Literatura: Don Quijote, el caballero del amor y de la amistad

“Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra” Cervantes, Miguel, El ingenioso hidalgo Don quijote de La Mancha, 1615, Cap, LXIV, 2° Parte.

Innumerables y profundas son las frases que un lector atento y sensible puede coleccionar, recopilar, reunir, memorizar,  de la máxima novela escrita en lengua castellana: El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha.

La precedente, creo, le da sentido a las tres arriesgadas y disparatadas salidas del hidalgo venido a menos en la España crepuscular de los Austrias mayores. Tres salidas narradas en dos partes y con una diferencia de 10 años entre ellas: 1605- 1615. Cuánto habrá cambiado el hombre en una década. Eso explica que la segunda parte hable de la primera y se convierta en una metanovela. Sin embargo no cambia la concepción del amor que harto difícil y desdichado le fuera al autor, en su vida real. El verdadero móvil de sus salidas es el amor de corte platónico.

El hombre de La Mancha entiende que toda empresa llevada a cabo por un caballero, que esté destinada a “enderezar entuertos”, necesita de una dama, destinataria de las proezas. “el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma».

Miguel de Cervantes nace en 1547 en Alcalá de Henares un 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel. Esta figura bíblica blande una espada contra los ángeles insurrectos que reniegan junto a Lucifer de Dios y asume la capitanía de las hueste celestiales. Tal vez sea una mera coincidencia, pero Miguel de Cervantes antes de convertirse en el mejor novelista quiso ser soldado. Es conocida su actuación en Lepanto que le valió la inutilización de uno de sus brazos y el epíteto honroso de “El manco de Lepanto”, batalla que decidió la victoria de la cristiandad sobre el islamismo.

En el discurso Sobre las armas y las letras, falla en favor de las armas,  “porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra…¨. Cervantes quería ser un valiente militar. La fortuna decidió sustituir el acero por la pluma.

Alejado de los campos de batalla donde hubiera podido brillar por su valor, crea un paródico caballero. En su plan inicial está la burla por los personajes artificiales que ha imaginado la epopeya, “las disparatadas novelas de caballería”. Él ha conocido los enfrentamientos reales. No lo asustan los gigantes, ni los caminos rurales plagados de galeotes ni de circenses, mucho menos La Santa Hermandad. Soldado de mar hace que su personaje cabalgue en un viejo rocín. Todo es la contracara del caballero real. Sin embargo Dulcinea o Aldonza es el motor de sus hazañas y sin ser real es verdadero el amor. No sale “por la puerta falsa de un corral” sin antes haber buscado “una dama de quien enamorarse” y acepta el retiro y claudica antes de deshonrar a ese ideal. Don Quijote, el caballero de la triste figura es también “El caballero del amor”.

Sancho Panza, el bueno, el pobre, el “de poca sal en la mollera”, es un terrón seco que se irá ablandando con la palabra y terminará siendo cultivo fuerte. Cultivado, culto, no acepta la muerte de su señor. De amo y siervo, la pareja inmortal ha pasado a “amigos”. Sancho es capaz de ascender sobre Clavileño.  Despega los ojos del suelo y ve el cielo, se contagia de ideales y pule su lengua, al punto de  que su esposa lo desconoce. Habla diferente porque piensa diferente. En el lecho de muerte del viejo hidalgo le propone seguir fingiendo, vivir a la manera bucólica. Conoce la literatura de la época y se ha embebido del neoplatonismo. “Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada…¨

Don Quijote es el caballero de la amistad, del honor, de la palabra. Por eso acata la orden, que una vez vencido, le da el caballero de la Blanca Luna.

La novela es un paisaje variado, habitado por poblaciones de personajes heterogéneos, pintorescos, que reflejan la España del S. XVII. Es documental, política y un tratado sociológico.

A 400 años, la novela sigue abriendo su territorio lingüístico a la exploración de nuevos lectores y estos descubren oasis de los cuales los contemporáneos de Cervantes no bebieron. Por eso y tantas razones como críticas se escriben, El ingenioso hidalgo Don quijote de La Mancha, es un clásico y pertenece a la humanidad toda. Inagotables su lecturas, inagotables las interpretaciones, inagotables los hipertextos que se nutren de esta obra infinita de amor, amistad y compasión por los débiles.

Revista OZ

Marta Ledri colabora en Revista OZ. Licenciada en Letras. Docente. Poeta, narradora y ensayista.

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