Alfonsina Storni: Una mujer dispuesta a todo

Alfonsina Storni, no sólo fue la poetisa que se suicidó en el mar, fue una mujer dispuesta a todo, tal como el significado de su nombre lo indica: a amar, a luchar para salir adelante, a ser quien quería sin importar lo que digan los demás, a defender el lugar de la mujer, a hacer y expresar lo que sentía sin límites.

Fue una mujer que tuvo una infancia muy difícil. Una madre hermosa con un gran talento musical, pero un padre alcohólico y emocionalmente inestable que en sus últimos años de vida se involucró en negocios que lo dejaron en la ruina. Esta figura paterna marcó la personalidad y la poesía de Alfonsina.

Fue una mujer que para ayudar a su familia a afrontar los problemas económicos no dudó en abandonar la escuela y trabajar como costurera, como aprendiz en una fábrica de gorras, en el teatro como actriz y en el “Café Suizo” que inauguró su padre en su estancia en Rosario.

Alfonsina Storni

Fue una mujer que decidió instruirse. Cuando vivía en Rosario obtuvo el título de maestra rural en la Escuela Elemental N° 65 y ejerció su profesión en esa misma ciudad. Allí conoció al padre de su hijo, Alejandro, un diputado, veinticuatro años mayor que ella, que tenía una buena posición social, pero estaba casado.

ALFONSINA FUE ARTÍFICE DE SU PROPIA VIDA

Publicó sus primeras colaboraciones en Mundo Rosarino y Monos y Monadas, pero decidió dejar su empleo y marcharse a Buenos Aires alejándose así del padre de su hijo y de los prejuicios de la época. Se fue llevando una maleta pobre, unos libros de Rubén Darío (a quien admiraba) y sus primeros poemas. Para afrontar esta situación y poder criar a su hijo, no dudó en trabajar como cajera en una farmacia, como administrativa en la tienda “A la Ciudad de Buenos Aires” y hasta como empleada doméstica.

Alfonsina en 1916 mientras trabajaba como corresponsal psicológica en una casa importadora de aceites, escribió su primer libro de versos: La inquietud del Rosal. Un libro con motivos líricos y de inmaduro romanticismo que ella misma definió como “un pésimo libro de versos” pero que lo escribió “para no morir”.

Abrió camino a la vida intelectual femenina, inaugurando la costumbre de asistir a los banquetes que se les ofrecía a los escritores y a las tertulias que se realizaban en el “Café Tortoni”. Allí perteneció al círculo de intelectuales “Anaconda” cuyo nombre fue elegido en honor a Horacio Quiroga del que participaban el pintor Rossi, Alejandro Sirio, Samuel Glusberg (fundador de la Editorial Babel), Alberto Gerchunoff, Horacio Quiroga, entre otros.  

Alfonsina Storni a los 25 años

Alfonsina Storni recibió en 1917 el premio anual del Consejo Nacional de Mujeres por ¨El canto a los niños¨, y en un recital que le organizan sus amigos en el Teatro Minerva, recita sus primeros poemas. También la nombraron maestra-directora del colegio de Marcos Paz y allí comenzó a escribir su segundo libro: El dulce daño. Un libro de poemas amorosos, profundos, inquietos, filosóficos y amargos; en los que se refleja el alma y los estados emocionales contradictorios.  En él se encuentra el famoso poema “Tú me quieres blanca”.

En 1919 publico su tercer libro, Irremediablemente, en el cual Alfonsina en la última página confiesa: “Este libro es hijo de un momento de suma desazón (…) lo escribí en dos meses. Así salió; sus versos son como los panes que se sacan de un horno arrebatado. De vez en cuando se salva un panecillo que no está ni crudo ni quemado… pero sólo de vez en cuando”. El libro está dividido en: “Alma desnuda”, “Momentos humildes”, “Momentos amorosos”, “Momentos selváticos” y “Momentos tempestuosos”.

