Marcel Proust: la búsqueda de un tesoro

Y de pronto apareció el recuerdo. Aquel sabor era el del pedacito de magdalena que el domingo por la mañana en Combray (…) cuando iba a darle los buenos días en su cuarto, me ofrecía mi tía Léonie, después de haberlo empapado en su infusión de té o de tilo. La vista de la magdalena no me había recordado nada, hasta que la probé; tal vez porque habiéndola visto después con frecuencia en las mesas de las confiterías, sin comerla, su imagen había abandonado aquellos días de Combray para ligarse a otros más recientes; quizá porque de esos recuerdos dejados tanto tiempo fuera de la memoria nada  sobrevivía, todo se había disgregado.

(En busca del tiempo perdido, Marcel Proust)

La elección de este fragmento no es al azar. No sólo es un pasaje inolvidable de En busca del tiempo perdido, también refleja a través de la voz del narrador la búsqueda de un tesoro iniciada por el autor: Marcel Proust. Desde el comienzo y a medida que avanza la obra, los lectores somos parte de la búsqueda del tesoro del tiempo que se oculta en el pasado y se descubre en el presente. Así se crea un puente a través del recuerdo consciente, de una sensación del momento igual a la del pasado, o de una anécdota de la vida de otra persona. Es decir, que el tiempo perdido aparece cuando las sensaciones actuales y el recuerdo se combinan.

Esta idea y posterior búsqueda comenzó a gestarse después de la muerte de los padres de Proust, situación que agravó sus problemas asmáticos y lo llevó a una gran depresión. Es por esto que decidió encerrarse en la habitación de su casa en París, cubrió las paredes con corcho para aislar los ruidos y se dedicó sin interrupciones por las noches a escribir su obra maestra: En busca del tiempo perdido. Céline Cottin, su criada en esos años, cuenta en un libro de memorias que Proust se pasaba las noches tomando café y casi sin comer, escribiendo y realizando innumerables correcciones en papeles que la criada se encargaba de pegar en las páginas correspondientes.

Retrato de Marcel Proust a los 21 años de edad, por el pintor Jacques Emile Blanche

En busca del tiempo perdido está compuesta de siete partes: Por el camino de Swann, A la sombra de las muchachas en flor, El mundo de Guermantes, Sodoma y Gomorra, La prisionera, La fugitiva y El tiempo recobrado. Proust comenzó la obra hacia 1907 y en 1912 aparecieron algunos fragmentos de la novela en el diario parisino “Le Figaro”. Al año siguiente en el mes de noviembre se publicó la primera parte, Por el camino de Swann, con dinero del propio Proust. Cabe aclarar que el hecho de haber nacido en una familia perteneciente a la alta sociedad no sólo le permitió frecuentar los salones aristocráticos, sino también poder sustentarse y dedicarse de las letras. Esta primera parte había sido rechazada por André Gide (escritor y editor de la revista literaria Nouvelle Revue Française) debido a la imagen social que tenía de Proust y a un fragmento que leyó al azar y le desagradó. Después de la Segunda Guerra Mundial se publicó la continuación, A la sombra de las muchachas en flor, que obtuvo al año siguiente el premio Goncourt.

Marcel Proust

Marcel Proust falleció en 1922 luego de la publicación de Sodoma y Gomorra y El mundo de Guermantes, sin haber terminado su obra, debido a varias crisis asmáticas y una neumonía mal curada. Su hermano se encargó de la edición de los manuscritos y logró publicar las otras partes: La prisionera en 1923, La fugitiva en 1925 y El tiempo recobrado en 1927.

Además de esta obra maestra escribió Los placeres y los días (recopilación de relatos, expresiones, poemas y reflexiones), Jean Santeuil (novela inconclusa y póstuma publicada en 1952), una serie de artículos principalmente de crítica literaria recopilados en Contra Saint-Beuve y Parodias y misceláneas, y más de cien mil cartas cuya publicación se completó en 1993 bajo el título Correspondencia. Muchas obras y cartas serían recopiladas y publicadas de manera póstuma, la última en 2018.

Sus obras son una gran reflexión sobre el recuerdo, el arte, los sentimientos, las relaciones y el tiempo; la búsqueda constante de un tesoro.

Revista OZ

Camila Breccia es colaboradora de Revista OZ. Profesora de Lengua y Literatura, escribe bajo el seudónimo Juana. Es de San José de la Esquina, provincia de Santa Fe.

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