivamente, la institucionalidad de la política constriñe, y la insustancialidad del arte expande. En esa puja, la institucionalidad política subyuga al arte.

Las estéticas, o sea los modos de hacer arte son administradas, autorizadas o prohibidas para la práctica social por las distintas formas de gobierno, forma política arquetípica. No obstante  y simultáneamente, de la práctica teórica-estética depende la legitimación o la modificación de esos estados de funcionamiento de las prácticas sociales. En ese punto se parecen o se acercan política y arte, en tanto que el bucle ocasionado por la racionalización política de las prácticas artísticas, se supera pensando con claridad, valor icónico adjudicado a la creación estética y científica. Pensar con claridad es posible si hay una liberalización de los hábitos. Y pensar con más claridad, es el primer paso hacia la regeneración política.

Bernard Haitink
Auscultare ergo sum

Bien, en música, un artefacto cultural archi-complejo, de expresividad única y asibilidad esquiva, estas cuestiones se manifiestan primero en el reconocimiento, es decir en la escucha, que en la producción, es decir en la creación musical. En efecto, las formas fundantes del sentido fueron percibidas primero, y después producidas y re-producidas. Incluso, fueron primero que nada oídas y luego vistas. La penetración del afuera empieza por la circulación del aire por el cuerpo. Luego se convierte en estímulos cerebrales complejizados por la entrada de la luz al cerebro, hasta volverse culturales por las entradas táctiles y olfativas de otro; la imaginación ha llegado.

El proceso permite la reproducción de todas las sensaciones juntas. Reproducción cultural, reproducción humana. En ese punto no había distinción entre crear sonido con objetos fuera del cuerpo, o solo con el cuerpo. Llega el desarrollo del lenguaje y por ende la división del espacio sonoro. La política se afinca en la lengua, desde allí se filtra todo y la paradoja empieza. En suma, el universo de efectos de sentido se reduce a una galaxia. La política organizó, si, pero con el constreñimiento de la percepción y por ende del pensamiento. Urge un tipo de política que pueda ser interpelada, modificada y aplicada por una escucha activa.

Rubén Blades Foto by Luis Alvarado
Escucha ociosa

Tal vez el caso más común de escucha ociosa es la que genera una actitud tendiente a la creación de tipologías entre “buena” música y “mala” música. Demonización y deificación, es uno de los mecanismos de escucha ociosa, impulsada desde la práctica política y construida por la práctica económica, más aceitado en la actualidad. Por lo tanto, el muro entre alta y baja cultura, entre primer y tercer mundo musical esta aun alto, en parte por insertarse la escucha musical dentro de vicios como ese. La unilateralidad de las relaciones entre política y música impiden usar esta última para regular la primera. Es una situación para, por lo menos, cuestionarse. Una escucha se aleja del ocio si, después de atravesar la etapa primaria de disfrute, se pasa a la de la reflexión. Es un territorio transitable por todos, no es solo para especialistas; es como votar. Considero que nuestras decisiones políticas (votar por ejemplo), están íntimamente relacionadas a las cuestiones relacionadas con la escucha, en tanto hábito. Por consiguiente, una escucha ociosa, perezosa, se acerca al anacronismo político, así como una escucha activa trae pensamiento político “re-generado”. 

Foto de portada by skinnylister

Revista OZ

David Orjuela es colaborador de Revista OZ, Licenciado en Letras y candidato a Magíster en Análisis del Discurso.

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