En 1920 publicó su cuarta obra titulada Languidez, la cual se agotó rápidamente y salió una segunda edición. Este hecho extraño para la época hizo que Alfonsina se consagrara definitivamente. Con él obtuvo el premio Municipal y el segundo premio Nacional de Literatura. En este libro renuncia premeditadamente a sus intimidades y refleja el alma de las cosas. Cinco años después, publicó Ocre. En este libro se encuentra la melancolía, la verdad al desnudo y en él se refleja su madurez intelectual, se equilibra la mente y la pasión. Un ejemplo de ello es su poema “Dolor”.

Entre los años 1926 y 1927 se abrió camino a dos nuevos géneros. Primero se inició en la prosa poética con Poemas de amor, “frases de estado amor” como ella lo definió, y en el que nos habla del ser que ama con pasión. Luego estrenó su obra de teatro El amo del mundo en la que defiende los derechos de la mujer.

En 1934 publicó Mundo de siete pozos en el que hay una ruptura con la rima, el ritmo y la forma. Con él inaugura su período de vanguardia, un proceso único entre los poetas de su generación. En ellos el sexo pierde preeminencia, el hombre posee un destino trascendental, está solo y no participa del mundo. Al año siguiente en Uruguay se enteró que tiene cáncer de pecho y fue operada. Esta situación hace que Alfonsina se derrumbe. De este momento de su vida surge su último libro de poemas Mascarilla y Trébol.

UN DOLOROSO FINAL

Fue una mujer que vivió en sus últimos años, momentos muy dolorosos y contradictorios. No quería morir pero se negaba a seguir con el tratamiento, le descubrieron un ganglio en la garganta, la enfermedad avanzó rápidamente y comenzaron a suministrarle morfina. Esta situación sumada al suicidio de su gran amigo y amor Horacio Quiroga al cual le dedica un poema, y el clima que se vivía en Buenos Aires con la censura y el abandono de los artistas por la Dictadura Militar, hicieron que Alfonsina quede devastada.

Monumento a Alfonsina Storni en Mar del Plata

El 19 de octubre se marchó a Mar Del Plata para descansar y animarse. Salió a caminar y escribió su último poema “Voy a dormir” y lo envío por correo a La Nación. Pero el 24 de octubre por la noche sufrió un dolor insoportable al punto de que sus quejidos se escucharon por los pasillos de la pensión en la que se hospedaba hasta que la asistió un médico al que le transmitió sus deseos de suicidarse. Recibió dos cartas de su hijo y las respondió, pero la segunda se la tuvo que dictar a una empleada del hotel, Celinda Socorro Abarza, porque ya no tenía fuerzas. La carta decía: “Te adoro, a cada momento pienso en ti, (…) sueña conmigo, lo necesito”. En ambas se refirió a su angustioso estado de salud. Luego escribió una carta para su amigo Manuel Gálvez donde le pide que le ruegue al intendente que lo asciendan de puesto a su hijo que trabajaba como empleado municipal. Y por último con gran esfuerzo, escribió una nota con letra poco legible: “Me arrojo al mar”.

Alfonsina Storni salió del hotel sin ser vista y se suicidó en la playa La Perla (Mar del Plata), en el balneario del Club Argentino de Mujeres, la madrugada del 25 de octubre de 1938. Su cuerpo fue rescatado por unos obreros en el mar la mañana siguiente. Una versión indica que se internó lentamente en el mar, y otra que saltó desde un espigón y que se determinó el sitio exacto porque uno de sus zapatos quedó atrapado en un hierro del espigón. El médico que recibió el cuerpo en la morgue la reconoció inmediatamente, y por tratarse de una figura tan importante para el mundo de las letras, la noticia se propagó rápidamente. Su hijo estaba en Buenos Aires y se enteró por la radio. Al día siguiente de su muerte se publicó su poema “Voy a dormir” en La Nación, considerado uno de los sonetos más trágicos y conmovedores de la lengua castellana.

Revista OZ

Camila Breccia es colaboradora de Revista OZ. Profesora de Lengua y Literatura, escribe bajo el seudónimo Juana. Es de San José de la Esquina, provincia de Santa Fe.

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