Solicitud para unir los cabos del 17 de diciembre

Inmóvil y solo, desde esta cama suave, ruego ayuda para develar un sentido. La luz del sol que filtra la ventana quema mi frente mientras revivo mentalmente el impacto, su sonido desgarrador; pienso que felicidad y desconsuelo son escalas de una misma regla, hoy me toca sufrir. El 17 de diciembre perdí una pierna. Lentamente, el haz de luz baja por mi nariz, su calor me lleva a pensar en los astros y el tiempo, en otros 17 de diciembre y el lugar que la tierra ocupa en su vuelta al sol. No niego que pueda incidir el cansancio, el dolor y esta espantosa sensación de pierna fantasma, pero se me ha ocurrido que otros como yo han vivido cosas inolvidables en esta fecha, y que entre ellos hay una insospechada relación de causalidad atemporal.

La fecha me conecta con Mohamed Bouazizi, aquel vendedor ambulante que en 2010 se prendió fuego frente al ayuntamiento tunecino después de ser negado su trabajo y humillado por los propios oficiales municipales. Su muerte produjo una revolución, quisiera saber qué me depara mi pérdida.

Siento que la fecha está plagada de sentidos. Mil novecientos tres, los hermanos Wright se sentían pájaros por doce segundos que imagino conmovedores. Los veo que descienden de su modelo rudimentario, sonríen y se acercan a mí; me dicen “vuela”, yo les muestro mi pierna que no está, pero ellos insisten, “vuela”.

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Hermanos Wright

La fecha me transporta a 1493. Nace Paracelso, médico, astrónomo, alquimista obsesionado con la piedra filosofal. Cirujano. Cirujano que dignificaba la práctica, poco atractiva para la época. Hago el intento; hace 523 años, un 17 de diciembre, misma fecha de mi accidente, nace un cirujano y místico. Quizá alcanzó el elixir de la vida con sus contribuciones a la cirugía; de alguna manera, medio siglo después, me intervino en el quirófano.

Hace poco, mismo día, los máximos referentes de Estados Unidos y Cuba resuelven ser amigos nuevamente, más de medio siglo después. La fecha susurra que debo hacer un reencuentro. Mi hermano, tal vez. Me pregunto si sus rizos dorados se volvieron grises, como los míos.

Corría 1830 cuando murió Simón Bolívar, apellido de la moneda y la nación, eco de la libertad. Me digo que los grandes también mueren, los grandes también sufren. Con valor he de sufrir, con valor he de morir.

Simón Bolivar
Simón Bolivar

He pedido que me compren Cuento de Navidad, de Dickens, publicado el 17 de diciembre de 1843, con la esperanza de que sus líneas me ayuden a revelar el sentido que combina todos los sucesos de la fecha. Las primeras veinte páginas no dicen nada.

Apenas hallo un ápice de claridad en los acontecimientos hasta aquí mencionados. Pero hay otros que despavoridos se escapan de mi tentativa a reunirlos. Nace Bergoglio, el futuro Papa, en 1936; diez años después, dos decenas de personas mueren en un accidente ferroviario en España; en 1967, mientras nadaba, desaparece el primer ministro australiano Harold Holt; los Reyes Católicos reciben a un Colón encadenado en el 1500; en 1989, primeras elecciones democráticas en Brasil luego de casi tres décadas de dictadura; fue hallado, en 1790, el calendario azteca.

Piedra del sol Azteca
Piedra del sol Azteca

Más y más hechos inabarcables. El 17 de diciembre es un universo en sí mismo. Y de alguna manera, lo sé, todo está relacionado. Necesito que alguien, por favor, me ayude a unir los cabos.

Revista OZ

Ivo Marinich es colaborador de Revista OZ, estudiante de Ciencias de la Comunicación UBA, escritor.

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